De las cartas cerradas y otras incoherencias (toma VI)




Hémato - poiésico

Dentro de este lugar el silencio es un inmensurable eco que se hace maquinalmente pulcro en los rincones y ambiguo y anchuroso mientras flota pegado sobre el aire. 

La elección de hacer las cosas sucias me está permitida en el contexto de la desolación, como a la luz se le ha concedido volverse magia refractando en un prisma.

Se ausentaron las moscas y los peces son gotas de alabastro panza arriba, o redondeles de mecurio cósmico, enredado en el moho de un agua podrida por cadáveres.

Me lavo los pies en ese charco quieto, donde la bruma verde se ha adherido a la cárcel del vidrio y el olor a abandono trepa todos sus muertos a mi olfato.

Dejé morir los peces del demiurgo como murió la luz cuando trabé con maderas las ventanas que siempre dan al viento y abandoné las plantas a un desierto cerrado hecho todo de muebles y sin sol.

Profano los recuerdos como un bárbaro.
Dentro de la pecera caen lágrimas.

*

Sólo esta vacuidad.
Sólo este ambiguo soporte de destrezas.
Y el olor del poleo, el romero, la menta y tanta manzanilla que empalaga.
Sólo la soledad.
Sólo lo que está solo en un paisaje solo en el que soy el solo que existe solamente después de haber volado a 250 km por hora.
Hacerme viento.
Hacerme Sinaí.

Sólo desierto.


(De: Poiesis)
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