Felación


Primero la mirada.

Él siente que la malla perfecta en la que está recostado es una red sutil.
Ella, desde su rincón, permanece agazapada.
Espera que él se adapte a esa cama infalible que ella le ofrece como una tentación adherente en la que lo mantiene, febrilmente agitado.

La mira otra vez y ella estira sus uñas.

Avanza de a momentos, observando como el cuerpo sujeto se estremece una vez y otra y otra más, acelerando el tiempo en el que no se producen los contactos.

Vuelve a estirar sus uñas y lo roza. Lo acomoda a su boca y en los ojos de ambos, los dos se multiplican.

Luego, le hunde en el vientre los quelíceros y se bebe su jugo.
La tela de araña deja de vibrar.

(De : Nueve escenas de sexo - Microcuentos- ed. 2008)
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