Sucederse






Este violento yo que te acontece
como un rayo de sombra en el alero
y te trae fantasmas
con mochilas de sangre hasta los gritos

se acurruca en tus aguas temerarias
de espíritu del fondo,
húmedo espíritu con el que llora el día
su voluntad de náufrago.

Devuélvele a la mano de la herida
el don de acariciar.

Se la curva imprudente,
la ola víctima
de este rocoso espíritu de nadie

abandonado.

Algo tengo de bueno en algún lado
-además de tatuajes--

A tu vera de sal
llegan las cartas comidas por los peces.

Ya no hablo.


Chocolate bombón