La palabra a(r)mada - 8ª

¿Sabés por qué vale un poema, creo yo? Por la capacidad que tiene el lector de recordarlo, aunque sea una palabra suelta, un verso al azar, algo en el aire.

Las palabras se las lleva el viento si no tienen oídos que las escuchen a tiempo. A lo escrito le pasa lo mismo, es de una intrascendencia absoluta si no tiene un destino al que llegar o no es una escritura pública que designe algún dominio sobre una propiedad.

Yo no me acuerdo de nada de lo que escribo en verso. Es como si los versos no nacieran míos, siempre fueran de su destinatario. Y me sorprendo cuando por ahí los leo y digo : ¿yo escribí ésto? Y sí, lo escribí.
Con las novelas no me pasa lo que me pasa con los versos, así que por ahí debería darle la razón a la negra (cosa que me jode lo suficiente como para arrugar la jeta) de que los versos tienen algo sumamente íntimo.

Quizás porque son realmente tan íntimos como son, trato de olvidarme de los días en que ando desnudo exhibiendo impudicias por todos los pasillos.
Prefiero, en esos días en que soy tan frágil, pertenecerle solo a los espejos.

(Sobre: אני מדבר ספרדית - Conversación con Pastor Aguiar)
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