Búsquense su voz, no usen la mía

Protected by Copyscape Online Plagiarism Test

Presentación del hombre

Me matará el ir de frente y decidido
y esta inútil fuerza de macho convencido. (De madrugada - Patxi Andión)
Teoría de la prosa -irresponsabilidad del verso -imaginación del ensayo -incertidumbre de la reflexión

Parafraseando a Serrat

Parafraseando a Serrat :

"La verdad no es prepotente. Lo que no tiene es remedio".

viernes

Soltar a volar


–¡Qué quilombazo, loco!..Vos y tus ideas...

Nipón se reclinó contra una de las columnas que sostienen el alero de la galería frente al edificio principal y cruzó los brazos.

No podíamos hacer mucho más que eso. No más que detenernos a mirar.

Los pendejos, armados con pintura en aerosol, lo hacían todo, pintaban todo, escribían todo. Hacían dibujitos en las paredes grises y vetustas, corrían de un lado a otro, apretando las válvulas y poniendo color sobre la niebla.

Yo había organizado la experiencia con los más chicos, los que –siempre uno tiende a pensar que habrá milagros– insistía en suponer que tienen los ojos llenos de colores a pesar de.

En realidad quería un motivo, un solo motivo, para no admitir que todo está perdido y que todavía hacemos falta los crédulos que sostienen que en la vida se hace necesario cambiar aún muchas cosas.

Con el Turco habíamos llegado temprano.

En el escritorio me esperaban varias cartas. Entre ellas un sobre grande, Air Mail, de una lejana, lejanísima mujer a la que un día le dije –porque era lo único que me faltaba por decirle– :¿Y si nos casamos?  Quizás es por eso de tener un lugar al que volver en el que alguien te quiera realmente, el tema de acollararse aunque ya se sabe que no va a funcionar porque la vida se va a meter demasiado en el medio.

Ella remitía – a vuelta de correo – firmados los papeles de divorcio, que el Turquito, como mi abogado de parte, le enviara sin demasiada ceremonia. Algo como ¿Te querés divorciar, Quemita? Yo me encargo. Y expeditivamente me divorció a las tres firmas, no me fuera a arrepentir y hacerlo trabajar al pedo.

Los pendejos parecían duendes.

Pasaban ellos y aparecían casas con chimeneas que tiraban humo, árboles con manzanas, soles violetas, pájaros verdes, monigotes de pelos parados, perros, autos, nubes, nombres, mariposas, inventos, globos, flores, rayos.

Controlé el tiempo. Después le dije al Tano que hiciera sonar el silbato.

Durante un rato, aún, los chicos que pintaban no lo oyeron.

Jugaron a soñar. Jugaron a ser chicos. Jugaron a que existe otro mundo sin silbatos, sin celadores de voces altivas ni injusticias ni grises. Un mundo como el que yo quería para ellos.

Después, todos recuperamos la conciencia.

Y ellos fueron dejando los aerosoles en el cajón del centro del patio y las voces se fueron callando, igual que las risas y las bromas.

Aunque el alrededor lucía diferente. Mucho más luminoso que aquel gris despoblado sin habitantes mágicos, con que las paredes estuvieron pintadas hasta que llegamos con el Turco y las pinturas a destituir a lo incoloro.

Todo era diferente. Todo era mejor y vívido.

Aunque muchos opinaron que aquello era un enchastre, en realidad era un tumulto de colores molestando los ojos, interfiriendo en el orden establecido para las cosas, alterando la rutinaria estructura del gris inamovible.

A la Gran pintada Gran, siguió el Concurso de Graffitis.

– ¿Y que escribimos? – preguntaron.

– Lo que quieran. – les contesté.

A veces siento como que mis pendejos no tienen imaginación. No hablo de fantasía. Hablo de imaginación, como que les faltara algún resorte creativo. Agenesia creativa parecen padecer.

– ¡Guasadas no, que después hay que borrar! – intervino Nipón.

– Lo que quieran.– autoricé yo – Cualquier cosa que quieran escribir. Lo que tengan ganas de escribir. Algo de sientan. Algo que precisen. Algo...que sé yo...que tengan ganas de decirle a alguien.

Nipón se reclinó mejor contra la columna. Yo me senté junto al Turco, al borde de la galería bajo el sol igual que un perro, con la cara levantada al mediodía en el que los pendejos continuaban chillando.

El personal de las “otras áreas” nos miraba.

– ¿Sabés la mano que te van a sacar? – me anotició Nipón – Pintar el Albergue es una cosa...que no es esto, precisamente. Yo creo que te van a llamar al orden, Quema.

– Mejor esto que ese gris angustia.– masticó el Turco la respuesta que yo no alcancé a dar.

– Me cago en el orden de los colores neutros.– acoté yo, haciendo de refuerzo.

– Además, queda mejor así...– la siguió el Turco – Parece que viviera gente acá adentro, que no fuéramos siempre todos fantasmas...

(De: A fojas cero, páginas en orden - ed 2005)


Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...