Aquel no era yo








No es una película de ficción. Es un documento de identidad de la realidad que nadie ve.

Como el que figura primero "se privatizó y el que le sigue es solamente un avance, lo que quiero que la gente que lea este posteo vea, se puede ver directamente en esta dirección que le debo a Jorge Aussel haber encontrado:

http://www.malvin.biz/2013/08/ver-pelicula-aquel-no-era-yo.html

Cuando me tocó a mí una situación similar, yo les hablé de Maradona. Eso me salvó la vida, sin que suene raro, me salvó la vida. 




2003

En el sórdido centro de la tiniebla piensa en el sol, trata de recordar el sol, el último sol que vio antes de las lluvias así que cierra los ojos como buscando en el interior de ellos un telón de cine en que proyectar otras imágenes, pero solamente se le llenan de chozas arrasadas una y otra vez arrasadas ahora también adentro de sus ojos llenos de gente masacrada que también sus ojos masacran estando cerrados, una y otra vez, entonces los abre y los pasea por el campamento de niños soldado y se pone a pensar que los uniformes les quedan muy grandes, que parecen payasitos, que parecen disfraces de soldado eso que les cubre el esquelético hambre que padecen y están ahí como un bulto de guerra, mirando sin mirar alguna cosa, como maniquies de soldado que sostienen un arma demasiado grande para sus cuerpos exiguos, diminutos, desproporcionadamente flacuchentos.

La humedad se le mete en las heridas, en las magulladuras de los golpes y le duelen las manos hinchadas porque está muy apretada la ligadura que le ata las muñecas para que se quede quieto ahí donde lo pusieron y todo el que pase cerca tenga derecho o deber de pegarle, está en la duda de si esa facilidad es un derecho o un deber del odio, pero igualmente, todo el que pasa ejerce lo que sea y después se le queda mirando porque él también lo mira y en ese intercambio de miradas entre el vencido y su vencedor hay un código infinito de secuencias que relata la historia de los golpes y de la humillación y la venganza.

Antes le explicó a uno de los médicos que los niños son mucho más eficientes en combate porque no se hacen las cuestiones que se hacen los adultos, responden correctamente a las órdenes y tienen menos prejuicios a la hora de matar, lo toman como algo en cierto modo lúdico, explicó observando los ojos atónitos del mismo médico que ahora atiende precariamente en un hospital de hule que huele a podredumbre y de vez en vez le dirige los ojos del espanto para comprobar que él todavía está vivo ahí como si que él esté vivo les asegurara a los médicos la propia supervivencia mientras intentan remediar lo irremediable con los cuatro suministros hospitalarios que pudieron rescatar del camión incendiado durante la emboscada. Cuatro ineficientes suministros para entrar con ellos a esa jungla en la que no para de llover y él piensa que en cualquier momento esa carpa inestable va a ceder sobre los heridos, los amputados, los pútridos y los médicos. como un lago selvático que lave el olor a carne descompuesta y a dolor y se lleve la sangre hacia algún río.



Como tiene sed abre la boca con los ojos cerrados mirando hacia la altura y se imagina los árboles los pájaros las víboras los bichos, todos comidos por toda la tiniebla que parece más tiniebla porque está completamente mojada y hace ruido, un sonido insistente a muchos esqueletitos que cloquean, muchos esqueletitos pendiendo de las ramas y los troncos, haciendo un ruido unísono a huesitos de niño porque están, los médicos y él, entre un montón de niños esqueletos disfrazados de soldados con ropas en las que bien podrían entrar de a dos sus cuerpos y piensa mientras sonríe boca arriba recibiendo el agua en que el médico joven se orinó de susto, arrodillado, cuando el que es adolescente y manda sobre los demás mató al chofer, porque era de otra etnia, le tuvo que explicar al médico aterrado que le observó a él pero acá no hay adultos antes de que los separaran, tampoco hablan inglés, mejor hable en francés en rabí en chino pero no hable en inglés hágame caso y piensa en cuantos mundos pobres diferentes cohabitan en la monumental sentina del planeta mientras las gotas de agua le caen encima de la lengua y se relame las de las mejillas y se recuerda con los chuzos del Faby bailando bajo el agua después de la sequía y embarrándose todos como en un carnaval, cuantos mundos pobres diferentes, y abre los ojos para mirar el que tiene de frente y ve los ojos que se le han ido acercando por oírlo cantar debajo del agua pensando en como cantaron y se revolcaron en el barro con Fabián y su gente después de la sequía. Los ve. Son todos niños. Y uno le pregunta en qué habla, y él responde que habla en español, pero como lo responde en español aunque entiende ese medio francés en que habla el niño juega también con un medio francés y dice yeparléenespañol y todos se ríen porque los divierte la tonada y el mal francés porque ninguno sabe ni qué es el español ni donde queda Francia ¿cuántos años tendrán? ¿diez, once, doce? ¿quince tendrá el jefe? se recuerda a si mismo y por encima del grupo arracimado que llegó a mirarlo cantar como una curiosidad de circo ve a los médicos que luchan a la luz de un candil en un mundo de hule entre la selva como fantasmas condenados a ser visiblemente intermitentes, le chansón, dicen los niños y él vuelve a cantar lo que se acuerda que cantaron con Fabián aquella vez y mientras canta va inventando la letra porque siempre fue malo con la música y de repente todos cantan debajo de la lluvia y ya nadie ejerce su derecho de estar cerca y pegarle al prisionero. Todos cantan. Nadie pega. Nadie mata. Todos cantan. Todos salvan.

El jefe adolescente se ha acercado y lo mira con un gesto austero y solemne como una estatua intrépida. No baja el arma mientras los dos se miran y los demás que cantaban van callando como si guardaran un silente respeto a la puja de las dos miradas. El jefe le pregunta si es americano señalando con la boca de la AK el distintivo sobre el brazo porque la divisa no se parece a las que él conoce y además el prisionero no lleva el casco azul de las fuerzas de paz, ni casco lleva porque lleva boina, sudamericano soy por eso hablo español, argentino soy y en la noción del mundo que puede aventurar el muchacho frente a él aparece una sonrisa, ¿Maradona? pregunta extasiado por el descubrimiento, si del país de Maradona, si, entonces el jefe le explica siempre en un semi francés que antes de que lo reclutara la milicia él iba a la escuela y aprendió donde estaba Argentina porque él juega muy bien al fútbol y admira a Maradona. 

Él le responde ahora en mal francés. Le pide que lo deje ir a ayudar a los médicos que son dos porque se aprende hasta a hacer de médico en combate y el muchacho le responde que si él hubiera seguido en la escuela habría sido médico porque no quería ser sacerdote porque siempre te están haciendo confesar, ui ye sé responde y el jefe adolescente le corta las ligaduras con su cuchillo de monte, Maradona, Maradona, repite sonriendo mientras lo empuja para que camine hacia los dos médicos temblones a los que quiere ayudar y que lo miran. Le va diciendo que lo suelta porque conoce pocos soldados que cantan como ellos, ellos cantan, agrega y canta algo para que el soldado que habla en un idioma que el jefe no conoce pero que es el idioma en que habla Maradona vea que es cierto, después te enseño la canción que le escribió Rodrigo a Maradona, le dice él y se la empieza a tararear tal vez jugando pudiera a su familia ayudar, Maradó Maradó, olé olé olé Diegó Diegó, siempre fue tan malo con las músicas a pesar de Fabián porque ya para músico estás vos yo soy el escritor, mientras se junta con los médicos así que entre los tres ayudan a esa tropa de niños mutilados, heridos y quemados mientras el jefe supervisa de pie a medio mojar en una de las aberturas de la carpa.




Lo despierta el dolor.
Está tan aturdido que la primera imagen que recuerda es la de sí mismo sacándose la ropa y extendiendo hacia otra mano la número diez blanquiceleste que lleva siempre bajo del uniforme como cábala, para que siempre vuelvas le dijo Fabián cuando se la regaló. La ve colgando de su mano extendida en el aire, tomá, es la número diez, la de Maradona dice su propia voz en sus oídos pero todo da vueltas como en un mambo negro y le parece que en el fondo del mambo una voz familiar que no es la suya repite sin espanto, una carnicería, casi como un formalismo, y se mezcla con otras voces familiares, que quieres que te diga si no muy repugnantes los métodos de Harry y alguien agrega, si sucios y se ríe por si alguien entiende el chiste de la película, mientras todo se mezcla y otro insiste en que hay que llegar hurry hurry to the hospital o este se nos desangra, que te apures coño, que aceleres, eran todos chavales mamoncetes no entiendo eso de Harry no lo entiendo ser tan carnicero, que no diga que fue por salvar a Gabriel y a los médicos luego que lo hace porque es así gusta del estropicio, a todo su grupo de tareas le gusta eso de muchos muertos por donde pasan ellos, limpieza étnica dijo ¿para qué tanto negro? o no has escuchado que dijo eso y a este que no lo ha distinguido por moreno que le han metido más balas que las que se les puedan perdonar, es que este le ha tirado al Harry que no escuchaste nada cuando se lo contaba a Víktor que este se le ha enfrentado, por los chavales esos y ha tenido que cagarlo a tiros, que se han cagado a tiros mutuamente hasta que le han dado que ha dejado de disparar, que no escuchaste lo que contaba Harry que habrá sido porque estaba oscuro y este no tenía su arma que con una AK de los chavales, que como le va a cagar así a tiros al Harry que venía de rescatista, rescatista las pelotas rescatista que no has visto que no ha dejado a nadie sano para que cuente el cuento que ni este está sano y que barata la consiguió conociendo al Harry., que vosotros me vais a perdonar pero que yo al Harry le tengo en la garganta y no me va ni pa arriba ni me va pa abajo que por donde pasa queda un cementerio, que aceleres coño que dice aquí el doctor que se nos va el jefe pa otro mundo, que te quedes Gabriel, don’t worry, boy, don’t worry, look at me boy, look at me.

Tomá, es para vos campeón, y Fabián le enseña la camiseta de la selección nacional como si hubiera elegido para él al mejor de los escudos y después le dice que alquiló una película ¿qué película? Las cosas del querer, me la recomendaron y sonríe con cara de maldito mientras lo mira probarse la número diez, te queda bien ¿pongo la peli?, si un día yo me muero Faby..., me prometiste que no te vas a morir me lo juraste, pero igual Faby si un día yo me muero..., no te vas a morir no te podés morir, toda la gente muere en este mundo, pero vos lo juraste me lo juraste a mí, vos nunca me juraste que no te vas a morir Faby  ¿por qué siempre me hacés correr mancado?, ¿querés que te lo jure? , si Fabián quiero que me lo jures como yo te lo juré, no quiero, pero yo lo juré, pero yo no quiero jurar eso, no me jodas Fabián yo lo juré jurá como yo lo juré, no lo voy a jurar porque sos vos el que no se tiene que morir, andate a cagar Faby ¿qué decís? ¿ tenés idea de lo que voy a sentir yo si te morís Fabián la concha de tu madre?  pongo la peli Gabriel pongo la peli vos buscá las crackers y el champagne, la puta madre ¿querés brindar encima? , por la inmortalidad quiero brindar Gabriel por la inmortalidad.

Abre los ojos y lo primero que ve es al médico meón que le controla el sachet de sangre y le sonríe mientras le dice pensé que usted no iba a contar el cuento ¿duele? y él tiembla como si un frío le creciera por dentro y le impidiera controlar los músculos mientras escucha como el médico joven le relata lo que llama rescate, por un grupo de operaciones, no el suyo que llegó después, otro, ¿rescatados? piensa porque la cabeza no se le ordena y no recuerda el miedo aunque algún miedo previo debió haber y por eso está así, en ese estado de chucho calamitoso en el que se sacude conectado a la sangre y a la voz del médico como parte de la misma sensación, lo van a mandar de vuelta para que se recupere en su casa, insiste el médico y él no quiere preguntarle que pasó y dice no me acuerdo de nada o lo piensa o lo siente como todo ese dolor a quemada hinchazón que le atormenta el cuerpo, y por debajo de los párpados ve fogonazos que revientan alrededor como en una fiesta llena de cohetes que se desmorona sobre él o sobre ellos porque en esa marea fluctuante que es su mente sabe que hay muchos ellos alrededor antes de caer de espaldas en el fango ¿are you crazy? oye que grita alguien dentro de su cabeza que parece una bola de espuma que rebalsa y luego son of a bitch ¿are you crazy, man? y casi no alcanza a distinguir la figura que le apunta a la cara porque la única luz bajo la lluvia es la de los fogonazos y piensa si será como dice Fabián eso de que una luz te envuelve y te redime cuando te vas de nuevo al universo, si, a casa y cuanto antes hasta que baje el agua repite otra voz lo que ya dijo el médico mientras Iñigo le aprieta la mano vendada. Cierra los ojos y el médico murmura que estaba muy oscuro lo suyo fue instintivo no sabíamos que pasaba que fue instintivo defenderse que no sabíamos quien atacaba que nosotros estábamos atendiéndoles a los heridos cuando cayeron las primeras granadas que no se veía nada no se podía adivinar que pasaba con tanta oscuridad y tanta lluvia no se podía adivinar quien disparaba. Siente la mano de Iñigo, es por tu bien hasta que se apague el incidente y Víktor piensa que es mejor que no declares tú porque habrá un conflicto de intereses si la cosa trasciende porque va a ser difícil justificar tu participación. Nos emboscaron porque se rompió un eje, acota el médico que ya repitió un montón de veces lo que pasó con el camión de suministros y nos llevaron para que les curáramos a sus heridos no hubo más participación que esa por nuestra parte la de estar ahí en el momento equivocado bajo fuego cruzado y en la oscuridad y agrega repentinamente alegre, ah...le conseguí algo, pensé que la iba a querer cuando se despertara, le rescaté la de Maradona, dice el médico y le pone sobre el pecho, acribillada, la camiseta número diez de la selección nacional, el chico ya no la necesita, agrega y hace un último gesto de yo no estuve ahí.



(De: Lejaim - edición 2010)

Chocolate bombón