Según otros, yo

Vos sos esa canción que siempre vuelve (Abierto por derribo)

Volver, palabra aurora. Es mentira que siempre se vuelva al primer amor, ni al segundo, ni al tercero, las convulsiones se renuevan como los estíos de más ebriedad, perros fieles y trémulos; se vuelve a los amores sin olvido –tan pocos- porque hay amores transeúntes que ni siquiera alcanzaron la estirpe de los vagabundos.
La mujer del poema: es una mujer al borde de la historia literaria y está, además, para siempre en la intrahistoria personal de un buen puñado de locos de buena conducta y mejor conciencia que habitan Ultra como su segunda residencia o el hogar que dejaron de tener. Estoy hablando de ella, la abeja reina que nunca duerme y no conoce la abolición de la fatiga o los abandonos. La mujer que devino ya en personaje para ganar siempre en el juego de los espejos, porque no perdió su cuerpo y su nombre en las ráfagas que van y vienen, como las ganas de vivir.
Hoy un hombre esbelto escribe de su patria y de esta mujer con la naturalidad de los naranjos que ve desde la trinchera, como quien cuenta una historia en la tregua de vivir contracorriente o enmarañado en un sueño, y nos entrega una página de su diario de campaña. Ni la patria ni la mujer son umbrías, no anulan el seductor desequilibrio del viaje hacia adelante que es la vida de todos. El poeta es un mensajero y aprovecha su tiempo de soledad y coraje para rellenar el formulario personal de su itinerario más íntimo. Es otro paso en el laberinto de encontrare a sí mismo, pero es también un poema transparente como el día, de tráfico público donde saltan las imágenes imborrables que penden de un encuentro.
Todas las sílabas conducen a esta casa rosaliana, siempre encendida para aminorar los desencantos y encender el oficio de amarse tan raramente unos a otros, con la pulsión de la morfina exorcista y la paz horizontal de los versos. El hombre y la mujer del poema tienen tapiado el rostro a cambio de entregar su corazón a las tormentas sin miedo a esta intemperie. Los dos llegaron a la hora en punto.
Qué bien sientan los misterios.

(A propósito de... - Valentín Martín - España)
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