Rosa rosae



Mientras te leo, mis hombres hacen señas.
Los miro de reojo y sigo aquí.
Quizás hasta les hago
un gesto con la mano de "ya voy",
que ya voy, que ya estoy yendo
de nuevo al otro mundo.

Uno golpea la puerta. Está impaciente.
Me enseña los papeles que sacude.
No miro ni respondo. Sigo aquí
en un silencio que se vuelve inmóvil
conforme voy leyendo.

Sigo aquí con profesión de ancla
y vocación de puente
buscando
una orilla remota casi atávica
por la que andar desnudo
hecho de arena y de color castillo.

No escribo reflexiones tremebundas.
No me pienso un filósofo en su roca.
No la voy de poeta de los glifos.
No aspiro a ser mejor que mis iguales
pero sí
a ser mejor que yo
el día del destino que no nombra
tu turbulento azul.

Siempre estás triste como una joya presa
que no engalana más.
Y yo siempre estoy igual de opaco y lento
como un hombre sin sol.

Pero sabemos inventar espacios
para nosotros mismos en los tiempos
en que todo retumba.
Sabemos de nosotros ese escaso jolgorio
festejando el galope de los vientos internos
que nos despeinan
al pescante del alba.

Día a día se nos repite aquello así
de estar
uno con otro
como una profesión de nacimiento.

Nunca anochece al fondo de la rosa.

Imagen by Dennis Stock

 
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