Blanquear

Hoy amanecí como esa página con la que abre el Explorer.
No abre en Google. Abre en about: blank.

Insomne como un búho, más curtido que sabio y más acongojado que cazador nocturno, repaso los detalles de la edad, de la inercia, de los movies infames que he visto y de los más infames que he protagonizado, porque ya se nace para villano y salir del papel es como pelear contra el estereotipo que todos decidieron que te calza justo.

Hay ciertas cosas que los hombres deben pensar solos.

El espejo del antebaño es grande y ovalado. Casi un retrato de esos de casorio de abuelos, con marcos oscuros y labrados. Tanto marco para un Polichinela, pienso, mientras me reviso los sendos moretones que me dejó la puntera de la bota encima de las costillas.

Tengo un corte en el pómulo, un labio que parece haber caído presa de una mala inoculación de botox (y acá me entra la duda y ya alguna fémina me responderá si es botox o qué mierda, eso con que las mujeres se fabrican labios de Angelina Jolie) y los nudillos rojos y pelados.

- Caramba...parecés un tratado de Artes Marciales.- me dijo mi colega cuando le caí así, calamitoso como un virus que habla todas las pestilencias que haber nacido virus le provoca.

- El otro está peor.- le dije yo y mi colega, automático y autócrata exclamó:

- ¡Cómo habrá sido!

Los hombres pelean a trompadas.
Los hombres en nuestras condiciones pelean a trompadas.
Los hombres en nuestras condiciones regresan a su instinto primitivo.
Los hombres en nuestras condiciones responden a su furia de reptil.

- Ahora, off de record...¿íbas a disparar...le ibas a volar los sesos o no? Yo eso lo sacaría del informe. Lo dejaría en " hasta tenerlo dominado".

Yo no supe que decir (o mejor dicho sí supe, pero no convenía la verdad) y ahora rememoro como se pone la cara de boludo ambiguo que le puse.

Es la misma que me mira en el espejo enorme y ovalado.

Los ojos de ese boludo ambiguo del espejo no me reconocen bajo los spots, nimbado por la suave luz que vuelve a  los mármoles, con su suavidad, suavemente cremosos, como si en vez de un baño, fuera una ermita en un rincón de un templo.

- No. No dice tenerlo...dice "hasta sentirlo...- empecé a corregir.

- Entonces lo sacamos del informe.- se apuró a  interrumpir y consolarse mi colega.

Me guiñó un ojo de cuadro de escritorio, que es muy diferente de cuadro operativo.

En nuestras condiciones, los hombres aprenden de sus límites y en la guerra no hacen falta humanos.


No tengo que perder eso de vista.

Chocolate bombón