Sistemas liderados

La condición humana es muy amplia, y en los grupos se vuelve todavía más intensa y compleja.
Cada uno sabe como puede manejar la hostilidad a la que se le somete en los ámbitos donde le toca o desea involucrarse. Y están los que no saben como comportarse y los que adoptan una posición pasiva de modo que el grupo les marca las pautas conductuales, así que la marea del movimiento grupal los acuna.

La pauta de cómo será un grupo (salvando siempre su heterogenicidad) depende de su conducción. Tal como sea el conductor, será el grupo. Todos los grupos se rigen por un liderazgo, porque el grupo en sí mismo es una voluntad amorfa, que librada a sí, se convierte en un cuerpo asincrónico, espástico y termina por ser una estructura quebradiza y sujeta a los avatares de sus células, sin que exista un patrón común o por lo menos, un concenso accional.

Un líder fuerte crea un grupo cohesionado. Y con fuerte no me refiero a que tenga explosiones de violencia, sino, sencillamente, a un patrón fijo y unánime de conducta. Las explosiones en un líder perjudican la visión global de la integridad del grupo, porque son síntomas de inestabilidad conductista. Quien no puede conducirse a sí mismo sobre una misma línea, es imposible que conduzca a nadie.

Esto puede extrapolarse a todos los ámbitos.

Los grupos son como la vida y la vida está llena de situaciones conflictivas que deben manejarse con un criterio recto y observador, sin priorizar preferencias personales sino éticas. Saber sancionar y saber perdonar, sin que para ninguna de ambas cosas tiemble el pulso, asegura en el grupo una plataforma confiable en la que sustentar, ya, las aspiraciones de cada uno de sus miembros y del grupo como cuerpo orgánico.

Creo que conseguimos mal que mal, tremendamente cuestionados por muchos ex socios, esa base sólida en cuanto a línea de conducta.

Es un formato difícil, porque no es cómodo, ya que está sometido a exigencia permanente. Pero es inamovible, pase lo que pase y pese a quien pese. Y por eso, es un organismo sólido, previsible si se comprendió su línea de pensamiento y está por encima de cualquier apetencia, lo que lo vuelve todavía más poderoso.

Porque en este mundo no hay cosa más desafiante y temida que el altruismo.

De: La semiótica del líder - Oficio y prejuicio (Ensayo sobre liderazgo operativo en misión)- Ed. Universidad de Neguev - 2002)
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