Staff de planta


Ada Señal

La viuda de Lostsit es una rémora que según me contaron los que me cuentan todo, estuvo mucho tiempo con el culo apoyado en el mismo sillón que ahora soporta el mío.

Vuelve de vez en vez a este cubil, porque es nostálgica.

Añora espiar por aquellas cerraduras que manos voluntariosas removieron de las puertas viejas y por eso, no tiene más remedio que tocar el timbre de cuerpo presente.

Sinceramente, me cae para el orto y no consigo disimularlo bien, siquiera para evitarme la casta reprimenda de mi superioridad.

Tampoco sé el porqué de la repulsa que me trago en cuotas cada vez que la veo con sus ramos de tulipanes verdes decir iuju, sacudiendo la garrita enguantada de aquí estoy.

Si fuera útil, sería el primero en contratarla, siguiendo las hipótesis de viabilidad a las que intentan inducirme, pero no demuestra que lo sea más allá del hecho histórico de haberlo sido (teóricamente) para algún nostálgico de aquel entonces y que, seguramente, como todo hecho histórico, está teñido de su color de "época pasada fue mejor" que el bondadoso alzheimer facilita.

Yo tampoco le gusto a Ada Señal viuda de Lostsit.  Lo tengo por demás de claro, porque ella sí lo manifiesta cuando le viene en ganas, como buena hembra que se descontrola intentando parecer un macho que no le fue dado ser y se encuentra de frente a un macho al que sí le fue dado serlo.

Me contaron también que en realidad es “separada de Lostsit” y no viuda. Las malas lenguas en este conventillo problemático están al tanto de esas minucias erráticas.

Parece ser que Ada Señal un buen día abandonó a Lostsit tomando el tren de la mano contraria, pero yo no me meto ni me importa, aunque me contaron que Lostsit se las arregló muy bien sin ella, desde ya sin perjuicio de su asombro, porque siempre fue un tipo talentoso y de muchos recursos.

Como la superioridad también tiene ese dejo nostálgico que define a los grupos de ta-reas tumultuosos y sanguíneos que se han criado juntos para un objetivo determinado aunque luego se hayan disuelto, intenta inducir en mí la idea de viabilidad, ya sea por exceso o por defecto de objetividad frente a tantos tulipanes verdes con tarjetita y moño.

Lo que me jode de la viuda de Lostsit es esa añoranza excéntrica por Lostsit y ese perpetuo esgrimir que en otro tiempo Lostsit estaba por ella o con ella o como fuera que estaba Lostsit ya que ahora no está más que debajo de su cama de añoradora que trae tulipanes verdes a una notumba en la que no hay ningún Lostsit.

Mi animadversión pasa porque no veo en qué cimentar su leyenda.

Este es un trabajo en que la desprolijidad va reñida con el éxito y para agrandarse hay que tener con qué.

Si solamente lo que se puede esperar del operador es que se infle como una gallina, cualquier zorro se lo come y yo no pienso perder mi tiempo enseñándole a una gallina mañosa como se evita ser comida para un zorro.

 Ergo, que se vaya a tomar mate a la oficina de al lado y repase los manuales que se ve que no leyó, mientras estuvo deslumbrada por el cargo en las antiguas épocas de Lostsit.

(De: Del trabajo de a-gente y otras leyendas urbanas)

Fotografía gentileza de VetCare

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