Apendicitis crónicas (las páginas colgantes)

Teoría de la prosa -irresponsabilidad del verso -imaginación del ensayo -incertidumbre de la reflexión

Depielación



 


Ella vino en su piel.

Era un ángel de cera que había extraviado su camino hacia Dios y sin sus alas, deslizaba por un filo metálico al fondo del crepúsculo en que su brevedad de transparencia se iba oscureciendo con azules hasta tornarse de un negro indivisible.

Vino en su piel igual que los recursos de las manos que sangran, abiertos al desorden en las carnes y sonando como un estertor loco que no se hace palabra.

Vino como las cosas que aparecen desde lagos profundos, hechas todas de cofres y cadáveres tratando de vivir la superficie más allá de la muerte.

Vino en su piel, rosada y sin blindaje, imaginando incendios en mis ojos que no se produjeron porque ya están quemados, carboníferos.

Le dejo los incendios a otras piedras.

Promontorio de mar, salino y árido, cavado por la patria de la nada que guarda peces muertos, dejo estallar el canto y su sirena contra mis anfractuosidades silenciosas.

La sangre azul de umbría me seduce mientras deshago el cuerpo con mis dientes sin siquiera morderlo. Lo deshago como deshace al humo un movimiento y a la sombra una luz.

Simplemente, me deshago de ella antes de indigestarme con sus jugos. O simplemente, me deshago de ella.


Imagen: Theatre of shadows by Laura Pietrusel


Coitus continuus




"Por la tierra resbalo como el gris resbala por el cielo en las tormentas. Una tormenta en gris, que se resbala."

O un pájaro caído, pienso después, mientras giro el cuerpo con el caño del fusil adherido a los labios. 

Tengo esa costumbre. 

Lo aprieto contra mí y soporto el caño con los labios en un beso de olor picante, frío, contaminado de lubricante y pólvora. 

El olor del arma empapa el olfato y tiembla entre las manos como el olor de una mujer que también tiembla entre mis manos, tantas veces feroces, cuando intento acariciar la piel desnuda. Todo lo desnudo está indefenso.

Estoy un rato así, tendido, con el arma-mujer sobre mi cuerpo y su boca en mi boca, sostenida casi sobre el filo de los dientes y la rigidez mordiente de los labios, apretando sus partes que disparar enciende de calor, igual que a un cuerpo encienden los orgasmos.

Respiramos. Jadeamos. Esperamos. Corremos. Resbalamos. Jadeamos. Respiramos.

El olor del arma me intoxica, me droga, me despierta las voces del rugido, igual que una mujer me las despierta con sus olores íntimos y sus sabores bruscos a pelo y a sal, grasa y almizcle, carne cruda y metal, pescado y hambre.

Cierro los ojos y me abandono a la seducción suave, a la succión del juicio por lo que todo mi cuerpo se estimula, mientras ahora giro, suavemente y apoyo el vientre en el olor a tierra que se pega a la sudoración.

Disparo.

El francotirador hace silencio y el silencio es un hábito que rueda por el morbo.

Le hago un gesto a la tropa y continuamos el camino por ese territorio interrumpido por la vida y la muerte de las cosas.

A veces tengo erecciones al matar.

“Alto psicópata” diría alguna gente que no entiende los secretos del ramo.


(De: Poiesis de las barcas - ciertos diarios de Hyde)

Imagen: Álbum de la tropa



Efectos catódicos

            
                                               



Por días de antifaz y de zozobra
camina un perro, flaco de sí mismo,
que una mujer no aguarda en la penumbra.
Ocupado en sus cosas como siempre,
flaco de sangre y furia entremezcladas
se dedica a medirse en las tragedias
como desarraigando el corazón.

La mujer en la sombra no lo aguarda.

Es un payaso romántico que, a veces,
pierde la identidad bajo la máscara,
destruye lo que busca y que lo sigue,
siempre incapaz del arrepentimiento.

Como su foto, ajado entre las piedras,
recorre sus preguntas sin hallarlas
en todo carnaval al que concurre.

La mujer en la sombra ya se ha ido.

Se ha golpeado la puerta de la vida
como la de una jaula sin amantes
que llevarse a los besos.

Y las páginas le cuelgan de los labios
y empapelan el tiempo
 y ocultan la verdad como los velos
en una transparente oscuridad.

La mujer en la sombra es una sombra
de música marítima y amarga.

El payaso regresa a sus quehaceres.


Perros en el Edén




“África es un Edén al que hasta Dios le ha dado la espalda”.

La araña baja, regurgitada por un colmillo de sombra. Desde mi posición parece un nudo de luz que dentro de la oscuridad se balanceara.

Observo la araña mientras desciende con largas piruetas suaves, casi como con una muy especial técnica de ballet. Aparenta un andar de puntillas y en tutú por el aire.

Igual que ese curvo habitante, la noche alrededor es toda curva. Es un redondo, envolvente escalofrío. Una boca en un grito. Una devoradura por la que caminamos como hilos de saliva ansiosa que se atascan en la pastosidad de un gran silencio.

Siempre estoy disponible para la oscuridad, quizás hasta más que para las mujeres, porque en la oscuridad del eufemismo puedo marchar descalzo sin cortarme las plantas de los pies ni engancharme los genitales en alambre de púas. La oscuridad me gusta como a un gato.

Al final somos nueve. 

Nunca cuento a Jekyll en el grupo. Él es un polizón, un peso muerto que cargo sobre el hombro de las dudas y a cada paso intento arrojar lejos. Aspiro a que extraviado en estos mundos, demore en volver.

Luego de mucho gestionar a través de un tiempo que se nos vino encima, somos nueve. Gente de oscuridad recalcitrante, que gusta de caminar donde no hay luz y anda tatuada.

Diría que es una cuestión tribal. La tribu de los Hydes se tatúa, como señal de que siempre está en guerra. Se tatúa con tinta y cicatrices, como animales viejos que han peleado constantemente contra todos los enemigos de sus viejas jaurías cazadoras. Animales de cueros ásperos, de pelajes hirsutos, de ojos lacónicos y colmillos rotos.

Los jóvenes que estrenan su ardor nos siguen y nos herederán. También tienen tatuajes y las manos roídas por horas de gimnasio y exigencia en entrenar la furia.

Los viejos somos calmos porque la furia ha terminado por comernos el ansia y sólo nos ha dejado un agujero por el que se escurrió toda migaja de fe.

Los jóvenes, en cambio, son rabiosos y están alterados de pendencia. Discuten tonterías entre ellos como si necesitaran quitarse una llaga de adentro antes de que se les transforme en el agujero por el cual se caerá, indefectiblemente, la esperanza.

Los viejos hemos sido jóvenes, por eso a veces intervenimos en sus estupideces con los dientes afuera de haber perdido toda docilidad. Nuestros dientes explican que ninguno de nosotros tiene amigos y que es capaz de sacrificar al que se cruce si se pone molesto durante la marcha.

Yo sacrifico a Jekyll. Siempre lo sacrifico. Pero el hijo de puta nunca muere.
Vuelve como los perros masticados, hecho sangre y jirones, pero vuelve. Como los perros, vuelve. 

(De: Poiesis de las barcas - ciertos diarios de Hyde) 


Dysangelium


Y somos inmunes solo en el delito
(Hoguera de Ideas - Mareva Mayo)



De tanto en tanto la ciudad vieja es abandonada por la luz. 

La luz se va y la medina permanece oscura, igual que un laberinto en el que quizás nunca salga el sol.

En esas ocasiones, por dentro de la oscuridad escucho el mar como a un sonido más allá de todo, más allá de lo real y lo irreal.

Huyo del lecho y desde la ventana a la que me acerco buscando ese mar que escucho,  giro los ojos y veo a Hyde dormir.

Contemplo a Hyde y pienso en aquella concepción victoriana de lo necesariamente feo, de lo desagradable, de lo nefando que debe tener físicamente el mal.

Contemplo a Hyde.

Duerme plácidamente. Duerme desangelado pero plácidamente, como una armoniosa escultura titánica. Duerme con suavidad, como si ese Hyde no fuera Hyde. Duerme con suavidad como los niños, imprudente en su sueño, con una serenidad al mismo tiempo dulce y demoníaca.

Contemplo a Hyde dormir. 

Desarmado su cuerpo a lo ancho del lecho, lo veo como es. Alto, moldeado, con una carne trabajada en un cobre doliente sobre el que se ha dibujado algunos jeroglíficos que representan sus extraños instintos casi como un mapa de sí mismo que lo ayudara a hallarse. Tiene un perfil agudo y agresivo, carismático.

Contemplo a Hyde dormir y pienso que he desaparecido. Que ese monstruo hermoso que allí duerme ha acabado conmigo y se ha comido mis mejores partes, que ahora veo en él.

Lo he dejado crecer ininterrumpidamente, como crece un tsunami desde la ira del agua. Y ha surgido así, como lo veo: un semental enorme al que ya me resulta imposible controlarle el galope y que atropella nuestra mutua sombra.

Yo no existo si es que alguna vez pude existir aunque fuera en las fantasías de Hyde por tener un Jekyll que le correspondiera.

Yo no existo porque él, con su mirada de herida que no cesa, se ha ocupado de perimirme para siempre.

Él es una contienda. Un miserable. Una indisposición brusca del bien. Un arrebato mórbido que altera los instintos y las cosas. Una violencia desaconsejable que se expande como un tumulto hecho de corazones. Es un sojuzgador. Ni más ni menos que un turbio y orgulloso ángel caído que pasea la falta de su Gracia por caminos oscuros y con barro.

Yo no sé dónde estoy en su almanaque. 

Soy algo que no existe materialmente hablando o una parte constante de su imaginación que huye de él sin desprenderse ni despedirse nunca.

Contemplo a Hyde dormir mientras escucho el mar y el sol es un rebuzno que amanece.

Por alguna cuestión Hyde no me odia. Soy una parte importante en su desprecio y cuando a veces llora dice: "es Jekyll". 

Pero quien llora es Hyde. 
Eso lo sé.


(De: Poiesis de las barcas - ciertos diarios de Hyde)


 Imagen: Reflect the darkness by M. Imimini

Chocolate bombón

Participan en este sitio sólo escasas mentes amplias

En tu cuarto hay un pájaro (de Pájaros de Ionit)

Un video de Mirella Santoro

SER ISRAELÍ ES UN ORGULLO, JAMÁS UNA VERGÜENZA

Sencillamente saber lo que se es. Sencillamente saber lo que se hace. A pesar del mundo, saber lo que se es y saber lo que se hace, en el orgullo del silencio.

Valor de la palabra

Hombres dignos de buscan. Por favor, dar un paso adelante.

No a mi costado. En mí.

Poema de Morgana de Palacios - Videomontaje de Isabel Reyes

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Las Malvinas fueron, son y serán argentinas mientras haya un argentino para nombrarlas.
El hundimiento del buque escuela Crucero Ara General Belgrano, fue un crimen de guerra que aún continúa sin condena.

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Feria del Libro de Jerusalem - 2013

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Café literario - Centro de convenciones de Jerusalem

Acto de fe

Necesito perdonar a los que te odiaron y ofendieron a vos. Ya cargo demasiado odio contra los que dijeron que me amaban a mí.

Irse muriendo (lástima que el reportaje sea de Víctor Hugo Morales)

Hubo algo de eso de quedarse petrificado, cuando vi este video. Así, petrificado como en las películas en las que el protagonista se mira al espejo y aparece otro, que también es él o un calco de él o él es ese otro al que mira y lo mira, en un espejo que no tiene vueltas. Y realmente me agarré tal trauma de verme ahí a los dieciseis años, con la cara de otro que repetía lo que yo dije tal y como yo lo dije cuarenta años antes, que me superó el ataque de sollozos de esos que uno no mide. Cómo habrá sido, que mi asistente entró corriendo asustado, preguntándome si estaba teniendo un infarto. A mi edad, haber sido ese pendejo y ser este hombre, es un descubrimiento pavoroso, porque sé, fehacientemente, que morí en alguna parte del trayecto.

Mis viejos libros, cuando usaba otro seudónimo y ganaba concursos.

Mis viejos libros, cuando usaba otro seudónimo y ganaba concursos.
edición bilingüe 1a. edición

and...me

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Porque todos los cuervos alguna vez fuimos solamente pichones y durante cuarenta días volamos debajo del diluvio yendo y viniendo de la tormenta al Arca, los laureles siempre se los llevan las palomas.