Apendicitis crónicas (las páginas colgantes)

TEORÍA DE LA PROSA - IRRESPONSABILIDAD DEL VERSO - IMAGINACIÓN DEL ENSAYO - INCERTIDUMBRE DE LA REFLEXIÓN

Staff de planta


Revisión de rutina

—Los nombres importan poco. Lo que importa es el ser que por un momento ocupa ese nombre.

Desparramó sobre la mesa los doce pasaportes y la mujer le preguntó:

—¿De verdad habla todos esos idiomas?

Él recogió los pasaportes y los guardó. Podría haber dicho que sí, pero solamente usó sus ojos. Sus ojos, que siempre eran los mismos.

Face off es eso. No te traiciona el idioma. Te traiciona la voz de la mirada, pensó, mirando a la mujer.

—Los nombres importan poco– repitió después, cansadamente– La vibración del ser... eso que late...Eso es lo imposible de sobornar. No importa el nombre. El nombre es un momento. El ser es siempre. Aún dentro del papel que uno se asigne, estará ese destello de uno mismo.

El calor agobiaba las paredes del caserón y se extendía como una voz promiscua por pasillos y sobacos sudados y por paciencias sórdidas que se enojaban las unas con las otras, emulando animales sacados de la calle y retenidos sin importar la especie, adentro de una jaula de zoo, pestilente y estrecha.

—Podrían arreglar el aire acondicionado central. El tufo a nosotros mismos no nos permite respirar.– dijo él, en voz tan baja que mientras lo decía pensó que su voz era una gota, otra gota de su propio sudor, y la garganta resbalaba en ella.

—¿Usted habla todos esos idiomas?– insistió la mujer y se echó aire con unas fojas de sobre el escritorio.

Abanicó su voz preguntadora y él la observó callado, caluroso y estático como un lagarto cuya presencia entre las rocas delata solo un conato de respiración.

—¿Cuántos hombres mató?

—No importa la cantidad. Importa que lo sepa hacer. Como no importan los nombres. Nadie quiere un nombre que lo identifique más allá del que elige para ser identificado. Yo casi no sé como me llamo. Tengo que pensar como me llamo cuando alguien me pregunta. En general, doy mi último seudónimo. No los alias, el seudónimo ¿entiende la diferencia?

La mujer lo observó.

—Uno le pone el nombre que quiere a los fantasmas.– le dijo él, mientras ella desaparecía por la puerta.

La habitación retuvo dentro de sí al calor untado con un alias de silencio.


(De: Del trabajo de a-gente y otras leyendas urbanas)


2 comentarios:

  1. Interesante el tema de los nombres, el mio me resulta extraño, como ajeno. Cuestion de psicologia quizas.
    Un Abrazo y buen año.

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  2. Yo al final me quedé con el de mi abuelo. Creo que con este me voy a quedar hasta que la muerte nos separe.

    Un abrazo, Mati.

    Jag sameaj

    ResponderEliminar

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Hubo algo de eso de quedarse petrificado, cuando vi este video. Así, petrificado como en las películas en las que el protagonista se mira al espejo y aparece otro, que también es él o un calco de él o él es ese otro al que mira y lo mira, en un espejo que no tiene vueltas. Y realmente me agarré tal trauma de verme ahí a los dieciseis años, con la cara de otro que repetía lo que yo dije tal y como yo lo dije cuarenta años antes, que me superó el ataque de sollozos de esos que uno no mide. Cómo habrá sido, que mi asistente entró corriendo asustado, preguntándome si estaba teniendo un infarto. A mi edad, haber sido ese pendejo y ser este hombre, es un descubrimiento pavoroso, porque sé, fehacientemente, que morí en alguna parte del trayecto.

Poema 2



"Empapado de abejas
en el viento asediado de vacío
vivo como una rama,
y en medio de enemigos sonrientes
mis manos tejen la leyenda,
crean el mundo espléndido,
esa vela tendida."

Julio Cortázar

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1a. edición - bilingüe