Apendicitis crónicas (las páginas colgantes)

Teoría de la prosa -irresponsabilidad del verso -imaginación del ensayo -incertidumbre de la reflexión

En presencia de D.os

Cae el amanecer sobre los cuerpos.

Mis hombres y yo parecemos escombros de polvo.

Me tiro en el camastro como estoy y pienso: te estás haciendo viejo, te quedaste sin esperanza y la vida te empezó a doblar el espinazo ¿Hasta cuando pensás resistir esperando que regresen los milagros?

Me duermo sin la luna. Me duermo boca abajo. Me muero sobre la colcha inmunda y el olor a sudor, desnudo y brillante como un animal desollado al que le tiemblan los músculos sangrientos.

Me duermo y en ese espacio entre la agonía y la desaparición, la siento como un movimiento que se introduce sobre el costado de mi corazón y se acomoda sedosamente tibia, con un empujoncito de resucitación al que no atiendo.

Desaparezco en lo exhausto de mí.

*

La humedad me despierta.

“Carajo, me acabé, me tengo que cambiar el calzoncillo”, pienso, en el semisueño de la eterna vigilia y giro un poco, palpando la mojadura debajo de mi pubis, pero mi mano choca con la gata.

La descubro. Entredormido la descubro ahí, pugnando por pegarse a la dura curva que mi cuerpo le ofrece.

- ¿Estás pariendo, Mook iss?

La sola idea de que no sea semen y sea líquido de parto me despierta del todo.

Y ahí está.

- ¿Estás pariendo encima mío, hija de puta?

La levanto como se levantan las cosas que se rompen. Me siento enorme y torpe, casi bruto, mientras la llevo al nido que preparamos con Roig.

La acaricio.

- Este es tu nidito, putita. Parí acá, no encima mío.

Me quedo un rato en que ella me mira con sus ojos redondos y marrones, acuclillado al borde de los trapos. La acaricio casi sin rozarla. Pienso que mi mano es tan brusca, tan ruda, que puede hacerle daño.

El cansancio que traigo me marea.

Me vuelvo al catre y desde ahí la miro, hasta que los párpados se me cierran.

*

Otra vez.

El cuerpito pegado. El ronroneo. La cabeza que me busca la mano.

- Mook...ya tengo suficiente mierda en este catre...Vamos a tu nidito.

La levanto. La transporto.

Pasamos media hora yendo y viniendo del catre al nidito y del nidito al catre.

Al final me tiro sobre el piso junto al nido.

- Me quedo...me quedo...me quedo con vos.

La tierra se me pega encima del sudor, me pica, me raspa. Extiendo la mano. La apoyo sobre la pancita contraída de la gata.
Y ella empieza a parir.




Una hija y dos nietas.

3 comentarios:

  1. Dos hembras más... no sé si vas a poder con las tres.

    Me encantaron las fotos.

    Un beso, Comanche.

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  2. Faaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
    ¿Así que de canto, eh?

    Lo que yo te diga, negro.

    Nada empuja como la vida y nada compensa tanto.

    Enhorabuena, señor Akhenazi.

    ResponderEliminar
  3. Ya vieron, leidis.

    Quién me ha visto y quién me ve.

    ResponderEliminar

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Irse muriendo (lástima que el reportaje sea de Víctor Hugo Morales)

Hubo algo de eso de quedarse petrificado, cuando vi este video. Así, petrificado como en las películas en las que el protagonista se mira al espejo y aparece otro, que también es él o un calco de él o él es ese otro al que mira y lo mira, en un espejo que no tiene vueltas. Y realmente me agarré tal trauma de verme ahí a los dieciseis años, con la cara de otro que repetía lo que yo dije tal y como yo lo dije cuarenta años antes, que me superó el ataque de sollozos de esos que uno no mide. Cómo habrá sido, que mi asistente entró corriendo asustado, preguntándome si estaba teniendo un infarto. A mi edad, haber sido ese pendejo y ser este hombre, es un descubrimiento pavoroso, porque sé, fehacientemente, que morí en alguna parte del trayecto.

Poema 2



"Empapado de abejas
en el viento asediado de vacío
vivo como una rama,
y en medio de enemigos sonrientes
mis manos tejen la leyenda,
crean el mundo espléndido,
esa vela tendida."

Julio Cortázar

Mis viejos libros, cuando usaba otro seudónimo y ganaba concursos.

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edición bilingüe 1a. edición