Diario somalí

Efecto Somalia en sombra.


Han vuelto los eclipses.

De nuevo los eclipses, piensa que balbucea, mientras la gasa o el algodón húmedo se desliza sobre los labios cuarteados como una sola gota que no alcanza a beber, porque no alcanza su contenido para que él la beba.

Han vuelto los eclipses. Hay luz y oscuridad que se intercalan fugaces en sus ojos. Estallidos de luz le hieren de pronto el centro del cerebro. Y acontece la sombra.

Han vuelto los eclipses. Y los labios buscan desesperadamente otra gota de agua que demore sobre la lengua hinchada su presencia. Y otra gota se filtra, sola y única, hecha toda de sed que la evapora antes de que le llegue a la garganta.

Han vuelto los eclipses.

Una mujer oscura se pudre a su costado, con un niño esqueleto prendido de una teta que ya no tiene leche. Huele a defecación, a mucho pus, a cosa descompuesta desde adentro.

Sobre el otro costado hay un huérfano inmóvil, con una sonda nasogástrica metida en su nariz y un sachet de alimentación vacío, que aún cuelga sujeto por un hilo, de uno de los parantes de la carpa. Ha muerto en la mañana y nadie lo ha notado. Solamente las moscas. Se le introducen en la mirada, desorbitada y nebulosa, buscando que comer. Se le meten en la nariz y en los ojos y de entre sus labios abiertos, salen moscas gordas, zumbonas, verdes, que pasan a otros cuerpos.

Han vuelto los eclipses, menos mal.


(julio-septiembre, 2011)

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