La voz incompatible



Quizás tuve alguna estúpida ilusión con ella. Estúpida en el buen sentido de ilusión que se precie. Ya la ilusión en sí es una estupidez, así que con mayor vigencia corre eso de una ilusión estúpida. Catalogándola previamente de ilusión estúpida, me molesta menos la condición de iluso.

Pero en rigor de verdad, algunas veces busco en los armarios un aroma que me vuelva bueno, algo que me quite de mis caos la tantas veces superpuesta sangre, un ser distinto que salga de una rosa, perder momentáneamente todo el lado salvaje en una tentativa de caricia, olvidar los paréntesis sombríos para aprender los nombres de otras cosas que no sean oscuras, permitirme ser un rato cursi.

Vuelvo enseguida en mí.

Soy yo y mi tontería de imaginarme en mapas con tesoros de otros, la veta de escritor que cruje emparedada detrás de la miseria del hombre en el que habita, el idioma en que hablo, tan falto del optimismo natural de la ignorancia o es esta posición de haber vivido siempre entre la muerte, la que me aleja de todos y de todo aquello que quiere continuar estando alegre.

A veces intento tener expectativas como la demás gente, poner en algún otro la esperanza, intentar creer en él, ser diferente, fácil, compatible. Pero no lo consigo.

Parece que nunca van a terminarse las sirenas. Se ha vuelto hiriente el aire.
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Chocolate bombón