El último elefante blanco

Hay cosas que soñar.
Hay magias en que poner los sueños.
Hay sueños llenos de magias que llevar a la realidad de lo imposible.


Y sin embargo, uno se desasna. Uno aprende que creer es una cuestión de no cuestionar, de no preguntar, de no saber.


Ojos que no ven, corazón que no siente, siempre decía mi abuela.


Yo me jacto de tener un corazón que se hizo piedra. Me jacto de esta fuerza incorruptible que tiene todo desesperanzado.

He puesto, sin embargo, mi latido a creer en ciertos elefantes blancos.
Es este amor por África lo que me vuelve un analfabeto de la vida.

Los elefantes blancos son tan raros que no existen más que en los deseos.

No consigo matar del todo este desesperado deseo de creer, mientras veo morir al elefante blanco en que creía.

No sólo lo he cazado en sus reductos.
Lo he matado, aquí, en mi corazón, que se muere con él, como en un cuento contado por masais.
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Chocolate bombón