El mulo combatiente


En la extraña pelea ganó el mulo.


El mulo siempre gana
con sus dientes de mulo y sus coces de mulo,
sus orejas de mulo
y su capacidad de ser el único animal de carga
capaz de trepar la cordillera y no morir de angustia.


El mulo, el híbrido imperfecto, el que no es puro
pero es fuerte y tenaz,
el que se entrega al rigor 
y desafía los largos vientos blancos,
el que llevó cañones y camillas,
el que sobrevivió saltando abismos
con su tesón de burro 
y sus ágiles patas de caballo.


Abrile  a este mulo una cajita de sándalo luctuoso
donde momificar el brazo que ha quebrado.


Abrime una cajita
donde meter la sangre y la inconsciencia
y la fuerza y la fe
y la palabra que para mí es un arma
cuando me hago entender sólo escribiendo.


En el fondo
ya ves
Pandora desprestigia las cajitas humanas
donde cabe lo puro y la impudicia,
la fe fenomenal, la envidia, el deshonor
y el arte de dar vuelta un huevo frito
con una cucharita de madera.


Guardame en la cajita la victoria.
Haceme de notaria
 en mi tiempo sin próceres ni arte.


Y aquí estaré seguro.


Todos necesitamos cobijarnos
y no hay mejor lugar
que en tu costumbre mágica de verbos.





Elogio del mulo honrado - Comentario de Valentín Martín Martín - España
El mulo tiene mala prensa, al menos en mi país. Al mulo no se le reconoce lucidez alguna, aparte de su árida aportación a la creación animal. Y sin embargo la tenacidad del mulo llevando a lomos cañones o niños ha servido a la humanidad con una constancia fiel que se echa de menos muchas veces en los alazanes, tan inclinados siempre a la belleza arabesca de los alberos. La fidelidad del mulo a sus propios principios –resistir, resistir, resistir siempre- debería ser un ejemplo para la raza humana desde la que miramos al mulo con un encanto escaso.
Me gusta esta canción del mulo honrado.
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