La palabra a(r)mada 18ª





Yo soy mi libertad. 

A esta grotesca altura de mi vida, yo soy mi libertad y se me da la gana este ser libre.

 Son las resultas de mirar la muerte: no deberse, cortar, ser el ajeno, y como siempre, evitar esa morbosa brutalidad del vínculo que nos obliga a no morirnos ni aunque tengamos ganas.

Escucho a Salif Keita como escucho mi sangre, plausible de contradicciones, mientras leo a un soberbio pelotudo que cimenta su pálida soberbia en quedar bien con todo el que camina, sin ser capaz de ejercer un mínimo de pensamiento crítico. 

El ego es poderoso igual que es poderosa la necesidad de ser reconocido.
Pero los hombres se reconocen por sus buenas obras. 

Y las buenas obras (para darse por tales) tienen que llevar en sí implícita la verdad. 

La mentira piadosa jamás deja de ser una mentira. 

Pero bueno, hay gente que en las postrimerías de su ego, lucha por conservar sus 3000 acólitos y no decir nunca la verdad. Típica burla. O típico menosprecio del otro, al que se es incapaz de señalársele una coma mal puesta.

Por supuesto que el manejo del ego ajeno "también" es un estudio de diván. 

Usar el diván para conservar el ego propio ¿tiene mérito? Y bueno, hacer felices tres o cuatro pacientes que se sienten el Gabo sin tener la capacidad hipocrática de decirles “che…no sos el Gabo ni sos Alejo ni Mario ni Pablo ni vos mismo todavía…bajá un cambio que todavía te falta una vuelta de tuerca” es para pocos. 

Yo no me atendería con un psiquiatra que no me llame al orden. Y como no llamar al orden es parte de la siquiatría (porque lo de la siquiatría son las pildoritas, indepedientemente de cuál sea el orden), no me atiendo con otros siquiatras que no sean la vida y mi autocrítica que me llevan (antipáticamente) a ser crítico primero conmigo y con mi ego y luego con el entorno fláccido que juega a rodearme de halagos que nunca me estimulan.

La lucha verdadera es no mentir.

Pero hay gente que muere si no le llueve la caricia piadosa de una mentira ilógica.

Nunca pensé que internet podría enseñarme tanto sobre la desordenada miseria de los egos humanos. Al final es lo mismo, pero nadie se mira a los ojos, por lo tanto, es lo mismo, pero con muchísima mayor impunidad.

En el fondo de sí, toda situación armada resulta generosa y se ven los valores naturales que internet ha terminado por borrar en una buena cantidad de sus usuarios porque la impunidad a ultranza hace que se engorden los egos a costa de negar las miserias.

La situación armada es en sí miserable. Es el hombre y su muerte. Y se ejerce igual de los dos lados esa furiosa dicotomía que tiene toda verdad que gritan dos campanas.

En internet, sencillamente apagás el monitor. El bien y el mal no existen. Son una ficción más de la net. Todo es una plausible fantasía que alimenta el bienestar momentaneo (que por supuesto es diametralmente diferente del "bien común") de ser libre e impunemente feliz y que además te digan que ¡qué bien!

Será que me he cansado de las farsas.


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