Apendicitis crónicas (las páginas colgantes)

TEORÍA DE LA PROSA - IRRESPONSABILIDAD DEL VERSO - IMAGINACIÓN DEL ENSAYO - INCERTIDUMBRE DE LA REFLEXIÓN

Marejada

 Detalle de apariciones


Aparición Valerosa no estaba mal anotada como Egido Libertario, sino que su apellido, de origen italiano, sufría la triste deformación de una pronunciación relativamente correcta: Valle Rossa, que a los oídos generales de la poca población del Cabo de los Incendios, sonaba tal como todo el mundo la llamaba: Valerosa, con una v pronunciada intensamente, una o larga, honda y heroica y una r apenas vibratoria.

Aparición Valerosa podría haberse llamado Milagros, ya que para el caso representaban uno u otro nombre, la misma extraña circunstancia de su nacimiento. Nació sin que la llamaran, como el último conato del afán reproductivo de su madre, ya entrada en demasiados años como para embarazos y llena de demasiados hijos como para querer más.

Aparición, valga su nombre, apareció cuando su madre cumplía sus cincuenta y cuatro años y se adaptó al ambiente familiar lleno de hermanos, con una soltura de perro y una habilidad superviviente de felino, afirmada en el mundo como una mata resistente y brava, a la que ninguna inclemencia parecía capaz de desenraizar.

A los treinta y seis años era una especie de flor inhóspita que no representaba en absoluto los años que tenía y que había aprendido el arte de las redes al quedar sola como estaba estipulado en su destino de la menor de los menores. Nadie tejía o remendaba los trasmallos como sus manos conseguían hacerlo, de modo que la subsistencia no le resultó complicada y se ganó la simpleza de su vida haciendo maravillas con los nudos de pesca y las hamacas de fibra de coco.

También, con la misma habilidad con que sus manos hilaban los trasmallos, había montado un negocio de artesanía marítima, engarzando y encastrando caracoles y conchillas de la muy pródiga fauna que la falta de progreso continuaba permitiendo reproducirse en Cabo de los Incendios.

Una vez al mes, uno de sus hermanos llegaba desde la civilización y llevaba toda aquella orfebrería natural a los lugares turísticos. Ganaba, así,  en una tarde, lo que en Cabo de los Incendios le hubiera tomado un año.

Aparición vivía acompañada de sus cosas.

Reproducía hábitos sin esperanza como un dulce modo de estar sin contacto con nada y en presencia de todo.

Sus hermanos, lejos o muertos - que según ella, era otra forma de lejanía - no la recordaban ni en las fiestas religiosas ni en los bautizos del ejército de sobrinos.

Solamente el vendedor de collares llegaba puntual el mismo día de todos los meses y le dejaba las ganancias compartidas y retiraba los nuevos abalorios que liquidaba a muy buen precio entre los turistas ávidos de souvenires tropicales.

Aparición no quería saber de otros lugares, ni siquiera cuando él le proponía mudar su espíritu artesano a sitios más redituables, donde la gente que está de paso, gasta más de lo que le importa en llevarse tonterías que no le sirven para nada.

Aparición sonreía con su boca de pez y comenzaba a pensar en otras cosas que no quedaban más que a su alrededor.

Durante mucho tiempo la había perseguido el sueño aquel que la marcó con los dolores, el día en que el amanecer la sorprendió con una explosión de sangre que le chorreó igual que chocolate aguado por los muslos y embadurnó la hamaca y el suelo.

En el sueño, ella estaba juntando conchillas en la arena espejada, cuando sus ojos vieron llegar desde mar adentro - desde tan mar adentro que era imposible que quien llegaba nadando no fuera un hombre pez - a un ser casi de agua, brillante como un lustre de aceite sobre una superficie de madera, con el sol poblándole los hombros y esa condición - que ella bien sabía reconocer de tanto oír historias - propia de los sirenos.

En el sueño, el hombre pez salía del mar, desnudo como un niño tallado en el tronco de un árbol. Seguramente había perdido su cola de sireno, mientras se transformaba para alcanzar la arena.

El cabello mojado se pegaba a su rostro y a sus hombros y el mar entero le cimbreaba en el suave tumbao del andar, como una condición de ya no tener cola y pisar con dos pies la arena reluciente.

En el sueño, el hombre que era pez y ahora era hombre, se le acercó tan cerca que ella sintió en toda la piel y en los pezones que se le endurecieron como caracolitos, los ojos. Eran dos ávidas piedras encendidas que se montaron sobre sus decisiones más primarias, como el cuerpo de madera mojada se montó sobre el suyo.

Entonces despertó. Entre retorcijón de entrañas y sangre que corría, despertó adolescente, para siempre.


(Fragmento de la novela)

6 comentarios:

  1. Es de lo mas bonito que he leído ultimamente.
    Desgarrador y a le vez tan libre...
    La vida a veces es una carcelera.
    El alma no...
    Y ese final atenaza y sonríe.

    Un placer leerte

    Besos

    ResponderEliminar
  2. Capitulazo, Comanche. Me gustó mucho este. Ya voy siguiendo todos los capítulos en Ultra. Tiene muy buena pinta.

    Oye, menudas garras tienen las gatitas nietas. Se nota que son hijas de gato montés. Ay la Mook Iss, aspira alto con los novios jajaja.

    Un abrazo, cuídate.

    ResponderEliminar
  3. Me alegra que te guste lo que escribo, porque no es otra cosa que la vida, con forma de novela.

    Te aseguro que la realidad supera cualquier obra de ficción, Leni.

    ResponderEliminar
  4. Y no te imaginás lo que crecieron las hijas de puta, Pipi.

    La Mook parece enana al lado de las hijas. Tienen unas patazas que te las regalo.

    Creo que el blog va más para textos cortos. No sé si voy a seguir con la novela acá.

    ResponderEliminar
  5. Tengo una cuadrilla de hermanos (cuatro chicos) que están lejos y no me recuerdan en las comuniones de un ejército de sobrinos (doce) y la vida me ha concedido una habilidad de superviviente felina, aunque no deseo siete vidas, que con una sola tengo bastante. Y esta novela, como es lógico, es una de mis elegidas para empezar a leerte. Aunque empezaré por otra: Sin puerta en la muralla. Éste lo he elegido por otra coincidencia: una piensa que tiene apellidos vascos y resulta que viene una pitonisa de tres al cuarto y te dice que mi primer apellido es hebreo y el segundo alemán, y el apellido hebreo dice que significa Puerta de cedro. Yo no tengo ni idea de hebreo, pero las coincidencias me parecen importantes como a Cortázar. Así que por ahí te empiezo... ¡Tendré que entrar por la puerta! Y si no, la pinto ¿Ganas de seguir hablándote después de mi empacho literario de Gavrí? Ya te lo contaré, pero apuesto, querido Cuervo, que ni tapándome la boca conseguirás quitarme las ganas...
    Un beso.

    ResponderEliminar
  6. Tus ojos están disociados de tu boca, Euria.
    Si los tomamos por separado, tus ojos son dos uvas blancas, rotas, y tu sonrisa es la sonrisa de quién está codiciando esas uvas blancas, casi un mordisco, de modo que tu cara presenta dos variables de la misma personalidad. En el conjunto no se aprecia la dicotomía, pero por separado, esas dos uvas rotas de tus ojos son viñedos incultos de uva esperando al sol y tu boca es una muralla llena de soldados que espera con paciencia al enemigo.
    Hay dos aguas contrarias en tu rostro.

    Marejada es un libro que escribí sobre la marcha, mientras me iban pasando las cosas en una semana que podría decir "casi ridícula" porque uno va a hacer una cosa y la resulta es cualquier huevada que no te permite disfrutar.

    La Muralla es otra cosa y es un libro al que le tengo un cariño especial por los aspectos que refleja. A veces los escritores tenemos apego a un libro que en realidad el público no recibe en la medida en que uno ama ese libro. Eso me pasó con La Muralla. No tuvo una gran repercusión, pero es un libro que habla mucho de mí.

    Todâ rabâ.

    ResponderEliminar

Participan en este sitio sólo escasas mentes amplias

Chocolate bombón

En tu cuarto hay un pájaro (de Pájaros de Ionit)

Un video de Mirella Santoro

SER ISRAELÍ ES UN ORGULLO, JAMÁS UNA VERGÜENZA

Sencillamente saber lo que se es. Sencillamente saber lo que se hace. A pesar del mundo, saber lo que se es y saber lo que se hace, en el orgullo del silencio.

Valor de la palabra

Hombres dignos se buscan. Por favor, dar un paso adelante.

No a mi costado. En mí.

Poema de Morgana de Palacios - Videomontaje de Isabel Reyes

Historia viva - ¿Tanto van a chillar por un spot publicitario?

Las Malvinas fueron, son y serán argentinas mientras haya un argentino para nombrarlas.
El hundimiento del buque escuela Crucero Ara General Belgrano, fue un crimen de guerra que aún continúa sin condena.

Porque la buena amistad también es amor.

Asombro de lo sombrío

Memoria AMIA

Sólo el amor - Silvio Rodríguez

Aves migrantes

Registrados... y publicados, además.

Safe Creative #1006060192036

Todos los derechos están reservados

Safe Creative #1209172351784

Feria del Libro de Jerusalem - 2013

Feria del Libro de Jerusalem - 2013
Café literario - Centro de convenciones de Jerusalem

Acto de fe

Necesito perdonar a los que te odiaron y ofendieron a vos. Ya cargo demasiado odio contra los que dijeron que me amaban a mí.

Irse muriendo (lástima que el reportaje sea de Víctor Hugo Morales)

Hubo algo de eso de quedarse petrificado, cuando vi este video. Así, petrificado como en las películas en las que el protagonista se mira al espejo y aparece otro, que también es él o un calco de él o él es ese otro al que mira y lo mira, en un espejo que no tiene vueltas. Y realmente me agarré tal trauma de verme ahí a los dieciseis años, con la cara de otro que repetía lo que yo dije tal y como yo lo dije cuarenta años antes, que me superó el ataque de sollozos de esos que uno no mide. Cómo habrá sido, que mi asistente entró corriendo asustado, preguntándome si estaba teniendo un infarto. A mi edad, haber sido ese pendejo y ser este hombre, es un descubrimiento pavoroso, porque sé, fehacientemente, que morí en alguna parte del trayecto.

Poema 2



"Empapado de abejas
en el viento asediado de vacío
vivo como una rama,
y en medio de enemigos sonrientes
mis manos tejen la leyenda,
crean el mundo espléndido,
esa vela tendida."

Julio Cortázar

Mis viejos libros, cuando usaba otro seudónimo y ganaba concursos.

Mis viejos libros, cuando usaba otro seudónimo y ganaba concursos.
1a. edición - bilingüe