Conversación con Ricardo Fernández Esteban

Dijo Fernández Esteban:

Yo creo que los poetas no tienen que encerrarse en su torre de marfil, diciendo que son unos incomprendidos por una masa que no los entiende. Lo que tienen que hacer es ver por qué no se los entiende y mejorar su conexión con un amplio público potencial que podría leer poesía y no lo hace. Un ejemplo, al menos en mi tierra, es que en los recitales poéticos la mayor parte de los asistentes son poetas y así se sigue un proceso endogámino que no conduce a nada bueno.


Esto lo suscribo así, de una. Es mi prédica constante, saturante, hartante y siempre a contracorriente de los mundillos que terminan trenzando intelectualidades de salón, apasionadas exclusivamente por robustecer su distancia del resto de los mortales.

En todas partes sostengo que las élites son tapones de basura en la boca de un caño público. Están ahí, entorpeciendo todo y sobre todo, impidiendo el acceso a su núcleo cerrado, a todo un público que termina clavándose con obras que son una verdadera porquería, escritas exclusivamente para satisfacción del ego personal y sus cuatro cultores que manejan la opinión crítica con el más absoluto descriterio.

Cuánto más se aleja el escritor del núcleo social, cuánto más complejiza el diálogo con su lector, más recalcitrante se vuelve, apoyado por una corte que hace de lo que ellos entienden por cultura, un Olimpo de cuatro iluminados que miran a los otros desde lejos, no sea que alguno tenga un talismán místico o algún conjuro cabalístico, que les quite sus prerrogativas de élite.

Se reconocinan en su propio jugo y engordan con él esa idea difusa y casi mítica que se tiene de que los escritores reciben su poder emanado de D.os, como otrora los reyes.

Luego, el marketing, que deviene de la misma circunstancia, porque en la actualidad todo es un comercio y sacando las revistas independientes que apuestan por las culturas de resistencia o dan espacio a los que lo necesitan, todo lo demás pertenece al circuito comercial y se maneja con dinero y no con talento.
Así, los bodrios que alcanzan el mercado y son publicitados hasta la insensatez por la opinión comprada de tres críticos de merchandaising.

Yo creo que hay movimientos literarios que se gestan en una convicción de transmitir determinadas vertientes sociales e históricas.
No se puede desvincular el arte de los cambios que la sociedad experimenta, como si fuera un objeto no representativo del hombre, sino de algún abstractismo ignoto al que se accede sólo por voluntad divina.

El artista debe ser un testigo de su siglo, de su núcleo, de su historia de raza, de su historia de humanidad.

En esa clase de movimientos creo yo. Los que marchan con el hombre y llevan sus banderas.

También es cierto que no todo el que ponga letra en un papel puede llamarse escritor. Ese es un fenómeno obsceno que sucede en internet, mediante el cual, gente que no tiene puta idea de lo que es un oficio real y concreto, llama "poeta excelso" a cualquiera que pegue mañana con campana, sin la mínima noción de lo que es un desarrollo artístico en cualquiera sea el texto literario que encare ni tenga la más elemental base gramática (ya no pido talento) como para una redacción - por lo menos - coherente.

Lo más trágico, es que, en la compulsa, todos entran en el mismo saco internetero y es muy difícil establecer parámetros con aquellos que tienen el convencimiento de que son grandes escritores, porque otros, que no entienden nada de literatura (no me pongo elitista sino que hablo en base a los años de oficio que tengo encima) los convencieron de eso, alabando engendros que no resisten siquiera el más elemental análisis sintáctico.

Yo soy novelista y observo este fenómeno (el de internet) mucho más frecuentemente en poesía que en prosa.
La prosa, si bien hay mucho osado, al ser más larga y requerir más esfuerzo, como que se salva bastante, aún.

Igual, toda esta perorata con la que te acabo de aburrir, es para refrendar aquello que cité primero.
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