Papel de extranjería





Quiero hablar con ella, pero se me desacontecen las palabras, por esta puta vocación de borde, que preciso como la última forma de vivir.

Desacontezco en mí mientras mis hombres se preparan en júbilo y van como fornidos pájaros grisáceos a voltearse a diez hembras de piel amarronada en nombre del cansancio que traemos.

Y yo me quedo en mí, junto a la gata y al teniente médico y a Roig, que compró un pavo pueblo abajo cuando se fue en el jeep por la provista que enterró como un hucha dentro de la despensa y bajo llave, porque "nos tiene que durar, señor, nos tiene que durar".

El personal es joven, come mucho y ya se terminaron los tiempos de la hambruna y los quince segundos de los restos con que probarse el asco.

Los escucho gritar, bromear, reírse.

Sé que soy yo quien ha perdido estos rituales, porque soy el que realmente sabe donde queda la palabra lejos y ha extraviado su mapa justo en ella.
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Chocolate bombón