Apendicitis crónicas (las páginas colgantes)

TEORÍA DE LA PROSA - IRRESPONSABILIDAD DEL VERSO - IMAGINACIÓN DEL ENSAYO - INCERTIDUMBRE DE LA REFLEXIÓN

El diablo en armas




En realidad se entrena con pintura, porque de otro modo estaríamos todos muertos al día de hoy. Nadie tendría soldados en su ejército si todo fuera bala sobre el hombre.

Pero también se usa la bala, la que es de verdad bala, la munición que mata lo que se cruza en el recto camino del que es buen tirador. De otro modo, un hombre no aprende a cuidar su cabeza ni su culo ni tampoco a cuidar del compañero.

- Son cosas que pasan... Siempre pasan.- me dijo, se cuadró y se subió al helicóptero después de unas cuantas felicitaciones que Roig y yo tratamos de oír a pie firme y con cara de comandos, esos tipos automáticos que parecen Robocops en serie.

Los dos justificamos los lentes negros por el intenso sol siguiendo el ejemplo del de mayor rango, que comentó al llegar lo mismo que al irse ¿cómo aguantan acá con este clima?

Acostumbrados a todos los rigores, pusimos la misma cara impune las dos veces, con los ojos cubiertos por los lentes oscuros y la mirada detrás, parapetada.

El helicóptero de pronto se transformó en un pájaro guerrero y no lo vimos más.

- Vamos a enterrarlo.- le dije a Roig, pero los dos nos quedamos ahí, secos como dos palos bajo este sol diabólico, en este infierno extraño de las cosas que pasan porque sí.

Secos ahí, llorosos como chicos protegidos debajo de una sábana negra que oculta los caminos de entrada y de salida desde el miedo.

- Vamos sargento.- le volví a ordenar – Con este puto calor no quiero que encima se lo coman las moscas, carajo.

Él me dijo que sí, pero no nos movimos.

- Permiso para enterrarlo, señor. – me pidió Cáceres y levantó al cuerpo tapado aún por mi garibaldina.

- No. Lo voy a enterrar yo...Lo voy a enterrar yo.

El Líder dos llegó corriendo con la pala y me puse a cavar como en Somalia.

Tengo las manos duras y el corazón todo ampollado y me sale el juguito por los ojos y se mezcla con todo este sudor negro y brillante, que me impregna de una tierra que vuela, momentánea y reseca, como la volatilización de la alegría.

Todo el pelotón hizo silencio.

Le rendimos honores.

- Fue un accidente...saltó sobre la ráfaga...Señor, fue un accidente...

Cáceres me lo repitió cincuenta veces en cincuenta segundos y se puso a llorar.

Yo también sé que fue un accidente y que esas cosas pasan.

Roig armó una cruz de palo ¿le puedo poner una crucecita, señor? y la clavó encima de la tumba de mi perro.

(De: Hojas de sombra)

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Irse muriendo (lástima que el reportaje sea de Víctor Hugo Morales)

Hubo algo de eso de quedarse petrificado, cuando vi este video. Así, petrificado como en las películas en las que el protagonista se mira al espejo y aparece otro, que también es él o un calco de él o él es ese otro al que mira y lo mira, en un espejo que no tiene vueltas. Y realmente me agarré tal trauma de verme ahí a los dieciseis años, con la cara de otro que repetía lo que yo dije tal y como yo lo dije cuarenta años antes, que me superó el ataque de sollozos de esos que uno no mide. Cómo habrá sido, que mi asistente entró corriendo asustado, preguntándome si estaba teniendo un infarto. A mi edad, haber sido ese pendejo y ser este hombre, es un descubrimiento pavoroso, porque sé, fehacientemente, que morí en alguna parte del trayecto.

Poema 2



"Empapado de abejas
en el viento asediado de vacío
vivo como una rama,
y en medio de enemigos sonrientes
mis manos tejen la leyenda,
crean el mundo espléndido,
esa vela tendida."

Julio Cortázar

Mis viejos libros, cuando usaba otro seudónimo y ganaba concursos.

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1a. edición - bilingüe