La palabra a(r)mada - 6ª

Diálogo con Pastor Aguiar - Cuba.

- "¿Qué hago con esta lengua que se quedó sin besos y anda de boca en boca y anda de concha en concha sin recuperar el sentido del gusto por la vida?" (dice Gavri'el)

Después de los nenúfares, tuve que tomar un respiro. Ha sido larga la jornada y ya venía sacudido por la fuerza vivencial, por lo terremótico de tus flechazos. Poesía por su efecto conmovedor, y casi antipoesía por lo descarnado, por esa desnudez de la palabra que a veces llega al descaro, un magnífico descaro de autenticidad, de herida abierta, de herida sangrante más que de boca que habla.
A veces pienso en un Baudelaire de ahora, pero muy diferente en su actitud ante la vida, ja ja ja...no sé si será locura total esa imagen, porque del francés no conozco mucho.

No hay atraso; es que vas adelante, y "adelante" deja poco tiempo para regresar de a ratos, hermano.

Qué hacer con esta lengua, con esta vida...quizá haga falta desmitificarlas para que luzcan lo que son...

Mencionas "Rabí", y primero, por trampa de la mente, pienso en el ravi-Dios..y hasta ese gran músico Ravi Shankar...pero es "Rabí", como "el Jazán que canta hermoso" y "maestro de Toráh", y siento un enorme respeto, un camino que no he recorrido, pero hermoso, porque enseña cosas al hombre y son buenas.
A mí, si alguna vez me fuera dado enseñar algo, quisiera que fuera a través de un largo y profundo silencio, de un andar como de aguas en calma, que pudiera ser bebido, usado para curar, matado para que muchos se salven...y que nadie supiera que hubo un nombre allí. Pero no he podido, aún hablo demasiado, aún siento placer maldito antre un elogio, carajo...ya ves, hermano, sería al revés lo del rabino, ja ja ja.

Se me olvidó por dónde iba hablándote, cuando soy el lector y no debía abusar.
Seguiré por acá, sin dudas, es inevitable.

- ¿Y cuál es la anormalidad de sentir un placer maldito frente a un elogio? Solamente no saber donde uno está parado. Pero si se sabe donde se está parado y se sabe la propia dimensión, te pueden elogiar todos los príncipes del mundo, que aunque exista el placer de oír sus voces, uno mismo sabe hasta donde debe hacerlas realmente propias.

La autoestima enseña a vivir como enseña a vivir la resistencia con el temple entero y aprender de todo avatar que la vida te ponga por delante. Me remito a tu cuento de "El masai".*

Yo aprendí mucho de los masai. África me enseñó tanto humanamente, que en el fondo, como digo siempre, soy de niger, un niger puro. Y también me enseñaron mucho todos los hombres que creyeron en algo, empezando por mi viejo y sus cintazos cuando yo no llegaba con un diez.

Después supe que el diez no era importante. Que lo importante era el esfuerzo que se hacía por conseguir un veinte y que tampoco un veinte era importante. Que lo único importante era la enseñanza, o sea, lo aprendido. Y que todas las calificaciones, los elogios y los insultos y denuestos, tienen una raíz humana imponderable, que excede a ese nosotros al que se califica.

Lo único que sirve es lo aprendido a partir de lo sufrido. Hay gente que no llega siquiera a aprender eso. Por eso, no importa si te honran o te escupen.
No pasa por lo que digan los otros sobre vos. Pueden hablar y gritar y bendecirte, o pueden escupirte y renegar de tu nombre. Son como una bandada de loros en una tremenda siesta de verano. Un montón de ruidos.

Es uno en uno mismo el que se pone el valor, que nunca el precio. Aunque muchos se ponen precio, porque saben que no tienen valor.

Yo sé que valgo poco, por ejemplo, porque mi vida está compuesta de muchas, de demasiadas cosas muy mal hechas.
Pero igual, respeto enormemente esto poquito bueno y poco que aún queda de mí, porque éste y no otro, soy yo, flaco de alma. Pero yo. Integramente yo.

Conversación sobre "Psicoámbitos" (cuentos breves - Gavrí Akhenazi)

*"El masai" Relato de Pastor Aguiar.
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