Diario del psicodrama




Psico II


La sarna y su perro se ovillaban delante del portón de la escuela.
Entonces salía Ramírez con la escoba, por el asunto del mal olor y el mal aspecto.
El perro se iba solamente un rato, hasta que quien se iba era Ramírez.
Rosa dejaba la oficina, cruzaba todo el patio y le ponía una bandeja de telgopor con alimento balanceado y una cazuelita de plástico de las de rotisería con agua, junto a la hoja izquierda del portón.
Al rato volvía Ramírez y veía eso.
Se iba a quejar con Rosa de que “alguien” alimentaba al perro. 
Rosa no se daba por aludida y repetía “échelo Ramírez” que era el discurso acorde con su puesto y agregaba “ es un foco de contaminación para los alumnos”. Lo hacía sentir inútil.
A mí me decía que le consiguiera un veterinario. Ella contribuía con el bolso para meter el perro adentro y transportarlo en la moto.
El camión que traía los bancos nuevos llegó temprano.
Cuando yo llegué, Ramírez estaba meta baldear la vereda.
Cuando llegó Rosa, Ramírez le avisó que ya se había deshecho del perro


*


Me crucé con el hijo de la vieja del depto 3 en el pasillo.
La vieja está internada hace varios días. Dice la del 2, que es la que la visita, que tiene un principio de neumonía.
El hijo de la del 3 se llevaba un espejo.
Había un flete en la puerta, con algunos muebles. 
Ya me había dicho Mirta que la vieja tenía un juego provenzal muy lindo, de los que no se consiguen más.
 Le pregunté por cortesía al tipo si la vieja se había muerto.
- Todavía no.


*


El kiosco de la Lucy es el único en el barrio que tiene todavía hojitas de afeitar.
Vuelvo y me encierro en el baño estrecho como una trampa.
Nunca limpio bien los restos que quedan en el lavatorio.
Así Mirta sabe que no me tiene que joder.
En la Edad Media se practicaban sangrías. En esa época pensaban que eso les sacaba el mal del cuerpo, les enseño a los guachines de la nocturna, hablando de feudo y burguesía.


(De: Diario del psicodrama - Breves historias  - ed.2008)
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