Apendicitis crónicas (las páginas colgantes)

Teoría de la prosa -irresponsabilidad del verso -imaginación del ensayo -incertidumbre de la reflexión

No Hemingway y algo de Childe Harold

ella hablaba de mí
como un tajo de sombra que no arde
como un poco de espacio que no existe
como un lugar vacío de esperanza

ella hablaba de mí
como un poco de sangre
que prorroga el latido y hace al corazón

poco de vida que se estanca y muda
en el rigor del tiempo que prosigue

ella hablaba de mí como del humo
pensándose de humo
indescifrable en sí
plácida
curva
extemporánea
iconoclasta
exégeta

ella hablaba de mí
como si mi suceso fuera una efemérides
que publicara El Mundo
y no tuviera traducción al chino

ella hablaba de mí

y yo hablaba de ella como un analfabeto
con palabras que nunca han existido
para los diccionarios de otras lenguas

ella hablaba de mí
igual que si supiera que yo escribía libros
en los que ella cantaba
con voz de vodka añejo
las escasas palabras de mi nombre
para hacerlo infinito

hablábamos
al fin
uno del otro
como dos bichos raros en una feria de colectividades

me gustaba escucharla hablar de mí

como a los niños les fascinan los magos
y las montañas rusas

Alianzas macabras

Es el estado éste.

Aquí, allí, todo es el mismo olor a macerado, a rancio, a repodrido, que brota de la piel como si también fuera yo un animal del barro, de esos que se revuelcan para limpiarse los parásitos y evitar las grietas en su cuero correoso y esa expresión hedionda de sus glándulas públicas.

Sé que no debo pensar en cosas desagradables y malignas.

Sé que no debo establecer alianzas con gente que no domina ni su lengua ni su gatillo, aunque lucen como los mejores para ser comisionados por los que deseen mantenerse en la sombra y que otros ejecuten sus sugerencias festivas.

Un conductor de grupos conoce las implicancias de inducir a la acción a ese tercero que desesperadamente busca salir a matar en campo abierto.

Es parte del beneficio opulento que ofrecen el cinismo y la maldad, conjugados y alertas frente a la aparición mediática de un enemigo que nos acontece porque se le ocurre y al que nunca nos propusimos odiar.

Pero luego de ese asombro primario en que uno se pregunta ¿qué le pasa conmigo a Tal? surge el inevitable “bueno, ahora le haré algo para que realmente tengan sus derrapes un motivo plausible”.

Ahí cabe el tercero vocacionalmente asesino, al que se estuvo conteniendo en las gateras.

Se lo mira como a una estatuita china, invalorable y de ser posible, se lo mira delante de un espejo, para verse uno mismo el gozo que otorga pergeñar dulces malignidades.

Una palabra debe bastar. Allá irá el bruto ciego a embestir lo que señale de soslayo la mirada, esa, que en realidad le indica un camino recto hacia el ejercicio de la beligerante estupidez con la que representará nuestros deseos.

Porque para algunas cosas se precisan aguerridos estúpidos que no estén midiendo las consecuencias que el mentor mide, recluido en la sombra y observando como se producen los pedazos de la carnicería.

¿Por qué me aliaría con un infeliz de esos? ¿ No pregono de mí mismo que arreglo mis propias cuentas y mato con mis armas?

Tal, en estos casos, debe ser del infeliz usable, algún mal enemigo, antes - por supuesto - de optar por convertirse en el mío, con su actitud mediocre y pulverulenta contaminadora de mis espacios calmos. Permito, entonces, que mi ocasional partenaire le arregle a Tal las cuentas por los dos.

Esta liviana alianza es una forma – también - de arreglar mis problemas de munición pesada sin desperdiciar parque en los chimangos.


(De: Hojas de sombra)


Malón


Es tan obvio de donde aparece la indiada, que si lo digo me sentiré xenófobo. Así que mejor callo esta boca “insumisa” y escupo el regusto a lo que no me gusta, para que se lo beba la tierra ( casi tirria) que todo se lo bebe, este hoy por hoy.

Las cosas obvias me quitan las buenas ideas. Termino en un bostezo de gato malhablado que se aburrió de estar durmiendo-se todo. Prerrogativa de los gatos sobones, esos, que no seré.

Me acuerdo de mi abuela y de Tom Mix.

Ahora, aparecen indios de América del Norte por todas las esquinas. Veo mohicanos, cherokees, cheyennes, apaches y quién sabe cual más que no llegó porque no le sellaron el pasaporte para un vuelo de urgencia.

Siempre seré comanche, porque comanche era cuando mi abuela me contaba los cuentos de Tom Mix, intentando que me quedara quieto dentro del guardapolvos planchado con agua de almidón.

Entonces olía a sol.

Ahora, como en aquellos cuentos, por todos lados aparecen indios y aparecen Tom Mixes que exterminarán la libertad de las planicies verdes, los bisontes y matarán leyendas con sonrisas de celuloide, mientras aplaude una platea que necesita heroísmos de hollywood.

Parece casi una fuga de agua en un caño público. Pero no sale agua. Salen indios.

Así es de potable la red contaminada.

Nunca se es único. Ya existe un patrón en el que justo, quizás hasta de pedo, uno encaja sin proponérselo.

Encaja, justo, porque no tiene patrón y llega, con la idiota validez de lo auténtico.


(De: Hojas de sombra)

Depredador


Me aburrí todo el día.

Es esta puta indiferencia hacia las cosas lo que me tiene inerte como un alga flotando encima de tanto estancamiento.

Me siento estancado también yo, porque la adrenalina se transforma en una droga dura cuando se ha abusado de ella tantos años y pasa su factura cuando llega la calma al músculo en alerta.

Fofo de corazón y de cerebro, voy perdiendo motivos por fuera del combate.

No me estimula casi, casi nada y esta molicie de predador al pedo me trepa por las ganas de portarme mal; entonces obedezco, pongo cara de perro boludo que no quiere disgustar al dueño y digo: ken, ken, ken, ken, mientras por dentro de mí, mis dientes interiores mastican a mis dientes que pujan por morder lo tan estólido.

La chatura ha llegado como un pariente que se quedó sin casa, una vez más.

Sin embargo parece el preferido de toda la familia. Y uno ahí, aguantando su charla de invicta boludez. Y uno ahí, buscando la forma de salir por la ventana o meterle una granada en la garganta, para verlo estallar salpicando todas las paredes con su minúsculo cerebro de maní.

¿Y después qué? Después estalla y ¿qué? ¿Sirve de algo o vamos a quedarnos hasta sin su cerebro de maní?

¿Y después qué? ¿Vamos a extrañar sus simpatías de mascota que tiene una para cada ocasión y ya no distinguimos, los demás, a quién quiere o a quién odia, porque a todos les da la misma mano, esa de congraciarse?

Estoy en el momento del desprecio, cuando me siento diferente a todo por aquel tema de la adrenalina que tuvo siempre en jaque a mis sentidos, sin permitirle descansar jamás a esta extinta furia creativa que ahora me bosteza en el estómago y apelmaza mis manos a un almohadón untado con perfume en el que me limpio el semen de la paja.

En el fondo soy sin duda un psicópata. Tengo varios niños muertos en mi haber, entre los que también cuento al que yo fui.


(De: Hojas de sombra)


Des-dicho de amatoria

quiero oírte gemir


se me ha perdido en la selva tu grito de batalla

tu pubis borrascoso

tus muslos aluviales con cadenas

que opriman mi espesura


tengo sed de todos tus sabores

del olor de su clítoris perfecto

y escondido

en lo marrón profano de tu esencia


eras mía en el ayer distante

serás mía mañana

sobre el vértigo de tu cintura suave

y en el suave descanso de mi lengua

cuando te pertenece por las noches


nada se te compara en la indecencia


flota tu luz encima de mi herida

y es un tajo tu sexo

que me sangra de sol aquí en la boca


desde el orgasmo tu silencio me excita

en la mirada

tus ojos son mis ojos en la lengua

y tu cadera

da la curva al mundo


pequeña mujer mía de las guerras ignotas

¿por cuántos pretendientes ha paseado tu aroma

de frutillas y lanzas?


blanco de mi eterna arquitectura

perfecta y natural como el amor

exégeta

en lo imposible de las lunas largas

y en lo posible de todos los idiomas


fecundada y vital

penetrada y altiva de embarazos

¿cuántos hijos tuvimos hasta ahora

hechos de malas noches

de amargura

de mareas y pájaros y espantos?


pequeña mujer mía de las piernas perfectas

y el gesto desafiante

gordita mía de los ojos verdes y la intimidad larga


¿cuántas noches de miedo fue tu hembría

la que jaló de mí y me volvió humano?


al fin y al cabo cargamos nuestra historia

en este amarnos a pleno cementerio



Diario somalí

Postales luminosas

Comienza el viento.
Se hincha turgente y abalanza su grito de animal-con-alas-que-no- resuelve-en-pájaro. Saca el grito, henchido y amargo, ronco de cosas secas que le raspan al aire la garganta y lo desboca como un vagido largo que ocupa la intemperie.

Estaba amaneciendo cuando percibimos el hedor mientras nos acercábamos a nuestro destino: un campamento provisorio carente de todo aspecto sanitario, en el cual la gente que llega y llega y llega, debe esperar turno para todo, hasta que puedan ser derivados a otro campamento de refugiados.
En la nada de este cero absoluto, lo primero que cruzó la poca luz hacia nosotros fue ese hedor, flotante, envolvente como un sonido ambiental, igual que un maitre se adelanta a recibir los comensales en un restaurante de lujo.
Uno ya se imagina lo que va a encontrar, si su nariz percibe ese rezumar a aguas negras y cosas descompuestas como huele la alquimia del desastre.


En un desorden de cuerpos, carpas, enseres y basura, la vida se retuerce empantanada.

Los de la ONG que nos espera están exhaustos, acuchillados por la resistencia que ya no resiste ni un soplido de aliento.
Preguntan si trajimos los elementos para montar el hospital y vallar el perímetro de ese animal de hule, cartón, lona y miseria que se extiende tan compacto como desparramado, disonando a mil voces que se quejan bajo un unto de moscas pegajosas.

Ahora hacemos eso.
No somos muchos y ellos, los refugiados, nunca ayudan.
Se quedan allí, mirando, con sus ojos redondos y vacíos, estáticos dentro de este jardín de los asfódelos que vamos fabricando, acuclillados como si el martillo de Dios los hubiera achatado hacia la tierra en la que ya no pueden debatirse, porque no tienen fuerza.

Tendemos el vallado. Alambre de púa larga y dos estacas cruzadas, a unos cuantos metros las unas de las otras, para que lo sostengan.
Es un acto simbólico, un recurso de la Primera Guerra, algo para hacer en donde nada puede hacerse ya.
Vamos devanando nuestra fortaleza de hilo metálico, pero es insuficiente, como todo aquí es insuficiente y apenas cubrimos un cuarto del perímetro que volverá a ensancharse mañana, cuando lleguen nuevas personas a encerrarse.

El viento cruza polvo a nuestro campo y el alambre pandea en sus círculos y agujas, tratando de cazarlo bajo el sol, de atraparlo y engarzar sus gemidos en las púas, para cimbrar después, como un instrumento fantasmal y abandonado.

Esos sonidos se mezclan con los otros y todos se diluyen.
Sólo el hedor levita atrapado dentro del alambre, como un montón de almas putrefactas.

Diario somalí

Pirámide en la luna.

El mundo pasa afuera, sin nosotros, que nos ponemos tristes suavemente.
Vamos embruteciéndonos con parsimoniosa suavidad, sin lentitud, de forma inexorable. Y todo tiene esa pátina lerda de un musgo que nos tapa la forma de la estatua en que nos convertimos. Melancólicas y póstumas estatuas que lloran en este cementerio de ridículos.

Le pedimos a la Amisom más alambre para terminar el cerco.
El hospital se derrumbó dos veces sobre los agonizantes y los muertos.
Una patrulla se acercó a mirarnos.
Parecemos un circo de esperpentos que se mueven sin gracia en este círculo pistero que trazan las púas que enhebran las estacas.
Me tocó devanar durante varias horas y tengo las manos fundadas a pinchazos.

Los de la patrulla de la Amisom dicen que no.
Si alguien quiere ir a Mogadiscio a buscar más alambre, puede ser.
¿Qué hay para canjear?

Los MSF ponen cara de tontos y siguen tratando de alimentar cadáveres que no les hacen caso.

- Déjalo tío.- dice al fin Angélica – Es inútil. Mejor ven aquí y ayúdame a amputar. Tienes más fuerza y esta cosa no corta.

(de julio a septiembre, 2011)


Según otros, yo

Vos sos esa canción que siempre vuelve (Abierto por derribo)

Volver, palabra aurora. Es mentira que siempre se vuelva al primer amor, ni al segundo, ni al tercero, las convulsiones se renuevan como los estíos de más ebriedad, perros fieles y trémulos; se vuelve a los amores sin olvido –tan pocos- porque hay amores transeúntes que ni siquiera alcanzaron la estirpe de los vagabundos.
La mujer del poema: es una mujer al borde de la historia literaria y está, además, para siempre en la intrahistoria personal de un buen puñado de locos de buena conducta y mejor conciencia que habitan Ultra como su segunda residencia o el hogar que dejaron de tener. Estoy hablando de ella, la abeja reina que nunca duerme y no conoce la abolición de la fatiga o los abandonos. La mujer que devino ya en personaje para ganar siempre en el juego de los espejos, porque no perdió su cuerpo y su nombre en las ráfagas que van y vienen, como las ganas de vivir.
Hoy un hombre esbelto escribe de su patria y de esta mujer con la naturalidad de los naranjos que ve desde la trinchera, como quien cuenta una historia en la tregua de vivir contracorriente o enmarañado en un sueño, y nos entrega una página de su diario de campaña. Ni la patria ni la mujer son umbrías, no anulan el seductor desequilibrio del viaje hacia adelante que es la vida de todos. El poeta es un mensajero y aprovecha su tiempo de soledad y coraje para rellenar el formulario personal de su itinerario más íntimo. Es otro paso en el laberinto de encontrare a sí mismo, pero es también un poema transparente como el día, de tráfico público donde saltan las imágenes imborrables que penden de un encuentro.
Todas las sílabas conducen a esta casa rosaliana, siempre encendida para aminorar los desencantos y encender el oficio de amarse tan raramente unos a otros, con la pulsión de la morfina exorcista y la paz horizontal de los versos. El hombre y la mujer del poema tienen tapiado el rostro a cambio de entregar su corazón a las tormentas sin miedo a esta intemperie. Los dos llegaron a la hora en punto.
Qué bien sientan los misterios.

(A propósito de... - Valentín Martín - España)

Espacio de Mien-on


Estoy cansado.
Por eso me adormezco en la suave recova de tus ojos, donde todos los negros son insípidos.
Cruza un gesto grácil por tu pelo, como una manecilla de destiempos que nadie vivirá.
Un pensamiento de algas nori y de flúor me cubre esta insistencia ladronaria.
Te busco en un enjambre de largos ditirambos, que huyen de paralelo en paralelo, para mutar después en meridianos ante o después del cero.
Esa cosa del absurdo absoluto me tiene sin cuidado cuando pienso en gatillos y derrames y veo gente manca y amputados del tronco para abajo.
Soy un muñón también.
Soy un muñón también que se propone hacer que desde él geme un buen hombre. Casi como una Hydra, no de Lerma.
Mi raciocinio escoge las migajas que se le caen a mi corazón.
Los dos famélicos, comparten la ración de peces fritos y lobos degollados, frente a frente ante la misma mesa, pero sin mirarse.
Comen, con ese automatismo de las cosas que tienen ruido a máquina.
Por fuera de mi nombre, estrangulo diez veces a la vida que insiste en abrocharme otra joroba. Pero yo no me inclino hacia el subsuelo y permanezco erguido de tal forma, que ya parezco un amorfo tótem poderoso y milagrero, al que evocar cuando el miedo se amplía encima de las manos.
Deforme y absoluto, suelo echar a la mesa un as de espadas que se disputan cerebro y corazón como si fuera pan.
Ellos mastican.
Luego llegan los cuervos y se llevan las gotas de la sangre, porque brillan en esta oscuridad bajo la luna y parecen tersos rubíes de carne putrecible.
Busco a tientas tu nombre.
Pero huíste de viaje, como yo.

Chocolate bombón

Participan en este sitio sólo escasas mentes amplias

En tu cuarto hay un pájaro (de Pájaros de Ionit)

Un video de Mirella Santoro

SER ISRAELÍ ES UN ORGULLO, JAMÁS UNA VERGÜENZA

Sencillamente saber lo que se es. Sencillamente saber lo que se hace. A pesar del mundo, saber lo que se es y saber lo que se hace, en el orgullo del silencio.

Valor de la palabra

Hombres dignos de buscan. Por favor, dar un paso adelante.

No a mi costado. En mí.

Poema de Morgana de Palacios - Videomontaje de Isabel Reyes

Historia viva - ¿Tanto van a chillar por un spot publicitario?

Las Malvinas fueron, son y serán argentinas mientras haya un argentino para nombrarlas.
El hundimiento del buque escuela Crucero Ara General Belgrano, fue un crimen de guerra que aún continúa sin condena.

Porque la buena amistad también es amor.

Asombro de lo sombrío

Memoria AMIA

Sólo el amor - Silvio Rodríguez

Aves migrantes

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Feria del Libro de Jerusalem - 2013

Feria del Libro de Jerusalem - 2013
Café literario - Centro de convenciones de Jerusalem

Acto de fe

Necesito perdonar a los que te odiaron y ofendieron a vos. Ya cargo demasiado odio contra los que dijeron que me amaban a mí.

Irse muriendo (lástima que el reportaje sea de Víctor Hugo Morales)

Hubo algo de eso de quedarse petrificado, cuando vi este video. Así, petrificado como en las películas en las que el protagonista se mira al espejo y aparece otro, que también es él o un calco de él o él es ese otro al que mira y lo mira, en un espejo que no tiene vueltas. Y realmente me agarré tal trauma de verme ahí a los dieciseis años, con la cara de otro que repetía lo que yo dije tal y como yo lo dije cuarenta años antes, que me superó el ataque de sollozos de esos que uno no mide. Cómo habrá sido, que mi asistente entró corriendo asustado, preguntándome si estaba teniendo un infarto. A mi edad, haber sido ese pendejo y ser este hombre, es un descubrimiento pavoroso, porque sé, fehacientemente, que morí en alguna parte del trayecto.

Mis viejos libros, cuando usaba otro seudónimo y ganaba concursos.

Mis viejos libros, cuando usaba otro seudónimo y ganaba concursos.
edición bilingüe 1a. edición

and...me

and...me
Porque todos los cuervos alguna vez fuimos solamente pichones y durante cuarenta días volamos debajo del diluvio yendo y viniendo de la tormenta al Arca, los laureles siempre se los llevan las palomas.