La palabra a(r)mada-8°

¿Qué es un escritor si no sus odios, sus glorias, sus derrotas, su palestra o su anonimato?
Uno pasa por clímax y por guerras como un fantasma ajeno a las catástrofes y ajeno a la belleza de los mundos que no le pertenecen.

Se muere en todas partes.

Itinera en la piel de los idiomas como un pájaro ciego al que seduce el mandé. Es barroco o ultraísta según le mueva el alma la boca aquella de la que depende.

Todo escritor depende de una boca, que jamás es la suya, por más que lo alimente, porque un escritor es el reflejo de todos y de todo.

Lo simboliza todo y lo interpreta todo y todo cobra palabra a través de su lengua que lame o reconcilia o incinera.
Se ama, abduce, odia y decapita con sólo una palabra.
Éxito o fracaso dependen –en Internet al menos – de la potencia que se halle en la palabra.

Es un mundo propicio a mercaderes y a pobres almas lánguidas, que se sueñan poetas mientras cocinan parvas de papas fritas.

Nadie le explica a nadie que el escritor no se hace.
Para escribir, se nace.

De otra forma ¿qué objeto tendría en el idioma la palabra “talento”?
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