Las tribus

Las tribus - Poema y opinión de Valentín Martín Martín sobre Correccional de Pájaros


Ebrios de nada y su abolición diaria
tantos muchachos con sangre de ortigas y cuchillos
en vez de palabras  en las manos
o paz en las pupilas
caminan al destierro que es sólo una encerrona
porque el mundo rueda como si ellos no existieran
y está la tarde abismal de tigres indefensos.

Hay una derrota de siglos en su cuenta,
todos los días nacieron para ser sus adversarios
y no supieron nunca exactamente
de dónde viene la melancolía.

Los miro y no miento si digo
que no hay castillos  que destruir  porque alguien
negó su derecho a tener quince años
y un amor indomable.

No hay salida y lo sabemos
mientras los subsecretarios suben a las  azoteas
a otear perfumes
qué se puede esperar de los sueños desnudos
que quedan en la tierra con el corazón candente
de tanto olvido, de tanto olvido.


Cuando acabé de leer tu “Correccional”, supe que yo había tenido una infancia casi feliz, después de pasarme  tantos años pensando que había sido una puta mierda.

Luego te cuento y lo entenderás.

Aún desde una construcción  formal muy distinta, creo que el ejercicio literario de esta novela tuya entronca y emparenta con el que propuso la llamada generación española del medio siglo, donde Aldecoa, Laforet, Sánchez Ferlosio, Fernández Santos, Juan Gytisolo, Ana María Matute, Luis Martín Santos (el mejor de todos)  y otros llamaban a la puerta con un mensaje suave en apariencia en algunos pero que venía a romper el miserable nihilismo de aquellos años, o lo que es peor su travestismo hacia una literatura indigesta por amable. Ellos nos la  metieron doblada  con su aparente calma que luego resultó ser una bomba de relojería. Y les fue la vida en el envite  (a algunos literalmente) porque se agotaron pronto.

Hay diferencias, claro: aquellos rebeldes nos dejaron un recado  casi clandestino y el tuyo es demoledor, con una prosa desnuda y orgullosa de sí misma porque puede. Ellos escribieron todo con aristocrática pulcritud y tú lo haces con fiereza, pero los dos bandos coincidís tal vez sin quererlo en la misma conquista: bajar a la gente de bien del limbo y enfrentarla a la cara oculta de la luna, tan oscura como un dolor que se prolonga durante años y luego su eco ya nunca se va.

Estoy seguro de que de haber nacido antes y aquí, habrías estado entre ellos. Ahora todo es distinto, ya no quedan editores de verdad, se nos han ido muriendo y Lara prefiere siempre las novelas malas, por delante incluso de las mediocres (dios santo, Gabriel, si hasta premió a Maria Pau Janer con un río de millones).

Ha hecho de la literatura un negocio, por delante de la vocación que tuvieron Barral, Tusquets, Martínez, etc. y parece contento. Su voracidad económica le llevó a poner en pie en su día un periódico en Madrid  para un mercado de fanáticos o nostálgicos y le salió el tiro por la culata porque este país dejó de ser golpista hace muchos años. Y el periódico agoniza con una escasa difusión casi simbólica.

Lo peor es que México ha dejado de existir. Porque México fue antes no sólo un refugio sino una plataforma lanzadera desde la que Juan empezó a ser Marsé, por ejemplo.

Ves, ya estoy divagando. Tengo que decirte cuanto antes que tu novela tiene una declarada vocación  de  hendidura biográfica, pero que se instala en lo atemporal saliendo de un momento muy vivido y muy concreto para expandirse también mucho más allá de lo testimonial. Pasa del naturalismo al realismo crítico con un oficio congénito, y eso lo sabemos los que te hemos leído a diario y en otros palos.

Yo creo que resistes muy bien la tentación de caer en el tremendismo. Y no era fácil, porque aunque ni por un milagro se nos hubiese ocurrido pensar en que un  escritor como tú se aproximase siquiera a la edulcoración de Wets Side Story, en el tema de la marginalidad siempre se está sobre el alambre.

Tu novela es un golpe en la mesa, pero también una ensalada emocional que se digiere bien, porque el ser humano no es inmune a la atracción de la brutalidad cuando la noticia de esta rompe la cadencia de su insufrible banalidad diaria. Avanza muy deprisa, pero no tanto como para perder de vista a los personajes y estos son al final los que quedan, los que se levantan después de la lectura resistiéndose a la muerte y exigiendo ser memoria.

No sé si tu novela viene a llenar un vacío personal o una urgencia íntima en contarse,  que bien podría ser un exorcismo. Me parece que puede recibirse así, pero yo la veo también como un manifiesto que viene a responder al apetito informativo de muchos de nosotros que hicimos, como lectores, del realismo social una contrapartida contra el ensimismamiento lírico por el  que nos dejamos llevar demasiado a menudo en un mundo donde nunca nada es lo que parece. Y lo sabemos.

Este intercambio tan fecundo entre el escritor y nosotros, los lectores,  se debe solamente a tu intuitiva manera de profundizar en unas historias que, agrupadas o por separado, producen la conmoción de la sociedad que se creía casi perfecta.

No sé si tu novela cumple el sueño de algunos autores: cambiar la realidad de hoy contando el ayer, denunciarla, testimoniar simplemente.
Lo que sí es seguro es que has hecho pedazos la rutina.


Valentín Martín - España

(Sobre la novela: Correccional de pájaros)




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