Búsquense su voz, no usen la mía

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Presentación del hombre

Me matará el ir de frente y decidido
y esta inútil fuerza de macho convencido. (De madrugada - Patxi Andión)
Teoría de la prosa -irresponsabilidad del verso -imaginación del ensayo -incertidumbre de la reflexión

Parafraseando a Serrat

Parafraseando a Serrat :

"La verdad no es prepotente. Lo que no tiene es remedio".

sábado

Front line



Calcetines usados


No me importa si el tiempo desparrama
estrellas fluorescentes de papel de envolver pura basura
encima del tzabar
y prodiga letrinas por aquí y más allí
y se prodiga
como un Papá Noel que come insignias de niños Boy Scout.

Me da lo mismo el que me trae ramos de flores de pimientos
mientras me dice que me muera rápido
o me vaya a la puta que me remil parió,
–eso sí, en voz muy baja y siempre sonriendo,
 por si acaso sea menos sordo
de lo que parezco realmente–.

En la displicencia locuaz de la tajada gorda
se agolpan moscas plácidas
de cabecitas rojas y lenguas lamedoras de la parte más dulce de la mierda,
esa, de jugo aconsejable
para la buena procreación de los parásitos.

Así es la vida excepcional que llevo
colgado de la vida
como un simio que aprendió a masturbarse 

encima de su fama.





Gigantismo menudo

Hay tiempo para todos los hedores y todos los helores.
Las campanas repican como risas de vidrio
contando historias sin protagonistas
mientras bailan las fobias y los débiles
una danza de tribu que sufre paludismo.

Espástico y feliz mientras retoza,
el brujo se identifica con los dioses que le dan la espalda
y jura que se parece a todos ellos
e igual que un hijo impródigo asesina a su padre por la herencia.

Hay seres que lejos de los seres
sólo inventan dibujos de hombres diminutos como ellos
para poder saber de pertenencia.

Escriben su propia gigantografía.

Una vez ya gigantografiados escupiendo la pequeñez de todo lo que es próximo
los invade la felicidad de odiar al resto
tranquilos y sin culpa.

Están tan altos y son tan pequeñitos
que sencillamente, gritan solos donde nadie los ve.





Fear the walking dead.

En la voluntad obsecuente de las sacerdotisas
que viven aconsejadas por la rabia de su virginidad
consagrada a dioses fálicos sin falo
hay una frustración sabrosa y rubia.

Hacen que te imagines sus pezones que ruegan,
sus vaginas que se han puesto agrias,
sus cinturas usadas por el cilicio de la tradición
que empieza con el: ¿Y qué van a decir?
(los vecinos, el cura, las sirvientas, el jefe, las almohadas,
los padres que se iban de putas, sin problemas,
y las madres que se iban de santos
dejando esas sacerdotisas reverentes al cuidado del miedo).

Frágiles y enamoradizas como ninfas prepúberes
no diferencian a un sátiro de un eunuco.
No se animan a diferenciarlos.

Conque parezcan un hombre les alcanza
para sentirse bellas
como las muertas recién retocadas
–antes del funeral–
 por los sepultureros.




Espejos que se queman

Si tuviera que explicarlo
volcaría sobre el papel una copa de vino
que luego aplastaría con un golpe de puño
disfrutando de los tajos que sangran encarecidamente.

Algo nos une en un suplicio que no se ha inventado
mas que para nosotros
y que tiene lo abstruso como meta sensible.

Caminamos con él y por él, lejos de toda automaticidad.
Borrachos puros que repiten su escena de naufragio,
Sísifos que corren tras su piedra
cuando rueda y les aplasta las pisadas.

Hay algo en que vibramos como historias que no se nos parecen
pero que hemos vivido en algún lado, ocultos,
un lugar en nosotros,
un valle que aún no ha sido bombardeado
atrapado en una zona de conflicto bélico
y se mantiene verde.

No hemos sido expulsados de nuestro propio espejo
y, como una raza fuerte,
aún recordamos el idioma en el que sernos
cuando estamos a solas en nuestro único y extraño diccionario.

Imagen by Mirella Santoro



Bocado típico

El mensajero piadoso ha llegado prodigando lengua
lamiendo a los usuarios del ego
como un artilugio de conquista.

Los egos son sencillamente conquistables, aduladora-mente.
Ceden con fragilidad a las cosas que creen de sí mismos
y se entregan
jubilosos y acríticos
a la seducción lenguaraz.

Las aves arpías y los endulzadores de orejas se parecen
en sus formas de guerra.
Desarrollan su estrategia desde la debilidad
o desde la inocencia que otros les atribuyen
y luego
arteramente
desollan a la presa que otros matan por ellos
porque está en su naturaleza la carroña.

Pero a los egos gordos no les importa
de qué dolor se alimentan los caranchos.

Album de la tropa




Los que piensan que saben

Lejos de las historias imparciales
y de los manifiestos infantiles
de gente que no ha visto el filme “Un día perfecto”
la verdad se desliza como una rata parca
que conduce un ejército dentro de un laberinto
cloacal.

Qué deprimentes son los pálidos ángeles
que gritan desde el sillón frente a la tele
como si estuvieran bajo fuego y atrapados
dentro de la trinchera.
No entienden y no saben de qué hablan y aún así, se enfervorizan
y enfebrecen
y atacan con la artritis miserable que tiene la ignorancia
porque la ignorancia, además de ser minusválida
es soberbia
deformada y soberbia.

Ya no discuto con los dueños de la verdad,
como ya no discuto con la ONU.

Sinceramente, lo que opinen o dejen de opinar
me importa un pedo.
En el barro, soy yo el que chapalea. 

Y ellos 
son los que me critican desde la cocina de sus casas.

Imagen by Mano Svanitze




Manos de cloaquero

A quién le importa cuánto se pierde de sí mismo
en pos de los demás,
de esos otros demás que son sólo una espalda
dispuesta a dar la espalda
o en peor caso, un puño, dispuesto a ser un puño.

En la guerra y la paz, el hombre es solo el hombre.
Y a muchos les resulta lo del “disfraz de bueno”
mientras venden al prójimo para alcanzar scoring
y mantener su performance flotando.

Lidiar con el vacío es resignarse a la desesperanza.
Es habitar a solas en lo solo
con las ideas que te hacen solitario igual que un invidente,
negar la realidad y mantenerse en pie
como un islote que se desmorona debajo del tsunami.

Nadie vendrá por el que siempre va.

Y el que va siempre, no puede ir por sí mismo
a tenderse una mano.
Las dos tiene ocupadas con los otros
que intenta rescatar
y que lo ahogan también mientras se salvan
victoriosamente.


Imagen by L.C. Bravo




Derrota náutica

Yo sé que nadie entiende lo que escribo.
Soy un bulto cerrado.
Eso que nadie compra por temor a clavarse
con cosas que no quiere ni le importa tener.

Todos tienden a ofrecer excusas
que suenan razonables como suenan las excusas impropias,
esas
que apañan las no ganas de hacerse problema,
las no ganas de tener un momento para el que tiene
–siempre–
 momentos disponibles
y nos asiste en nuestra adversidad.

Me he vuelto, al fin, radiólogo.
O como se le diga a eso
de ver la intención que tiene un hueso roto
de no soldarse nunca.

Diagnostico en el caos y en la paz.
Tengo ojo clínico para la displicencia
y me he ido de farra con demasiadas putas
como para decir que aún estoy virgen.

Si no suelto el timón
es porque estoy completamente convencido
de que mi mano marca la deriva.
Será soberbia endógena lo mío...






La garganta del diablo

Con qué simpleza corporativa funciona el aquelarre.
Todo es tan fácil en su viciosa incompetencia
como el vuelo de una mariposa gorda
que termina quemada por la vela que adora con su danza.

Todo les da lo mismo a los acólitos del menor esfuerzo,
 aunque después rebuznen en reclamo de la ración diaria
de esmero y sangre ajena.

No se acercan a los escupitajos ni a las fuentes con muertos.
Prefieren los atardeceres románticos,
las mariposas estomacales aunque indigesten,
los pajaritos, las flores de papel,
los melodramas horriblemente escritos
y los poemas que ya escribieron todos.

Cuando necesitan el apoyo del que sabe por viejo
van y besan al diablo
como apóstatas.

Ultimamente colecciono capas de oro
tejidas sólo con lenguas de serpiente.

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