Apendicitis crónicas (las páginas colgantes)

TEORÍA DE LA PROSA - IRRESPONSABILIDAD DEL VERSO - IMAGINACIÓN DEL ENSAYO - INCERTIDUMBRE DE LA REFLEXIÓN

Viraje (Kivu Norte)


Paisaje by Rebecca Morris


5.-
  
El sol es una cabeza ensangrentada, redonda, sin cara, que se levanta sobre todos sostenida por la mano de Dios como un trofeo.

“Oh, oh, mi cerebro, mi pobre cabeza...”  sigue quejándose Holowitz mientras despedaza la mañana a largos tragos de café, “me siento enfermo, estoy muy enfermo...” sus ojos acuosos y enrojecidos regurgitan aún la borrachera, mientras señala zonas en un mapa confuso, tan enfermo como él mismo.

“Vos ya naciste enfermo”, le contesto impaciente, mientras Goldberg susurra por detrás de todos los sonidos, como si fuera algo que no quisiera decir, “ni siquiera podemos contar con Save the child”, y su mano extiende sobre el mapa otro reporte, lo que transforma el problema secundario en problema primario.

Según la predicción de Spíndola, salvar y sacar tienen dos letras de diferencia, el problema está, se haga lo uno o lo otro, en donde ponerlos después.

“O antes, porque ya deben haber empezado a movilizarse”, y el menor de los Jhonston sonríe porque antes dijo que había empezado otra huída.

“Hasta el cura se escapó, el de las monjitas y cruzó la frontera”, apunta Huarkaya.

“... por lo cual, los niños deben estar caminando de nuevo y solos”, repite el menor de los Jhonston.

“Si, de nuevo”, agrego, “si, otra vez”, reafirma él, “así que ya no tenemos ni cura, ni ONG ni nada”.

“ It’s not good”, murmura Goldberg, “no es nada bueno para nosotros este viraje”.

Holowitz se aleja del mapa.

Van Zandwegge les traduce a las misioneras las últimas noticias sobre su destino incierto.

“Les arrasaron el campo de refugiados ese donde iban, la gente está huyendo hacia la selva, los rebeldes avanzan, todos matan a todos, no creo que podamos llegar hasta los niños”, murmura, enfocándose por primera vez en los motivos que tenemos, “ahora ya no sabemos donde están”.

“¿Entonces?” le pregunto a Goldberg entre un escándalo de misioneras azoradas.

“It’s over”, supone él encogiéndose de hombros, “no vamos a viajar con 120 niños soldado robados, sin tener donde meterlos ni meternos, en el caso de que Engel y los otros hayan hecho contacto con los regulares...”

“Estamos metidos en la trampa. Todo en este lugar está en el infierno, ahora”, afirma Holowitz que por fin ha conseguido vomitar.

Virginia pregunta como tiene que hacer para llegar al Panzi

“Vas a hacer más falta acá, porque a cualquier cosa que hayamos venido, parece que se puede hacer en cualquier parte, todas dan igual”, le contesto tratando de no usar malos modos.

“Something’s wrong”, murmura el Jhonston grande, y me guiña un ojo.





6.-

Día 3. Me siento como el náufrago de Owen.

Engel llegó.

Lleva una semana relevando gente que huye, para poder reunir hijos con padres, pero no está seguro de que coincidan ni en el 20% nadie con  nadie.
Además, él también opina que da igual porque ya ni siquiera hay de quién hacerse cargo, así que da lo mismo los 120 niños que teníamos que derivar a Save the Child que cualesquiera otros 120 niños huyendo sin comida, sin agua y sin padres, en el cuerpo de las enormes serpientes de colores que se lanzan a los caminos rojos como acuciadas por el calor.

“Nosotros estamos cagados, a menos que tomemos las cosas por nuestra cuenta o nos volvamos o nos dediquemos a cuidar a las monjas”, dice Van Zandwegge y sonríe, “aunque solamente pagaron por traerlas, no por cuidarlas”.

Traer monjas, recuperar los 120 niños de la aldea esa, esos y sólo esos.

Nunca se preguntan los motivos, algunos hasta suenan lindos y nadie rasca la superficie para ver que hay en el fondo,  “pero se nos perdieron”, insiste Van Zandwegge, “no a nosotros en especial, nosotros cumplimos, estamos acá ¿no? los que no están son ellos”.

Goldberg le asegura que no estamos obligados a nada más que a lo contractual, porque, le asegura, “bussines are bussines así que tenemos que encontrarlos porque está en el contrato, los 120 que se llevaron los mai-mai de la aldea de la que Engel y su grupo volvieron silenciosos asegurando que no queda nadie a quien encontrarle los hijos”.

Caminamos con Higa.

La calle parece la de cualquier pueblo.







7.-

“Un operador de fuerzas especiales no es un mercenario, porque su trabajo es legal, se lo envía en un marco legal para hacer cosas que no puede hacer la fuerza regular, esa es la diferencia básica”, no sé por qué le estoy explicando a grandes rasgos torpes esto a la monjita, mientras el traqueteo le sacude el perfil y ella, como un pájaro perplejo, observa el paraíso.

“...porque así me imagino el paraíso”, dice, sin dejar de mirar uno de los territorios más hermosos del mundo mientras se va muriendo.

(De: Viraje - Kivu Norte - Tercera Guerra del Congo) ed. 2009



4 comentarios:

  1. Es eso, debe ser increíble, en medio de una naturaleza sobrecogedora por lo bella, por la increíble explosión de colores y el paisaje, acorralados por la Vida y vivos, metidos en la muerte.
    Debo leerte muy dosificado, porque describes y explicas con esa lucidez que me abre la puerta al otro lado y yo también puedo mirar a la monja o escuchar a tus compañeros y el desconcierto...

    Felicidades por ese cerebro tuyo que no quiere olvidar porque la memoria es un deber, aunque duela. Protegete.

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  2. Bueno Inés, si la cosa te transmite, se produce el intercambio. Es lo que tiene de bueno la literatura.

    Todâ rabâ

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  3. Después de leer este otro fragmento, me sentí tan perdida como los 120 niños y la pobre Virginia.
    Atrapante, como todos tus textos.
    Un abbraccio.

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  4. Más perdidos nos sentíamos nosotros, sin tener a quién recurrir, porque esto pasó cuando fue la gran estampida de todas las ONGs y nadie quería cargar con ningún muerto, sino solamente subirse a un avión y escapar.

    Sí, hay que reconocerlo, hubo mucho misionero católico que se quedó a resistir.

    Ci leggiamo, Mirel, tante grazie

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Hubo algo de eso de quedarse petrificado, cuando vi este video. Así, petrificado como en las películas en las que el protagonista se mira al espejo y aparece otro, que también es él o un calco de él o él es ese otro al que mira y lo mira, en un espejo que no tiene vueltas. Y realmente me agarré tal trauma de verme ahí a los dieciseis años, con la cara de otro que repetía lo que yo dije tal y como yo lo dije cuarenta años antes, que me superó el ataque de sollozos de esos que uno no mide. Cómo habrá sido, que mi asistente entró corriendo asustado, preguntándome si estaba teniendo un infarto. A mi edad, haber sido ese pendejo y ser este hombre, es un descubrimiento pavoroso, porque sé, fehacientemente, que morí en alguna parte del trayecto.

Poema 2



"Empapado de abejas
en el viento asediado de vacío
vivo como una rama,
y en medio de enemigos sonrientes
mis manos tejen la leyenda,
crean el mundo espléndido,
esa vela tendida."

Julio Cortázar

Mis viejos libros, cuando usaba otro seudónimo y ganaba concursos.

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1a. edición - bilingüe