El estado inconcluso




Las etapas terminan.

Algunas, sin embargo, se hacen eternas y no acaban nunca de exigir sobre nuestra capacidad de soportar.

Otras semejan un resplandor de esos que se perciben apenas con el rabillo del ojo y al girar la mirada para buscarlo, ya no existe. 

Quedan en la memoria como algo entre lo real y lo irreal, algo que pudo ser verdad o que nuestro deseo de ello convirtió en instante, para que, en algún sitio, eso que deseamos fuera posible.

Las etapas terminan. Todas terminan. Hasta las interminables.

Terminan pero nada se detiene.

Desde aquí observo ese mar que soy y que se va y regresa, lo mismo que la vida va y regresa desde el futuro hacia el pasado, como buscando donde enganchó los bordes que todavía le impiden deshacerse y finalmente desaparecer.
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