Apendicitis crónicas (las páginas colgantes)

Teoría de la prosa -irresponsabilidad del verso -imaginación del ensayo -incertidumbre de la reflexión

Historia de las tierras amarillas




“A través de las tierras amarillas pasaban todos los caminantes que iban desde un punto a otro. Así se decía: de un extremo a otro. 

Los caminantes se desplazaban en grandes hileras, siguiéndose, como largas serpientes lentas. No caminaban a la par sino en fila y a veces se los oía cantar desde muy lejos, cuando la música era el único remedio a la distancia.

Las tierras amarillas eran infinitas. Nadie sabía si los que caminaban en fila llegaban alguna vez al otro extremo que buscaban o fundaban una aldea en su camino, cansados de andar. Tampoco se sa-bía si regresaban por su derrotero de ida o el Enemigo daba cuenta de ellos en algún trágico momento de la marcha.

Las tierras amarillas tenían pocas aldeas, como manchas que desaparecían, en las que los caminantes hacían alto para abastecerse o para abastecer. 

Llegaban a veces con sus animales cargados y comerciaban con los lugareños. Muchos lugareños, también, se iban con ellos. Se unían a sus filas y dejaban las aldeas más despobladas y solas de lo que eran ya.

Los habitantes de las tierras amarillas eran entonces todos los que caminaban por ellas en un sentido o en otro. Cuando se cansaban de andar, fundaban una aldea en la que se recuperaban del cansancio, para luego retomar la marcha una y otra vez. 

El estar en continuo movimiento, cambiando de lugares, se decía que evitaba los ataques del Enemigo, ya que nunca encontraba a los habitantes donde antes estuvieron y las aldeas desaparecían con ellos cada vez que ellos se ponían en marcha.

Las tierras amarillas eran como sus habitantes: migratorias. Se subían al viento y podían cambiar su forma. 

Eso también confundía al Enemigo, porque de un momento a otro, el paisaje cambiaba como en un juego de piezas móviles y todo lo que estaba dejaba de estar y aparecían cosas nuevas, que nunca habían estado.

Pero el Enemigo encontró la forma de hallar a los caminantes. 

Un día, el agua se subió al viento y desapareció. Dicen que se quemó, como los árboles. Entonces comenzó la pestilencia porque los caminos se hicieron mucho más largos y los animales empezaron a morir en ellos, igual que los caminantes. 

El Enemigo se llevaba sus cosas y sus huesos luego de que morían. Robaba sus cosas y guardaba sus huesos para que nadie más los encontrara. De ese modo podía sorprender a otros animales cargados y a otros caminantes, hasta que ya no hubo animales ni caminantes.

Entonces, el Enemigo se hizo dueño de las tierras amarillas, pero ya no tuvo a quién robar ni a quién encontrar ni como vivir allí, porque el viento viajaba ahora lleno de caminantes muertos y de animales muertos, esparciendo una y otra vez la pestilencia que había quemado al agua y a los árboles.”



(Fragmento de los relatos de Espekqe eq  de la novela "El viento que no cesa") 



12 comentarios:

  1. Tu texto, por un lado me hace pensar en que todo vuelve. Por otro, en la importancia que tienen en nuestras vidas los enemigos, los adversarios, o aquellos que simplemente no son ninguna de las dos cosas, pero no están de acuerdo con nosotros. Todas esas personas le dan un sentido de lucha a nuestras vidas. Si no hay una fuerza opositora, si no nos enfrentamos a algo o a alguien, no podemos desarrollar todo nuestro potencial, porque los demás son nuestros espejos en tanto nos ayudan a bucear en nuestro interior y reparar en lo que no logramos ver de o en nosotros mismos, se trate de virtudes o defectos.

    Yo siempre digo, aunque me puteen en otro idioma, quizá porque no soy un fanático del fútbol y puedo verlo con la cabeza fría, que por ejemplo, los de Boca no tienen que denigrar a los de River o viceversa, porque ambos son importantísimos el uno para el otro. Y ni hablar de cagarse a trompadas en una cancha, no...

    Y también otra cosa que puede parecer un poco extraña, pero tiene su lógica, y es que si alguien me gana honestamente, ¿por qué esperar que ese alguien pierda con el próximo que juegue? Al contrario, yo quisiera que gane, porque entonces perdí contra un rival digno que me superaba ya sea en inteligencia, táctica, estrategia, talento o lo que fuere. Que pierda no habla muy bien de mí tampoco, y desearle la derrota mucho menos.

    Esto es un poco lo que está pasando con la humanidad. Nos estamos matando entre todos, porque no aceptamos que alguien piense diferente a nosotros. Al que piensa diferente, al que no es de nuestra religión, al que se destaca por encima nuestro, lo tenemos que eliminar. Vaya locura... No vemos la importancia de esta dualidad. No sabemos sacarle provecho, tanto para crecer nosotros como para ayudar a crecer a los demás.

    Igual mi lógica en una guerra no tiene validez, ¿o no? Porque si el enemigo viene a matarte, no te deja ninguna opción. Ahí estas reflexiones pueden servir para regocijarse a solas, quizás, imaginando un mundo mejor, si es que es posible imaginar tal cosa.

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    1. Estoy absolutamente de acuerdo con vos, Jorgito. Esta es una novela a la que le tengo un cariño especial, porque trabaja justamente todo eso en lo que vos hacés hincapié en tu comentario. El Enemigo dentro de la novela es un ente abstracto del que todos hablan. Todos le temen, todos huyen de él, todos se preparan para confrontarlo, pero es una especie de entelequia que motiva al resto, nada más.

      Como dice su protagonista, "todos" somos el Enemigo.

      Todâ rabâ, Jorgito

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  2. Decía mi padre que los hombres hemos permitido que el Enemigo crezca y se haga fuerte y por eso tenemos que huir de él.
    Decía mi padre que la paz del mundo se construye desde nuestros propios hogares; debo ser capaz de estar en paz con mi hermano, aunque beba más agua que yo, si bebo menos que mi hermano la paz de mi hogar la estoy construyendo y está en mi mano (decía mi padre), si bebo menos que mi esposa no levanto el hacha y sonrío; porque la paz de mi hogar depende de mí. Si soy capaz de estar en paz con mi vecino, aunque tenga un metro más de tierra que yo, habrá paz en mi vecindario y esa paz depende de mí. Así conseguiremos que haya paz en nuestro pueblo, porque si todos hiciéramos eso, el enemigo se haría cada vez más pequeño y serían entonces ellos los que tendrían que huir porque no tendrían alimento y no tendrían más remedio que salir fuera a buscarlo. Eso me decía mi padre, por eso soy la que menos bebe en mi casa y procuro acallar al enemigo interno que soy yo misma y que a veces me protesta porque tiene menos, pero lo tengo controladito, pequeñito, pequeñito.
    Lehit.

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    1. Tu padre era un sabio, Euria. Sabía de lo que hablaba.

      Lehit

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  3. Para mí una de tus novelas más simbólicas. Esta escrita para hacer pensar. Además tiene una estética maravillosa.

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    1. A mí también me gusta El viento, Pipi. Tiene algo de los Alegos y algo de sí misma.
      Me alegra que a vos también te guste.

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  4. Cómo dice Arantza, "El viento que no cesa" es una novela de alta excelencia, por el estudiado trabajo simbólico y por la seductora estética con la que está escrita. Es imposible no dejarse envolver todas las emociones y los estudios psicológicos que estableciste sobre los personajes, para que el lector comprenda la vastedad que tienen todos los símbolos implícitos en el metatexto.

    Espekqe eq es un personaje delicioso, de esos que toda novela que se precie debe tener para aligerar la tensión que provocan las otras personalidades. Un personaje querible, que encarna la inocencia más noble e ilusoria.

    Hermoso relato.

    Besooooooooooooooooootes

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    1. Nena, a vos no te deja la Licenciada ni cuando hablás conmigo. Pero te agradezco mucho el comentario, porque más allá de que la novela te emocione o no, lo técnico del comentario habla sobre lo que yo quise hacer con ese texto. Salir de contar tanto la realidad para darle una forma más novelada, simbólica, como vos bien decís, que se apartara de la crudeza de las otras sin dejar de lado el mensaje.

      Así que bueno, mejor si la ves con tus ojos de crítica literaria, con tantas ventajas como exponés.

      Todâ, Luz

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  5. Desde mi humilde comentario y desde mi pequeña visión...

    ...y fueron muchos los enterrados en la cripta mientras la carne ácida del andar
    los obliga a reptar en las dunas secas del desierto, para erguir la cabeza inmóvil
    de la serpiente escupiendo el veneno en las venas del alba.

    Es el olor del débil que engrandece al enemigo abriendo el intenso frenesí que temblaba
    rodeado por un llanto de cien alas mientras sus vidas se viste de nieve blanca.

    Muy impresionante... besos en la noche!

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  6. Sin duda que es el dolor o el temor lo que engrandece al enemigo. El débil en cualquier sentido siempre abrirá el camino para su derrota, también en cualquier sentido. Se puede ser manso, pero no débil, si de enemigos se trata.

    Gracias por tu comentario, Cris

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  7. Si con este fragmento uno se engancha y queda atrapado en sus símbolos, qué placer le producirá al lector la novela completa.
    A esa caravana de errantes la imagino que va en círculos, por eso las tierras amarillas parecen infinitas. Y el círculo está ligado a los cíclico, lo que se va vuelve, distinto pero vuelve.
    Me gustó mucho, Gavrí.

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  8. Es una novela especial, no sólo para mí sino para todos los que la leyeron y así me lo manifestaron. Tiene diferentes partes. Ya leíste otro de los relatos, antes, que también subí y me dijiste que te había gustado, que era como mágico o algo así. Los protagonistas van contando el mundo en base a relatos, que están incluídos dentro de la narración general de los hechos.

    Gracias por acercarte, Mirel.

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Hubo algo de eso de quedarse petrificado, cuando vi este video. Así, petrificado como en las películas en las que el protagonista se mira al espejo y aparece otro, que también es él o un calco de él o él es ese otro al que mira y lo mira, en un espejo que no tiene vueltas. Y realmente me agarré tal trauma de verme ahí a los dieciseis años, con la cara de otro que repetía lo que yo dije tal y como yo lo dije cuarenta años antes, que me superó el ataque de sollozos de esos que uno no mide. Cómo habrá sido, que mi asistente entró corriendo asustado, preguntándome si estaba teniendo un infarto. A mi edad, haber sido ese pendejo y ser este hombre, es un descubrimiento pavoroso, porque sé, fehacientemente, que morí en alguna parte del trayecto.

Poema 2



"Empapado de abejas
en el viento asediado de vacío
vivo como una rama,
y en medio de enemigos sonrientes
mis manos tejen la leyenda,
crean el mundo espléndido,
esa vela tendida."

Julio Cortázar

Mis viejos libros, cuando usaba otro seudónimo y ganaba concursos.

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edición bilingüe 1a. edición