Mañana y resistencia




Es un día de sol. Aquí mi gente
ha regresado apenas de la risa
al pie de la tormenta y al destajo.
La niebla es una novia desvestida
sobre los verdes bordes de la luz
y en mí se acaba la filosofía.

Estoy de poco hablar esta mañana
de sol a tientas. Zona fronteriza
entre el simio y el hombre, zona franca
del corazón ajeno a la alegría
me vuelvo pendular gota de sangre,
el atanor de un último alquimista
que mezcló mal en mí los sinsabores
con un dispar deseo de justicia.

Estoy viejo a esta altura, me doy cuenta
que perdí la paciencia en la rutina
y ando de queja en queja con mi alma
y hago pactos de honor con los suicidas
desde mi corazón anestesiado
si la conciencia se me despabila.

Después vuelvo a mí mismo, como siempre
a tierra firme, a roca introspectiva,
aislado en un barco de leprosos
o como un yeti triste en la nevisca.

Escribo algunas cosas sin quererlo
y otras queriendo, ya no sé escribirlas.
Se me ajó mansamente la palabra
y se murió en mis manos descosidas
como un saco de idiomas imposibles.
Ganándola, he perdido la partida.

Quise ser escritor, pero no sirve,
porque la bala mata la caricia.
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Chocolate bombón