Tawergha


La derrota plantea una contraofensiva y se viene sobre las avanzadas que no se han hecho fuertes en las pequeñas líneas cómodas. Plantea una contraofensiva, ataca, vence. Como siempre.

La derrota regresa, indestructible, porque los espejismos de placer son eso, imágenes que la realidad rompe, sólo imágenes que la realidad rompe. Lo que existe es esa impunidad, ese no cejar ni dar tregua que tiene la amargura.

La derrota ya se ha establecido en el territorio del destrozo, del que siempre la calma es exiliada y no encuentra refugio en otros agujeros para seguir latiendo, sosteniendo quimeras, cantando alguna vez como los niños. Antes de la calma, escapó la alegría y no regresó nunca.

Se puede ser muy calmo aunque no haya alegría, porque la calma es algo racional, que se construye en base al ejercicio de soportar los sufrimientos y seguir allí. Es duradera, resistente, estoica, porque para eso es que la calma fue diseñada. Para permanecer en un estado de inmutabilidad que se agiganta conforme se acumulan deslaves sobre ella. La calma es una condición imprescindible frente a las intemperies.

- La alegría siempre está prestada. Es ganado de otro.

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