De las cartas cerradas y otras incoherencias (toma desde el amor a la que salga)


 Vocación por el ala



En el final, yo tenía una vida muy vieja sin palomas. Me había acostumbrado a ser un cuervo que pelea con buitres desde el sol a la sombra, todo el día.

En otra vida vieja, el cuervo iba y venía desde el día 40 sobre las aguas hasta que las aguas bajaron y se secaron encima de la tierra.

Un buen día de esos tantos días en que iba y venía, volaba, mas no volaba solo. También junto a él volaba una paloma. 

Tres veces voló la paloma junto al cuervo que iba y volvía hasta Noé un día y otro día.
En el segundo de sus vuelos, la paloma llegó trayendo una rama de olivo, quizás porque era una paloma y las palomas son mucho más románticas que los cuervos, pese a que el tipo (siempre según la Torâ y no los Evangelios Cristianos) iba y venía avisándole a Noé que las aguas se estaban secando encima de la tierra. 

Iba y venía, como un Sísifo alado.

Quizás el cuervo había transgredido la barrera de Dios dentro del arca (los instintivos somos todos así), lo mismo que hizo el perro e hizo Cam, porque los cuervos, como dicen mis compañeros, hacemos lo que nos da la gana porque hemos aprendido a diferenciar con mucha claridad el bien del mal para entender que en el fondo, ambos se mezclan, indefectiblemente. 

Algo convirtió al perro en un animal noble y en el mejor amigo del hombre. Y a la paloma en un símbolo de algo que no existe y a lo que se llamó paz. El cuervo, sin embargo, siguió siendo una mierda que iba y venía volando sobre las aguas hasta que se secaron encima de la tierra, en teoría, porque hay tantos tipos de aguas que la tierra sigue sumergida en sus propios pantanos sin palomas ni arcas.

Lo tuyo - tan grandísimo, tan enorme amor mío - es una vocación por los olivos y la mía es una vocación por avisar que jamás bajan las aguas porque a pesar de los olivos, las aguas siempre están tapando al mundo.

Cuando volamos juntos quisiera ser también mejor profeta. No un Jeremías. Un profeta de esos que pueden llevar olivos en sus manos. Pero no. Digamos que soy un tipo negro, apocalíptico, angostado por las aguas del mundo en que le es imposible volar y en que se ahoga con su propio llanto.

Tenías que ser una Paloma para ganarle con tu vuelo al Cuervo y hacerlo claudicar.

Te amo tanto, hija mía, te amo tanto, que tengo que escribirlo porque verbalizarlo es imposible. Y además, lo escribo para que quede escrito, igual que la canción que me mandaste y acá estoy, sigo estando y vuelo como puedo.  
 
Soy un cuervo ciego, hartamente cansado, que va y vuelve hacia un arca interminablemente  náufraga.

Hoy me llama y me guía una Paloma.






Chocolate bombón