Apendicitis crónicas (las páginas colgantes)

TEORÍA DE LA PROSA - IRRESPONSABILIDAD DEL VERSO - IMAGINACIÓN DEL ENSAYO - INCERTIDUMBRE DE LA REFLEXIÓN

Soltar a volar


–¡Qué quilombazo, loco!..Vos y tus ideas...

Nipón se reclinó contra una de las columnas que sostienen el alero de la galería frente al edificio principal y cruzó los brazos.

No podíamos hacer mucho más que eso. No más que detenernos a mirar.

Los pendejos, armados con pintura en aerosol, lo hacían todo, pintaban todo, escribían todo. Hacían dibujitos en las paredes grises y vetustas, corrían de un lado a otro, apretando las válvulas y poniendo color sobre la niebla.

Yo había organizado la experiencia con los más chicos, los que –siempre uno tiende a pensar que habrá milagros– insistía en suponer que tienen los ojos llenos de colores a pesar de.

En realidad quería un motivo, un solo motivo, para no admitir que todo está perdido y que todavía hacemos falta los crédulos que sostienen que en la vida se hace necesario cambiar aún muchas cosas.

Con el Turco habíamos llegado temprano.

En el escritorio me esperaban varias cartas. Entre ellas un sobre grande, Air Mail, de una lejana, lejanísima mujer a la que un día le dije –porque era lo único que me faltaba por decirle– :¿Y si nos casamos?  Quizás es por eso de tener un lugar al que volver en el que alguien te quiera realmente, el tema de acollararse aunque ya se sabe que no va a funcionar porque la vida se va a meter demasiado en el medio.

Ella remitía – a vuelta de correo – firmados los papeles de divorcio, que el Turquito, como mi abogado de parte, le enviara sin demasiada ceremonia. Algo como ¿Te querés divorciar, Quemita? Yo me encargo. Y expeditivamente me divorció a las tres firmas, no me fuera a arrepentir y hacerlo trabajar al pedo.

Los pendejos parecían duendes.

Pasaban ellos y aparecían casas con chimeneas que tiraban humo, árboles con manzanas, soles violetas, pájaros verdes, monigotes de pelos parados, perros, autos, nubes, nombres, mariposas, inventos, globos, flores, rayos.

Controlé el tiempo. Después le dije al Tano que hiciera sonar el silbato.

Durante un rato, aún, los chicos que pintaban no lo oyeron.

Jugaron a soñar. Jugaron a ser chicos. Jugaron a que existe otro mundo sin silbatos, sin celadores de voces altivas ni injusticias ni grises. Un mundo como el que yo quería para ellos.

Después, todos recuperamos la conciencia.

Y ellos fueron dejando los aerosoles en el cajón del centro del patio y las voces se fueron callando, igual que las risas y las bromas.

Aunque el alrededor lucía diferente. Mucho más luminoso que aquel gris despoblado sin habitantes mágicos, con que las paredes estuvieron pintadas hasta que llegamos con el Turco y las pinturas a destituir a lo incoloro.

Todo era diferente. Todo era mejor y vívido.

Aunque muchos opinaron que aquello era un enchastre, en realidad era un tumulto de colores molestando los ojos, interfiriendo en el orden establecido para las cosas, alterando la rutinaria estructura del gris inamovible.

A la Gran pintada Gran, siguió el Concurso de Graffitis.

– ¿Y que escribimos? – preguntaron.

– Lo que quieran. – les contesté.

A veces siento como que mis pendejos no tienen imaginación. No hablo de fantasía. Hablo de imaginación, como que les faltara algún resorte creativo. Agenesia creativa parecen padecer.

– ¡Guasadas no, que después hay que borrar! – intervino Nipón.

– Lo que quieran.– autoricé yo – Cualquier cosa que quieran escribir. Lo que tengan ganas de escribir. Algo de sientan. Algo que precisen. Algo...que sé yo...que tengan ganas de decirle a alguien.

Nipón se reclinó mejor contra la columna. Yo me senté junto al Turco, al borde de la galería bajo el sol igual que un perro, con la cara levantada al mediodía en el que los pendejos continuaban chillando.

El personal de las “otras áreas” nos miraba.

– ¿Sabés la mano que te van a sacar? – me anotició Nipón – Pintar el Albergue es una cosa...que no es esto, precisamente. Yo creo que te van a llamar al orden, Quema.

– Mejor esto que ese gris angustia.– masticó el Turco la respuesta que yo no alcancé a dar.

– Me cago en el orden de los colores neutros.– acoté yo, haciendo de refuerzo.

– Además, queda mejor así...– la siguió el Turco – Parece que viviera gente acá adentro, que no fuéramos siempre todos fantasmas...

(De: A fojas cero, páginas en orden - ed 2005)


9 comentarios:

  1. Ha sido un placer enorme volver a leer este trocito, realmente emocionante lo que cuentas aquí. Hay que creer, todavía.
    Un abrazo, Comanche.

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  2. Gracias Pipi. Después viene la vida y nos lleva por delante.

    Lehitraot

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  3. "casas con chimeneas que tiraban humo, árboles con manzanas, soles violetas, pájaros verdes, monigotes de pelos parados, perros, autos, nubes, nombres, mariposas, inventos, globos, flores, rayos."

    Gavrí, tú sabes dibujar infancias.

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    1. O reconocerlas, ialdâ. Creo que va más por ahí. Es algo que no se le debe quitar a ningún hombre, jamás.

      Shabat shalom

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  4. Qué bello, qué bello, estoy emocionadísima, lo que más me llegó de todo lo que leí de vos.
    Hay una mirada amorosa y en el gris quedó pintada la poesía de los colores.
    Qué maestro el "Quemita", cuántos así se necesitan para despertar en los chicos la imaginación dormida.
    Aunque después venga la vida y los lleve por delante, quién le quita a los chicos esos momentos de sueño y libertad. Y al Quema la alegría de habérselos brindado.
    Y a mí el placer de haberlo leído.
    Abbraccio.

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    1. Un vago contradictorio, diría yo. Igual que el Turquito, su hermano menor. Tipos contradictorios a veces casi como Don Fulgencio (busque en gugle, niña) y como le decía a mi querida ialdâ, a nadie se le debería robar la infancia.

      Shabat shalom

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  5. Yo que te vi dando clase en pleno monte con mi mamá, sé que naciste docente y que sos uno de los mejores docentes que vi trabajando. Ahora te lo digo de docente a docente (que ya crecí, viste). Yo aprendí de vos y de mi mamá, como se aplica el método Cossettini, "La escuela serena" y en una de esas, porque tuve tu ejemplo, es que no me comen acá en el Centro de Alfabetización mis alumnos de faca en la cintura y altas llantas, profe, altas llantas.

    Vos hacés falta en la docencia, no en el ejército ni corriendo narcos. Vos tenés que "educar al soberano", como decía el pa.

    Besooooooooootes, Tumbero.

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    1. Para que haya soberano que educar, hay que correr a los que no quieren que haya soberano, bebé. Vamos, no te tengo que explicar ésto ¿no?

      Hay quien tiene que hacer estos trabajos, para que gente hermosa como vos pueda hacer libremente el suyo y que no le aparezca un guachín dado vuelta y lo haga boleta al soberano de una como tantas veces me pasó a mí.

      Alguien lo tiene que hacer.

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  6. Qué buen relato, Gabriel. Qué belleza, realmente. Me emocionaste mucho. Un millón de gracias.

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Hubo algo de eso de quedarse petrificado, cuando vi este video. Así, petrificado como en las películas en las que el protagonista se mira al espejo y aparece otro, que también es él o un calco de él o él es ese otro al que mira y lo mira, en un espejo que no tiene vueltas. Y realmente me agarré tal trauma de verme ahí a los dieciseis años, con la cara de otro que repetía lo que yo dije tal y como yo lo dije cuarenta años antes, que me superó el ataque de sollozos de esos que uno no mide. Cómo habrá sido, que mi asistente entró corriendo asustado, preguntándome si estaba teniendo un infarto. A mi edad, haber sido ese pendejo y ser este hombre, es un descubrimiento pavoroso, porque sé, fehacientemente, que morí en alguna parte del trayecto.

Poema 2



"Empapado de abejas
en el viento asediado de vacío
vivo como una rama,
y en medio de enemigos sonrientes
mis manos tejen la leyenda,
crean el mundo espléndido,
esa vela tendida."

Julio Cortázar

Mis viejos libros, cuando usaba otro seudónimo y ganaba concursos.

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1a. edición - bilingüe