Animalma



A veces extraño al Mish. Me faltan sus enojos rayando mi cintura y su rugido ronco de anciano con asma, acomodándose a mi mal dormir.

Ahora tengo a MacPerry, que no sé por qué se me pegó, si es Roig quien le da de comer y es Roig quien se lo trajo trotando a su costado de sargento, como un soldado más.

Todavía no sé si es un perro o un resorte con un perro pegado en un extremo, este nuevo habitante de mi mundo.

La gata lo domina con los ojos desde la estatura de los árboles.

Lo observa desde allá, pequeño y perro, saltando de manera incansable para hacerse querer, recibiendo empujones y puteadas, porque no deja caminar a nadie.

Pero él es la insistencia. Quiere a todos con un amor molesto, desprejuiciado, candoroso en sus sobreexplicaciones.

En estas condiciones que rayan lo infrahumano, se despiertan todos los reptiles que las personas guardan como el tesoro de la autodefensa. Y ese poderío animal que dan los saurios, se expresa de miles de maneras en la conducta humana de los hombres sometidos a extremos, como estamos todos aquí, en el campamento.

- El que le pegue al perro es hombre muerto.

Y todos saben que voy a cumplir lo que amenazo, porque yo no amenazo porque sí.



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