Apendicitis crónicas (las páginas colgantes)

TEORÍA DE LA PROSA - IRRESPONSABILIDAD DEL VERSO - IMAGINACIÓN DEL ENSAYO - INCERTIDUMBRE DE LA REFLEXIÓN

Visión de la caducidad



Repaso en mí esta alta sensación de integridad. Es como un globo de feria rojo y tenso que afecta entre mis sienes la vocación nivosa de mi vida. 

En el aire habita la inhóspita transparencia del presagio pero yo considero que me he habituado al presagio y al aire en el que acampa.

A veces me siento un extranjero de la velocidad con la que nunca nos ocurre el tiempo de estar bien. Estamos en estos largos momentos de las palmas de las manos solas, astillados de una lentitud grávida, carenados y tristes esqueletos de una navegación ajena al mar y cercana a las águilas. Siempre ocurre después de la desgracia que el mundo se enlentezca de misericordia paradójica.

Puedo pensar en sal y estar desarrapado ante la luz que conquista los gestos en la vida y se acuartela decidida dentro de esta garganta sin milagros ni súplicas. Callo igualmente aquello que sé y lo que no sé.
Hago lo que tengo que hacer con el entrenamiento de mis manos y la obediencia parda de mi lengua. Es mi deber. Por él estoy aquí.

Espero, sin embargo, en son de piedra, que ocurran las hazañas de uñas melancólicas y que los hombres y los niños canten como si un potaje de la vida del mundo tuviera a bien llenar el eterno vacío de sus ansias. Pero eso nunca ocurre. Apenas nos ocurre la calma o el desastre, como si la baraja de este pequeño espacio implicara tan sólo esas dos cartas. Estamos obligados a jugarlas con los ojos puestos en la frontera donde se han detenido sin visa los milagros.

Si giro los ojos, sólo veo una desorientada vastedad donde hasta las madres han entregado el rostro de sus hijos. Las imagino en sus casas de ausencia, huyendo de sus ojos en todos los espejos por no mirar las lágrimas ni el habitable espanto en que la rebelión acabó por convertirlas.

Escribo casi al tacto un diario torpe en un cuaderno sucio, mientras espero que terminen mis hombres de enterrar a los muertos y que caiga la tarde una vez más.

(De: Ius soli)

                                                                                                          Imagen: Album de la tropa

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Hubo algo de eso de quedarse petrificado, cuando vi este video. Así, petrificado como en las películas en las que el protagonista se mira al espejo y aparece otro, que también es él o un calco de él o él es ese otro al que mira y lo mira, en un espejo que no tiene vueltas. Y realmente me agarré tal trauma de verme ahí a los dieciseis años, con la cara de otro que repetía lo que yo dije tal y como yo lo dije cuarenta años antes, que me superó el ataque de sollozos de esos que uno no mide. Cómo habrá sido, que mi asistente entró corriendo asustado, preguntándome si estaba teniendo un infarto. A mi edad, haber sido ese pendejo y ser este hombre, es un descubrimiento pavoroso, porque sé, fehacientemente, que morí en alguna parte del trayecto.

Poema 2



"Empapado de abejas
en el viento asediado de vacío
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mis manos tejen la leyenda,
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1a. edición - bilingüe