Apendicitis crónicas (las páginas colgantes)

Teoría de la prosa -irresponsabilidad del verso -imaginación del ensayo -incertidumbre de la reflexión

Diario somalí

La visión periférica

- A ver si consigo entenderme contigo, tío... Que me pones de los nervios... Nosotros no estamos en guerra ¿entiendes eso? Somos un refugio sanitario, no un campamento militar... Estamos para garantizar atención sanitaria a estas personas, no para salir a emboscar a los que están afuera para que nos dejen tranquilos aquí.

Me ataca apenas piso el círculo, pero yo ya no discuto con Angélica. Opto por no escucharla, como un marido cansado de la contaminación sonora que le provoca la constante voz de su mujer hablando tonterías que no medita.

Descargo, automáticamente, mi parte de las cosas que trajimos de afuera.

Ella ya notó que me importa muy poco lo que diga, por eso insiste.

Me deshago de la mosca Angélica con un manotazo que la empuja y casi la tumba sobre los bultos que descargan los australianos.

Es como si el rigor hubiera dividido nuestras frecuencias interiores y cada uno defendiera su parte sin entender la otra.

La sujeto antes de que caiga. 

La sujeto delante de mis ojos y ella dice: ayyyy ¡qué bestia eres!, y se sacude de la presión de mi mano en su brazo delgado.

- Es lo que vos quieras pero está en medio de una guerra. Le querés llamar “puesto sanitario, campo de refugiados, estación de trenes, cementerio, la casa de tu abuela”... llamale como se te canten las pelotas a vos, pero está en el medio de una guerra y justamente esa es la razón de su existencia.- digo.

- Pero no puedes salir a matar gente para conseguir suministros, tío...¿Dónde se ha visto eso?
- Así es la guerra, muñeca...Así es la guerra.

Ella se enfurece con mis respuestas. Frunce los ojos como dos rayas tiesas y me acribilla de pequeños odios gestados en el conocimiento de las verdades simples que se obstina en marginar del hecho cotidiano de la sobrevivencia.

- Hace la negación – repite lo de las otras veces Matithiau.

No es la primera discusión entre ella y yo que termina en violencia.

Estamos sobrepasados, todos. Y la Amisom no llega por el mapa de las largas desesperaciones, con algún cargamento que nos aporte ayuda. Nada llega. Solamente refugiados.

- Es verdad, doc. No hay otra forma de hacerlo...el mundo se ha cansado de Somalia.- dice el japo y me saca de ahí.

Dejamos en manos de los médicos lo que acabamos de tomar al enemigo. Nosotros nos quedamos con las armas, porque el enemigo ya no las necesita.



Diario somalí


Vasos comunicantes

Uno de los periodistas es holandés y habla un inglés mediocre. Es joven y como explicó, pertenece a una publicación modesta. No aspira al Pulitzer aún.

Los periodistas de las grandes ligas ya no vienen a Somalia. Por ahí aparece algún descolgado de la BBC, porque a los británicos les gustan los documentales que después hacen circular por Discovery, pero lo común es encontrar gente que no le importa a nadie si también – como los refugiados - se pierde en la sabana.

Acá se desaparece. Sencillamente, se desaparece. Y así te colecciona tu país: por desaparecido.

El otro periodista no sabemos de que nacionalidad es. El holandés tampoco sabe, porque ni él que lo trajo ni nosotros, conseguimos que diga una palabra. Está ahí, sentado como un buda deforme, con la vista fija en algún punto que solamente él ve. Shockeado, inamovible, desconectado del resto de la vida.

Parece que el holandés se hubiera traído una escultura y la hubiera descartado en ese rincón donde la escultura sigue, patinada de moscas y observada por los ojos de los niños, que se detienen delante de su formato inmóvil, como no comprendiendo si está vivo o en realidad, el holandés se trajo un cuerpo fósil.

Hay que obligarlo a beber, pero no come.

Le untamos la pasta de alimento en los labios pero él no se relame.

No lo culpo. La comida es una cosa cuanto menos extraña en sabor y en consistencia, aquí.

Hay una niña que llegó sola, persiguiendo a una familia de su aldea. Ella se sienta con él y le canta.

Todo el día le canta.

Todo el día le canta.

Cajita con campana


no quiero irme hablando de piedrazos
ni de ese idiota pronóstico del tiempo de apatías
que choca contra mí
una vez y otra vez
constante y dictador del no deseo

no quiero irme escupiendo salivazos amargos
de cansancio pastoso
de aburrimiento inmune a todo estímulo
de desgaste y silencio complaciente

no quiero irme pensando que encontraré la luna
moribunda en los bordes de una noche promiscua
como un ser cauteloso que espía los sudores
y tiembla de anorexia

no quiero irme así
como si huyera de todos los diagnósticos de espanto
y el mundo se quedara descalzo en su sindrome
con mirada vacía
o sonrisa de estrecha concurrencia

no quiero irme pensando que abandono
que estoy tan esclerótico como desengañado
y ya no hay más que dar
aquí
en esta caja llena de confites que envenenó Pandora

quiero pensar que habrá algo que decir
algo para llevarme a la nariz el día de la pólvora
o una palabra que volver un rezo
como un hilo con nombre de promesa

pero a veces
casi trazo el gancho de renuncia
a la rutina de la tontería y pienso que ya nada es majestuoso

ahí
desde el punto en que el hartazgo hierve
pienso en tu nombre de campana gótica
y aunque no me lo creas
alzo los pies y sigo
por
si
acaso
sea esa la senda del regreso

Espasmos

Ella se abre lo mismo que un durazno prisco.

La humedad que sale de su interior va ganando territorio.

Ella se abre sobre el color blanco.

Se separa, para que ese salino rezumar moje la entrega.

Dentro del vientre, hay una furia sorda que la muerde.

Se agita el corazón, cautivo y loco.

Entonces ella se arquea hacia adelante mientras contiene el aire una vez más.

Los sollozos la ahogan. Igual escribe.


(De: Nueve escenas de sexo -  Microcuentos - ed.  2008 )

El asunto del rol en la narrativa convencional




Cuando un escritor enfrenta el desarrollo de la idea narrativa y debe comenzar a plasmar todos los detalles que compondrán el texto, descubre que el trabajo de explayar una idea tiene resortes mucho más complejos que no se contemplan dentro de la idea original, que es lo mismo que una semilla.

Un escritor tiene una idea o sea una semilla. Sabe por ejemplo que es una semilla de cerezo  y tiene más o menos una idea “normal” de cómo es un árbol de cerezo. Ese será su marco. Pero luego, cuando comienza a germinar la semilla, resulta casi imprevisible la cantidad de brotes que surgen a medida que se enlazan las acciones entre los planos y sus habitantes.

La narración es algo prácticamente imprevisible, incontrolable inclusive hasta para el autor que de lo único que es dueño, por volver al ejemplo anterior,  es de “una semilla de cerezo” que “teóricamente” por ser una semilla de cerezo dará un árbol de cerezas, aunque a veces, ni ese postulado se cumple y aparecen otras frutas colgando de las ramas.

Por ser la narración un trabajo de relativa longitud, es una especie de monstruo autofecundante, que se gema a si mismo en cada oportunidad que tiene de concebir un orgasmo, así que el escritor enfrenta ese imperioso afán copulador que tiene el ente con el que trabaja. Por ejemplo, los roles protagónicos.

El autor normalmente parte de la trilogía : protagonista, agonista, antagonista y seres anexos que pueden ser diferentes o comunes a las tres posiciones de rol protagónico.

De repente y a mitad de trama, advierte asombrado que el planteado como “antagonista” es tan rico en matices, tan complejo psicológicamente y tan especial en sus acciones, que comienza a opacar al protagonista o por lo menos, a resplandecer a su par de tal manera que el autor  -mientras termina de darle forma a esa novela - ya se ve exigido por esa otra personalidad naciente a escribir una nueva, en la que ese original antagonista se transforme en protagonista.

También sucede con algunos personajes secundarios que no pertenecen a la trilogía, pero, que, en un punto dado, es tal el clima creado a su alrededor o tan oportuna y fascinante su intervención, que el autor comienza a buscar las causas de ese “desborde” y termina asombrado por las virtudes de un personaje con el que capítulos antes no contaba.

Y también sucede el hecho inverso.

El protagonista resulta ser un anodino intrascendente del que es prácticamente imposible remontar la personalidad y queda allí, tristón y sin rasgos, abúlico y desteñido.

No se trata de imprimir personalidades ponderosas a los protagonistas y obligarles a mantener el tipo, porque con el transcurrir de los capítulos, ellos mismos demuestran sus facetas desconocidas y humanas y van transformándose, mal que nos pese, en lo que realmente son.

El autor bosqueja a sus personajes. No los conoce, realmente.

Abre una caja con varios muñequitos, los bautiza, los pone en un retablo y ellos, extraordinariamente, cobran vida a medida que oyen el tiqui-tiqui-tiqui de las teclas y empiezan a escribirse, prácticamente, solos.

El autor que no permite que sus seres imaginarios (aunque sean reales, dentro de la cabeza del autor son seres imaginarios) se desarrollen y trata de luchar e imponerles personalidades a sus ficciones humanas, rara vez resulta convincente.

Esa es la magia del trabajo literario narrativo: la espontaneidad de lo que el autor no conoce de sí mismo y que se plasma como un acto místico en el papel.

Un autor que pueda conseguir que la novela “se escriba sola”, será ampliamente versátil y podrá explorar y explorarse, en todos los tipos de género y con todo tipo de argumentos.

Los personajes jamás mienten.
Son los autores los que, como quien domestica a un tigre, los obligan a mentir a fuerza de rigor, siguiendo un argumento.

El argumento es solamente la tierra del camino. Todo lo demás es la magia que nace del don y que es inexplicable para quién no la haya experimentado.

Todos los hombres estamos llenos de seres que desconocemos.

El escritor les permite hablar de sus historias. Es el ghost writter de su propia pluralidad.


(De: Ensayos narrativos sobre narrativa - Cuadernillos  - 1992)

El diablo en armas




En realidad se entrena con pintura, porque de otro modo estaríamos todos muertos al día de hoy. Nadie tendría soldados en su ejército si todo fuera bala sobre el hombre.

Pero también se usa la bala, la que es de verdad bala, la munición que mata lo que se cruza en el recto camino del que es buen tirador. De otro modo, un hombre no aprende a cuidar su cabeza ni su culo ni tampoco a cuidar del compañero.

- Son cosas que pasan... Siempre pasan.- me dijo, se cuadró y se subió al helicóptero después de unas cuantas felicitaciones que Roig y yo tratamos de oír a pie firme y con cara de comandos, esos tipos automáticos que parecen Robocops en serie.

Los dos justificamos los lentes negros por el intenso sol siguiendo el ejemplo del de mayor rango, que comentó al llegar lo mismo que al irse ¿cómo aguantan acá con este clima?

Acostumbrados a todos los rigores, pusimos la misma cara impune las dos veces, con los ojos cubiertos por los lentes oscuros y la mirada detrás, parapetada.

El helicóptero de pronto se transformó en un pájaro guerrero y no lo vimos más.

- Vamos a enterrarlo.- le dije a Roig, pero los dos nos quedamos ahí, secos como dos palos bajo este sol diabólico, en este infierno extraño de las cosas que pasan porque sí.

Secos ahí, llorosos como chicos protegidos debajo de una sábana negra que oculta los caminos de entrada y de salida desde el miedo.

- Vamos sargento.- le volví a ordenar – Con este puto calor no quiero que encima se lo coman las moscas, carajo.

Él me dijo que sí, pero no nos movimos.

- Permiso para enterrarlo, señor. – me pidió Cáceres y levantó al cuerpo tapado aún por mi garibaldina.

- No. Lo voy a enterrar yo...Lo voy a enterrar yo.

El Líder dos llegó corriendo con la pala y me puse a cavar como en Somalia.

Tengo las manos duras y el corazón todo ampollado y me sale el juguito por los ojos y se mezcla con todo este sudor negro y brillante, que me impregna de una tierra que vuela, momentánea y reseca, como la volatilización de la alegría.

Todo el pelotón hizo silencio.

Le rendimos honores.

- Fue un accidente...saltó sobre la ráfaga...Señor, fue un accidente...

Cáceres me lo repitió cincuenta veces en cincuenta segundos y se puso a llorar.

Yo también sé que fue un accidente y que esas cosas pasan.

Roig armó una cruz de palo ¿le puedo poner una crucecita, señor? y la clavó encima de la tumba de mi perro.

(De: Hojas de sombra)

Lenguaje corporal

Desde el pecho hasta el pubis o mejor aún, desde ambos pechos hasta el pubis, hay una linea plana y adherente, sincrónica. Dos planos que deslizan, en una sola unidad.
Ella de espaldas y él, contra ella, de frente.
Con los ojos abiertos. Frente a frente.

Las derechas se aferran como una tensa proa que sale de la forma en movimiento, hacia un hueco en el aire.
La otra mano de ella es un arañazo persistente encima de los tendones de la nuca de él, rígidos y erguidos en la posición de dominancia.

Siguiendo la cadencia del movimiendo, la hembra alza una pierna.

El muslo sedoso, envuelto por una media negra, acaricia con su parte interna la cadera del macho y baja, enredada, en un deslizamiento cromático, lento, detenido aún mientras perdura en la tensa efectividad del movimiento.
Despacio, se prolonga el instante en que la respiración acorta la distancia.

Después, como si tuviera algo de súbito, ella se arquea y la sostiene él, impidiendo que se deshaga la unión entre sus sexos.
La sostiene en el arco sereno de su brazo, mientras ella, rasgándole la espalda, recupera con suavidad de gata el equilibrio.

Termina el tango.

Cada uno regresa a su apartado.

(De: Nueve escenas de sexo - ed. 2008 )

Ut supra


Comics



Estábamos así, sudados y hediondos y jóvenes aún, echados sobre el “pasto bermuda” que él había conseguido implantar en el jardín que también había conseguido fundar sobre lo árido.

Habíamos corrido 14 km sin parar, por eso de demostrarle el uno al otro el poder que posee, la fuerza que posee, y que si quisiera y sólo si quisiera, puede ser el que domine de ambos.

El amor es perverso en algunas cuestiones y tiene muchos rasgos de psicópata.

Estábamos así. Dos cuerpos vigorosos, llenos de sangre fuerte, respirando ese espacio de grama y cielo de bruñido cegador, por donde parecían siempre a punto de caer del vuelo, veloces pájaros del color del barro.

No hablábamos y sólo nos olíamos.

El calor que emanaban las pieles asoleadas nos aproximaba como una espesa crema condenada a enmascarar las formas que lentamente cubre. Nos transformaban ese calor y esa pestilencia sudorosa, en una sola pasta inmóvil, allí, que se rozaba sin rozarse, que se vivía sin vivirse, que se amaba.

Él ladeó la cabeza y me observó negándome a mirarlo.

- Pensé que ibas a aflojar.- me dijo – Ya cumpliste cuarenta.

Yo no lo miré. Le dije: No. Por toda palabra le dije que no.

- ¿Vos pensaste que iba a aflojar yo?

- No.

- ¿Por qué? Ayer me cuestionabas el buen vivir.

- No. No te cuestionaba eso, Pichón. Me entendiste mal.

- ¿Y qué me cuestionabas? – quiso saber él.

- No te cuestionaba...En todo caso son cuestiones que me planteo yo, cuando te miro.
- Sí, pero en un momento me llamaste Bruno Díaz.

- Sí...¿Sabés quién es Bruno Díaz, no?

- Batman.

- Sí, Batman...Yo me pregunto si tener tanta, pero tanta plata, como tenés ahora...no te transformó en un Bruno Díaz...

- No te entiendo.

- Un tipo podrido en plata, que aburrido de tener éxito en los negocios, no encuentra mejor pasatiempo para sacudirse la modorra que jugar al superhéroe. Eso es lo que vos estás haciendo...Te salís a partir la cara por cuatro pobres, arriesgando la vida...al reverendo pedo.

- Es lo que me enseñaste vos.

- Pichón...yo no estoy podrido en plata ni hago negocios fabulosos ni pago por un toro una cantidad tan enorme de dólares, que si se la diera a esos pobres, los haría ricos.

- Lo tuyo es peor. Yo por lo menos conozco a la gente por la que me parto la cara. Vos vas a matar y a que te maten en lugares que ni siquiera tienen un nombre para que yo te pueda mandar una carta. Yo seré Batman, pero vos, seguro, sos Conan...por no decirte que te vas transformando, sin prisa pero sin pausa, en Boggie el Aceitoso.


(De: Psicoámbitos)





Búsqueda de aurora





estoy en la pasión de los candombes
como Pepe Mujica
viviendo muchas vidas todas juntas
sin repartir los daños

y sigo vivo aún

con cicatrices sigo pensando qué bien huelen los árboles
con cicatrices canto cuando corro
con cicatrices pienso entre las piedras
con cicatrices hablo con los diablos

frente a esta condición de manatí
no tengo otro predador que el hombre

nado mucho porque me gusta el agua
como si fuera un feto codicioso
tibio y flotante animalito
frágil
alejado del bloqueo aéreo

sonajero de balas y semillas
palo de agua amazónico
pedregal
salitroso como los resplandores
camino por el mundo

peregrino tenaz del agua escasa
de los niños curiosos y de los hombres áridos
apenas soy un paso a paso inmóvil

o un hebreo

que se baila la pena en los tambores
sin alcanzar el núcleo del olvido

Focalizar la hartura

¡Los idiotas tienen cada frases!

Fue cuando me dijo: Quizás es un Mesías. Ese que iba a volver. Usted es un ejemplo. No puede ser Apóstol. Quizás es el Mesías.

Yo, por supuesto, lo miré como a un esquizofrénico que se escapó del último frenopático de todas las historias de Gall.

¿Qué le iba a decir?¿Mire que soy judío?

Tenía respuestas para todo y para todos, porque la fe funciona de esa forma. La fe en la fe funciona de esa forma.

Y yo no tuve que decirle nada, porque él prácticamente me lo dijo todo: Jesús era un judío ¿qué le asombra? Era judío. De verdad ¿qué me mira? Era judío.

Le dije ya lo sé y pensé ¿loco, no hay hielo que le enfríe a este cura los delirios?

Después recordé que hay “curas y curas” como me dijo el Juez que puso cara de “soy del Opus Dei y vos son nadie, pendejo infame”, cuando le expliqué “el tipo me tocaba, quería que yo se la mamara y se puso malo, entonces...”

Hay curas y curas, dijo él.

Yo me callé, por la extraña prudencia del judío y no te metas con la católica que mata.

Miré para otro lado y él insistió con el Dios de los Ejércitos y qué sé yo que mierda.

Sólo después lo dijo.

- Usted, coronel, judío o no judío, primordialmente es hombre. Y es más, coronel...le pese o no le pese...es un hombre bueno y es un Varón de Dios. Ocupe su lugar, que está vacío y en este mundo pequeñito, es necesario.

No le pude decir que soy ateo. Ni siquiera, cuánto me estremeció el daño que me hizo su palabra.

Literalmente, no supe que decir.

(De:Hojas de sombra)

Chocolate bombón

Participan en este sitio sólo escasas mentes amplias

En tu cuarto hay un pájaro (de Pájaros de Ionit)

Un video de Mirella Santoro

SER ISRAELÍ ES UN ORGULLO, JAMÁS UNA VERGÜENZA

Sencillamente saber lo que se es. Sencillamente saber lo que se hace. A pesar del mundo, saber lo que se es y saber lo que se hace, en el orgullo del silencio.

Valor de la palabra

Hombres dignos de buscan. Por favor, dar un paso adelante.

No a mi costado. En mí.

Poema de Morgana de Palacios - Videomontaje de Isabel Reyes

Historia viva - ¿Tanto van a chillar por un spot publicitario?

Las Malvinas fueron, son y serán argentinas mientras haya un argentino para nombrarlas.
El hundimiento del buque escuela Crucero Ara General Belgrano, fue un crimen de guerra que aún continúa sin condena.

Porque la buena amistad también es amor.

Asombro de lo sombrío

Memoria AMIA

Sólo el amor - Silvio Rodríguez

Aves migrantes

Registrados... y publicados, además.

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Feria del Libro de Jerusalem - 2013

Feria del Libro de Jerusalem - 2013
Café literario - Centro de convenciones de Jerusalem

Acto de fe

Necesito perdonar a los que te odiaron y ofendieron a vos. Ya cargo demasiado odio contra los que dijeron que me amaban a mí.

Irse muriendo (lástima que el reportaje sea de Víctor Hugo Morales)

Hubo algo de eso de quedarse petrificado, cuando vi este video. Así, petrificado como en las películas en las que el protagonista se mira al espejo y aparece otro, que también es él o un calco de él o él es ese otro al que mira y lo mira, en un espejo que no tiene vueltas. Y realmente me agarré tal trauma de verme ahí a los dieciseis años, con la cara de otro que repetía lo que yo dije tal y como yo lo dije cuarenta años antes, que me superó el ataque de sollozos de esos que uno no mide. Cómo habrá sido, que mi asistente entró corriendo asustado, preguntándome si estaba teniendo un infarto. A mi edad, haber sido ese pendejo y ser este hombre, es un descubrimiento pavoroso, porque sé, fehacientemente, que morí en alguna parte del trayecto.

Mis viejos libros, cuando usaba otro seudónimo y ganaba concursos.

Mis viejos libros, cuando usaba otro seudónimo y ganaba concursos.
edición bilingüe 1a. edición

and...me

and...me
Porque todos los cuervos alguna vez fuimos solamente pichones y durante cuarenta días volamos debajo del diluvio yendo y viniendo de la tormenta al Arca, los laureles siempre se los llevan las palomas.