Historias hechas con pájaros



Esa presencia larga de tu nombre
como un recorte vasto y amarillo
rueda en mi corazón como tus aves
en los antiguos cielos de tormenta
y barcos sin orillas
imposibles.

Tanta tu libertad.
Tanta mi cárcel.

Siempre entre los derrumbes eras una flor blanca
ágil flor blanca
toda de incandescencia.

Y yo esa sed amarga
bebedora de pétalos de piedra
absorto en mi costumbre sin espacios.

Toda de fruta y alma, toda esencia,
un hada guerrillera entre las uvas,
tu corazón de aroma
repoblaba las casas sin sus muertos.

Mi vuelo estaba a pie por ese entonces
y en tu voz, los relojes del silencio.

Cazaba por las noches tu frescura
para untarme la piel con plumas blancas.

Vivimos un amor fantasmagórico
como una alegoría sin países.

A veces pienso en vos cuando me muero.
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Chocolate bombón