Psicodrama XVI

La nocturnidad tiene un punto diabólico en que se mezclan las oscuridades del adentro y del afuera.
Cual sale y cual entra es dificil de determinar.
La nocturnidad está hecha para los predadores que gesta.
Ella, es la predadora madre, la gran paridora. Su primer hijo: el miedo.
Después venimos todos los demás.

*

Karina duerme. Serena y relajada su carne de spa, produce un aire blanco alrededor.
Toda la habitación está impregnada de perfume, y los rincones son movimientos lumniscentes agitados por la cadencia de las velas.
Es un teatro de sombras aromáticas el aire.

*

Estaba con bronca.
Siempre que le escucho esa voz está con bronca y necesita un hueco en el que quepa el aire, para meter la boca y parecerse a un pez.
Boqueaba desesperadamente contra las contingencias de la vida, revolviendo el café en el que de vez en vez, cabía una lágrima.
Se pone fea y vieja cuando llora.
Es cuando más me gusta porque parece humana.
Por eso me entretengo con su lengua hasta asfixiarla sin que se resista.
Al final somos eso.
Dos pobres pescados tratando de hacerse respiración boca a boca para evitar morir.

*

Como siempre recojo la campera, los guantes y el silencio.
Me voy sin hacer ruido.
Karina está despierta pero no dice nada. Me sigue con los ojos. Yo me llevo adheridos sus perfumes .
Todo termina bien. Es satisfactoria la terapia porque se acaba el llanto en sus orgasmos.
Las velas me transforman, mientras salgo de la habitación, en un deforme íncubo que huye.

(De: Psicodramas - ed. 2008)
Publicar un comentario en la entrada

Chocolate bombón