Mr. and Mrs Brown




No habrá un siglo de historia
en que nazcan después -de los baúles
a pedido de un diario-
todas las letras rotas,
que nos fuimos gastando a la sombra del día,
a la luz de la noche y la nostalgia,
frente al fragor del mar y en la tormenta
cuando murió el caballo del destiempo.

Yo siempre fui bocón y vos
vos siempre fuiste reina
con ese ademán hecho de crepúsculos
con ese ademán hecho de abanicos que cubren el dolor
con ese ademán hecho a la pluma de un ganso que no grazna.

Yo siempre, Mrs Brown, estuve al pie del clima
al pie del horizonte y de los truenos,
al pie de la inocencia que te cubrió con llanto
la frescura.

Yo estuve al pie, como atado a lo fundacional
y con mis propias ideas de lo que es un naufragio en tierra seca.

Mrs. Brown del algia y la premura,
de lo incondicional que tienen las bandadas migrantes
con su vuelo de origen
y su patria de huevos y esperanza que limita con Dios
soy un John Brown a tientas
un John Brown igual que los John Brown que tienen Mrs. Brown que cuidar
por esa condición de guardabosques
o de protector de bosques mágicos que adolecemos ciertos hombres locos.

Van a encontrar las cartas como todas las cartas
en esos días cuerdos en que los diarios quieren escritores pirados
para enseñar al mundo
porque el mundo no existe sin gente que le escriba sus historias con gente.

Irreverente y cálido o cínico y sensible,
no creo que mis cartas se merezcan otra historia insumisa
que no quede en tu nombre.

Pero el sino es sencillo igual que la amistad en que licuarse
el resto de lo poco que hemos sido
antes de esta pasión por acercarnos a la fuente del tiempo.

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