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"La vocación por la honestidad es un mal hábito que sólo trae problemas. Buscar la verdad se aleja de cualquier postulado filosófico que pueda desarrollar el mundo relativo. Hay muchas verdades y a cada quién la suya. Todos tenemos la nuestra, la incompatible con las que tienen los demás. Cuando coinciden las verdades no son las verdades las que coinciden, sino los intereses individuales depositados en la obtención del objetivo final. Intereses y objetivos. Uno aprende al fin a desenvolverse en ese mundo desde el cuál expulsa a la ilusión por resultarle un material superfluo".

No creo que sea a mí al que intenta convencer de lo que expresa su recurrente oratoria sino más bien intenta él mismo persuadirse, para justificar su propio estado de infinito hastío.

Ninguno de los dos puede remediar eso que le sucede a él y que me atañe de modo tangencial, como a un apéndice sujeto a los avatares del cuerpo al que le sobra.

Es su manía de mirar con asco la que empobrece cualquier cosa que vemos y la transforma en una porquería. Incluyo entre estas cosas la belleza, aunque el criterio de belleza tenga similitudes con el criterio acerca de la verdad, sobre el que él estuvo hablando antes.

Todo lo que nos gustaba ha caducado en lo que no nos gusta ni a él ni a mí.

Ambos estamos aburridos de las cosas espléndidas que provocan felicidad en los demás.

No negociamos siquiera entre nosotros porque nos ha afectado una enferma concordancia en la que coincidimos con inapetencia.

Antes, yo a veces conseguía ser feliz con muchas cosas nimias que ahora ni siquiera percibo alrededor. Él ha montado sus ojos en los míos y todo transcurre en tono gris y pertenece al mundo de la ausencia y del desinterés. La vida se nos vuelve un sinmotivo por el que andamos con el piloto de tormentas, sobrevolando nuestras propias fobias y manteniendo el tipo como manda la ley de los más fuertes. Yo ya hubiera arrojado la toalla, pero él se impone a mí en esos disloques y capitanea la claudicación.

Es de los dos el más violento y el más triste y también creo que es el que sufre más, a pesar de que intenta cargarme con el fardo de una debilidad que no me importa ocultarle a él ni a nadie.

Me preocupa que todo le dé cochinamente igual porque me arrastra a muchas situaciones delictivas para el alma, que alcanzo a distinguir porque tiene pequeños resplandores, pero que él no percibe porque en sus grises todo está hecho de gris como un gran charco de metal opaco. 

Se ha hartado de escupirse con la vida y ya no quiere celebrar rituales de resucitación. Yo no recuerdo el tiempo de mis filias porque tanta convivencia con el suyo me ha puesto fóbico hacia mi propia polaridad, así que rechazo lo que se me parece y me adhiero cada vez más a esta forma disímil que protagonizamos y que vorazmente me subsume en su idiosincrasia de derrotas.

He llegado a la conclusión de que es de esas bestias que sólo funcionan bien bajo castigo y si hay pienso hacen huelga de hambre. Quiere sufrir porque no entiende ningún otro idioma y el mundo natural descoloca su armazón rabiosa de la vida.

Me siento más normal si lo analizo desde estas paradojas porque como al ser siempre el que se impone a mí, permite poco margen para la tolerancia. Son él y sus demonios.

Pero eso no es verdad. Soy yo con mi demonio. Sólo eso. 


(De: Animal de tormenta- Los diarios de Aivan Jaid)

 Imagen: Regreso del pescador by Fan Ho


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