Apendicitis crónicas (las páginas colgantes)

TEORÍA DE LA PROSA - IRRESPONSABILIDAD DEL VERSO - IMAGINACIÓN DEL ENSAYO - INCERTIDUMBRE DE LA REFLEXIÓN

De las cartas cerradas y otras incoherencias (toma XI)

Gente como uno


Sí, un hijo de puta en toda regla, que cuando habla, suena mucho más soberbio de lo que en realidad es.

Pero claro, a un tipo que nació con una historia tan paradójica y anormal, no se le puede pedir que sea normal como los demás, cuando apenas puede ser normal a su manera.

La gente de historias normales no entiende la normalidad de otras historias que no se parecen a las suyas.

Tenía dos años y pico cuando lo abandonó su madre.

Era de noche cuando ella se fugó.

Lo encerró en el cuarto, en la oscuridad y le ató un pie a la pata de la cama,quizás por precaución, para que no la siguiera o algo así, como una forma de tenerlo a salvo o vaya a saber qué. Así que él intentó seguirla y se cayó. Se rompió la boca contra el filo de un mosaico suelto, en esa pieza oscura. Guarda el recuerdo del golpe, del gusto ese de sangre estrenada en los labios y de que lloró en la oscuridad.

Lo rescató una vecina, como un día después, cansada de escucharlo berrear.

Llamó a su abuela y tuvieron que saltar la tapia que separaba ambas casas.

Nadie encontró a su padre porque seguro andaba por ahí, escondiéndose con su militancia comunista a cuestas, en algún escondrijo de quién sabe.

El marido de la vecina saltó la tapia, también harto de que el chico de al lado no lo dejara dormir ni en toda la noche ni en toda la siesta, con aquellos berridos de cordero atado a la pata de la cama de sus padres, encerrado ahí, en esa habitación, gritando maaaaaa, maaaaa...

Le contó su abuela que él estaba ahí en el suelo, dormido y chupándose el dedo, meado y cagado, igual que un perrito. Frase elocuente de la abuela. Atado, meado, igual que un perrito.

La vecina, también le contó su abuela, que le dijo aquello de “Uno no sabe si meterse, porque cada casa es un mundo, pero hay que ver como le pegaba tu nuera al chiquito, Cata. Pero yo no sabía si decírtelo. Una no sabe si se tiene que meter en como una madre educa a su hijo”.

No recuerda que su padre lo haya acariciado, pero sabe que lo educó bien el poco tiempo en que vivieron juntos. Le dijo que si quería ser un buen hombre, fuera siempre honesto. Una visión muy sencilla de una verdad enorme.

Para que no fuera bruto como él “que tenía apenas sexto grado”, repetía las pocas veces en que se veían, le inculcó a cintazos la contracción al estudio, sin advertir que él ya tenía una pasión desaforada por los conocimientos y que era capaz de leer hasta los envoltorios de papel higiénico, debido a su desmesurado afán lector. Ahora que lo piensa, los libros y todo lo que estuviera escrito, eran otro planeta. El se mudaba ahí.

Su abuela era una mujer serena y triste, amante de la ópera y de misa diaria a la que lo arrastraba (circuncidado o no le daba igual) aspirando, supuestamente, a que en vez de escritor como pretendía la ingente vocación del nieto, lo hiciera Papa la suya por el catolicismo. Así él aprendió todos los rezos que se pueden rezar de rodillas, como lo hacía rezar su abuela.

A su padre lo mataron por ser un tipo incómodo como delegado obrero.

La abuela murió enseguida atrás de él, porque la vida ya la había gastado mucho y se le habían terminado las ganas de ser fuerte.

Nunca entendió por qué lo mandaron a vivir con su madre, las Autoridades del Menor. A veces uno está mucho mejor solo que mal acompañado, así que él estorbaba a su madre en todos lados y ella le hacía sentir siempre que era una “visita non grata” en esa casa que compartía con algunos machos de turno de los que se aburría tanto como de los hijos que tenía con ellos.

Como era el mayor de aquellos cuatro hermanos de cuatro padres distintos, en la cosmogonía de su madre y sus molestias, era el mayor de los estorbos el que tenía que volver no estorbosos a los estorbos más chiquitos, así que cuando empezó a vivir con ella, que, gracias al genio del que estaba dotado, fue poco tiempo, en vez de ir a la escuela, crió hermanitos que no molestaran. De ese modo, evitaban todos malos ratos y tratos.

Una vez le dijo a su madre que él quería volver a la escuela y que ella era una bruja que los maltrataba.
Ella, ofendida, le pegó con una sartén en la cara y le voló la mitad en chanfle de un incisivo de los permanentes. Así se quedó para la posteridad. Él lo dejó así, roto en el medio de la sonrisa, como esos recuerdos en los que uno se obstina y que sabe que no sirven para nada, pero los guarda porque los guarda.

Arreglarse un diente partido no cuesta nada, pero él no quiere.

Las relaciones con su madre empeoraron mucho con el último de los machos que trajo a la casa.

Ella estaba perdidamente enamorada, hasta el punto de negarse a ver que era un psicópata. Él había aprendido el término en un libro y estaba convencido, cada vez que el tipo manoseaba a sus dos hermanas, que era un psicópata hecho y derecho.

Un día violó a la mayor.

Él era muy chico todavía y se calló a pesar de que ella lloró mucho abrazándolo. No supo bien qué hacer.

Cuando el macho de su madre quiso insistir con la más chiquita varios días después y que lloraba mucho más que la otra, porque justamente era muy chiquita, el tipo le pegó con tan mala suerte que la hermanita cayó al suelo y se golpeó contra la cama.

Ahí, él supo que hacer. Agarró la pistola de aquel hombre y lo mató.

Cuando fue a consolar a su hermanita y decirle que no tuviera miedo, que el hijo de puta no la iba a lastimar, no pudo. La hermanita también estaba muerta.

- Ya ven. Desde chiquito me gustaron las armas y desde chiquito sé para qué sirven-  terminó el comandante el relato, mientras alguien echaba otro leño a la fogata de la guitarreada.

 (De: Psicoámbitos)


12 comentarios:

  1. tus escritos me dejan una angustia en blanco y negro... se que la Vida es así para mucha gente, sin color, si amor, sin luz... solo penumbra. Quizás solo los libros que sostuvo en sus manos le puedan redimir de tanto dolor...
    De todas formas nada pierde quién nunca tuvo...
    ainsss.... la Vida tantas veces es una mierda...

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  2. Si, me imagino que es así. Una vez le regalé a una amiga muy querida un libro que se llama Alegoritmos, y al cabo de un tiempo le pregunté si lo había leído. Me contestó: Ay, Gaby no lo pude terminar...no pude, me hizo remal.

    Me hizo sentir un escritor tóxico.

    Pero sabés qué pasa, Marieta, para enfrentar esa clase de vida existe lo que los psicólogos denominan "resiliencia". No es otra cosa que el optimismo en la lucha por la supervivencia. Algunos lo consiguen, otros se entregan por el camino.

    Y no creas. Siempre hay algo que perder, linda. Entre esas cosas, un bien sagrado, que es la inocencia.

    Lindo verte por acá. Todâ rabâ

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    1. Me encantaría poder compartir mi optimismo... nací alegre, cualquier cosa me emociona, me inspira ... pero también empatizo... ojalá tu pudieras sentir lo mismo... y sonreír con tus palabras...
      Quizás es que todavía conservo la inocencia ...

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    2. Si yo no fuera un vividor a ultranza o por lo menos un convencido de que no se vive al pedo, sino que, si te dieron la vida, por lo menos hay que hacer algo en y con ella, estaría deprimido, en un loquero o le habría dado rienda suelta al sindrome post-traumático que atesoran todos los que anduvieron por escenarios bélicos.

      Sin embargo, no es así. Conservo la sonrisa (diente roto incluído), valoro muchísimo el afecto ajeno, mato por mis amigos y tengo una gata a la que consiento a más no poder.

      Creo que uno no se puede refugiar en sus traumas para cagarle la vida a los demás y descargarse con ellos toda la frustración.

      Creo que las experiencias negras deben servir para poder ayudar a los otros, para poder guiar a los otros a través de ellas, hacia una diminuta lucecita, que en todas las vidas existe, aún en las más terribles.

      Por eso termino el libro que se llama Diario Somalí, diciendo que África es el único sitio en el que yo también creo en Dios. Porque ahí el despojo es tan enorme, que lo único que tenés de valor, es tu vida y todos nos aferramos a ella, desesperadamente. Nadie tiene tiempo de deprimirse o de autocompadecerse, porque no lo hay.

      Y la inocencia es una cosa maravillosa. Hay que conversar la capacidad de creer, a sangre y fuego.

      Lehit

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  3. Difiero un poco de la opinión de Marieta (con la que a veces intercambiamos ideas en algún blog en el que nos cruzamos), la vida no es una mierda, la vida simplemente es, ni buena ni mala. Es un pulso, un latido finito en los humanos. En el cosmos puede ser infinito. Quién sabe.
    La mierda está en el mundo humano, no hay mayor crueldad que la del hombre.
    Justamente hoy releí un párrafo de "Ser escritor", de Abelardo Castillo, que me dieron ganas de publicar mañana, sobre la carga de dolor que tiene la literatura.
    Y si bien los dolores tienen una gama cromática, hay algunos que son tan oscuros que duelen al ser escritos y al ser leídos.
    Me duelen tus escritos porque voy conociendo un poquito de tu historia; las mujeres en general -y yo en particular- tendemos, tiendo, a intentar consolar o paliar esos sufrimientos y sus secuelas.
    Por eso te leo, porque es una forma de decir te acompaño en todo lo que pasaste, te comprendo. Además de que me gusta mucho tu prosa, por más desgarradora que sea. Me la banco
    Arrivederci, Gavrí.

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    1. Así lo entiendo yo, Mirel. Como una cercanía. Quizás por eso de que el primer recuerdo que tengo de mi vida es ese porrazo con el pie atado a la pata de la cama, es que mi vida es toda así, muy libérrima, tanto en pensamiento como en acción. Un nómade de todos los rumbos. Y para eso me especialicé en búsqueda y rescate de personas en situación de conflicto armado. Un aventurero de la vida, podría decirse, que no se queda mucho en ninguna parte y que, como Serrat: su patria y su guitarra (mi Toshiba del año de ñaupa, cuando todavía se hacían para durar) las llevo en mí.

      Endemientras, escribo.

      Ci vediamo

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  4. es demasiado ...hasta para alguien que siento que tiene una gran fortaleza,la vida nos da y nos quita,a vos te quitó hasta más no querer,y te dió esta salida que supongo debe ser escribir,y hacerlo tan claro que una que es madre siente ganas de ir a abrazar a ese niñito atado a la cama,y a la vez piensa ,cuántos niños ...cuántos,entonces vuelve a sentir la misma culpa de siempre,¿que hago yo por tanto dolor?nada...(y encima me cuesta mantenerme natural después del mal trago aquel...yo no soy esa)pero tampoco soy la que por lo menos intenta paliar tanta locura de esta especie humana-inteligente!siento deseos de ser una tortuga y esconderme en mi caparazón,..

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  5. Es que si te escondés, Rosario, no le servís siquiera a tus hijos, que son los hombres que deben salir buenos y que te encargaron a vos. Si te escondés, van a aprender la cobardía y van a aprender el miedo y también van a aprender el "no me importa".

    Si a todos nos importara un minuto el prójimo, otro sería el mundo. Pero importar de verdad, no decir que nos importa y con importar no hablo de grandes actos de arrojo ni de irte de voluntario a Tanzania, sino a saludar al vecino, tratar bien al cartero, agradecer a la cajera del supermercado.

    La vida son los pequeños gestos que permiten a los hombres vivir en ella. Entonces, eso es lo que hay que ejercer y ejercitar: los pequeños gestos.

    Ya te dije que te olvides del "mal trago". Fue solamente eso. Pasá la página y seguí adelante con el libro ¿si?

    Shalom

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  6. No había leido tu contestación.me mata!sos un crak gran escriba,..Q pesada con el chancho!!

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    1. Olvidate del chancho, uruguaya. ¿Lo volviste a ver? Yo tampoco.

      Olvidate, que lo lindo es esto de ahora ¿no te parece?

      Lehit

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Acto de fe

Necesito perdonar a los que te odiaron y ofendieron a vos. Ya cargo demasiado odio contra los que dijeron que me amaban a mí.

Irse muriendo (lástima que el reportaje sea de Víctor Hugo Morales)

Hubo algo de eso de quedarse petrificado, cuando vi este video. Así, petrificado como en las películas en las que el protagonista se mira al espejo y aparece otro, que también es él o un calco de él o él es ese otro al que mira y lo mira, en un espejo que no tiene vueltas. Y realmente me agarré tal trauma de verme ahí a los dieciseis años, con la cara de otro que repetía lo que yo dije tal y como yo lo dije cuarenta años antes, que me superó el ataque de sollozos de esos que uno no mide. Cómo habrá sido, que mi asistente entró corriendo asustado, preguntándome si estaba teniendo un infarto. A mi edad, haber sido ese pendejo y ser este hombre, es un descubrimiento pavoroso, porque sé, fehacientemente, que morí en alguna parte del trayecto.

Poema 2



"Empapado de abejas
en el viento asediado de vacío
vivo como una rama,
y en medio de enemigos sonrientes
mis manos tejen la leyenda,
crean el mundo espléndido,
esa vela tendida."

Julio Cortázar

Mis viejos libros, cuando usaba otro seudónimo y ganaba concursos.

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1a. edición - bilingüe