Overbooking

La primera vez que me dijeron que tenía que subir a uno de esos, fue en Senegal.

Cuando lo veías aparecer no sabías lo que era.

Se veía una cosa gorda que avanzaba entre una polvareda media roja. La cosa parecía un paquete de serpentinas de todos los colores imaginables, que venía bamboleándose por un cauce que con muy buena voluntad podríamos llamar "camino de tierra".

No se sabía si era un bondie, un camión o un montón de personas de un circo, que se llevaban unas en hombros de otras. Tal era el apiñamiento.

Yo había caminado no me acuerdo ya la cantidad de kilómetros en ese dulce calorcito africano y los pies adentro de las botas parecían dos escuerzos que se devoraban a si mismos.

No sé como conseguían hacerte lugar los que ya venían apelmazados, casi fundidos unos con otros porque se te perdían entre tantos tus propias partes anatómicas, pero te hacían espacio.

Ahí en la parada esa éramos como siete u ocho.

Yo fui a parar al techo, con dos camaradas senegaleses, porque hasta en el techo se viajaba y creo que todos los pasajeros además del chofer también prefirieron tenernos allá arriba antes que cerquita.

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Chocolate bombón