Apendicitis crónicas (las páginas colgantes)

Teoría de la prosa -irresponsabilidad del verso -imaginación del ensayo -incertidumbre de la reflexión

Poder de regeneración




“En los momentos de debilidad es cuando se mide la capacidad de recupero. Uno se ciñe el alma igual que un cinturón para que los pantalones no se le caigan por ahí y quedar en pelotas. Ciñe el cinturón, ajusta y se re-viste con esa nueva imposición al orden. El alma acata con la docilidad de un perro confinado a la voz de entrenamiento, porque el entrenamiento en el deber confina el alma al territorio del orden y del acatamiento.

Son territorios de la fortaleza donde el alma deja de opinar y se limita a la obediencia debida. Las objeciones quedan para lo privado de la almohada, lo mismo que las lágrimas y el odio.

Se deja de pensar y de sentir, porque el deber requiere deshumanización y uno aprende a ser un dishumano que nunca siente nada o que si siente, lo hace como un acto privado, como sería cagar. Uno siente y caga a solas con el uno mismo en que se caga por sentir lo que no debe

De cara al deber uno aprende los rictus de la estatua y también sus beneficios. Uno se ampara en el rictus de la estatua y nada se traduce ni trasluce. Aguanta ahí, lo mismo que la piedra, lo que todos los demás son incapaces de aguantar sin llanto.

Aguanta. Sólo y simplemente, aguanta.”

— ¿Me escuchaste bien, Benedict?

Obedientemente le digo que sí. 

Él tiene mucho oficio en salvarnos a ambos; casi el mismo que yo tengo en hundirnos.

Correr por la vida

Me desperté a las cinco, como siempre.

El sueño es una cosa que no ceja su abandono. Un amante irrecuperable que en realidad no tuve, pero que imagino me está destinado, aunque sólo sea en el deseo por él que habita en mí.

Hoy corrí con mis hombres.

Antes de las heridas corría siempre con ellos esa cantidad abundante de anfractuosos kilómetros que los dejaba exhaustos y a mí me ocupaba una parte del día a desvivir.

A mi edad aún me gusta correr y sigo haciéndolo sólo porque me gusta, porque quiero, no para demostrarle al personal – como en mis otras épocas – que si yo puedo resistir hasta el final, ellos también.

Ahora corro por mí y para mí, junto con ellos, como esos perros largos de la estepa africana, que trotan de alegría, inexplicables. Cargo la mochila de combate y corro como un gamo que se siente gamo y se transforma en gamo a cada tranco.

El teniente médico protestó un poco cuando me vio salir dispuesto a la aventura.

- Sus heridas, señor...

Pero quedarse preso en las heridas es no saber sanar.

(De: Hojas de sombra)


El frágil aullido



Tan cansado de mí, regreso dulcemente al hábito mortífero en el que untarme la sangre de la vida resulta casi un deleite lógico. Descreo de las rutas, de los olores sanos de mujer, de las aguas de lluvia que aquí no llueven jamás y de la descreencia en la que vivo. 

También descreo de la credulidad en que a veces me muevo cuando creo en la última palabra que me dan y que no cumplen.

Ya no creo en la ONU. Hace mucho que he dejado de creer en las naciones que se forman con hombres que no creen en que forman naciones que de vez en vez deben pensar en los hombres que las forman.

La mujer me observa con dulzura.

Las mujeres tienen eso de observar con dulzura a los perros baldíos que caminan sarnosos por las calles. Se los llevan a sus cuartos sin amor, como si fueran hijos lastimados que mujeres sin útero abandonaron a la ferocidad, calles afuera, donde quedan esas otras mujeres que los recogen como cachorros huérfanos.

Por momentos recuerdo una letra de Perales que habla de las samaritanas del amor. Porque el amor, a veces, que tiene más formas de las convencionales o más formas que aquellas que la moral convencional de lo social le otorga, es simplemente recoger un perro que está solo y herido, llevarlo a un lugar limpio y darle de comer.

Entonces uno explica boludeces. Que se siente traicionado por la ONU, que a pesar de batallar la gente muere sin poder ser salvada ni por la mano de Dios ni por la mano de nadie, porque si la mano de Dios falla ¿qué puede hacer la mano humana para revertir el veredicto? Que los niños soldado todavía son niños pero parecen más soldados que niños, por su afán de matar a los niños que llevan enterrados al fondo de sus ojos de soldados. Y todas esas cosas que son inexplicables dentro de un callejón hecho con perros tristes que no saben otro idioma que aquel que responde con los dientes.

Y la mujer que recogió a ese perro sobre el que la vida llovía en una calle de buscarse la vida y encontrarse mujeres que separan los muslos, deja de ser mujer y se devuelve en madre una vez más, porque las mujeres, algunas, no todas, reconocen a los perros que serán cachorros el resto de su vida, cuando fueron arrojados temprano a las calles donde sólo hay basura que comer.

Entonces, se aproximan con agua fresca y algo de alimento y la mano extendida que acaricia más con el ademán que con el tacto. Y el perro que uno es guarda los dientes y se permite un frágil aullido.

(De: La pasión triste)

Imagen by Karina Ter


Chocolate bombón

Participan en este sitio sólo escasas mentes amplias

En tu cuarto hay un pájaro (de Pájaros de Ionit)

Un video de Mirella Santoro

SER ISRAELÍ ES UN ORGULLO, JAMÁS UNA VERGÜENZA

Sencillamente saber lo que se es. Sencillamente saber lo que se hace. A pesar del mundo, saber lo que se es y saber lo que se hace, en el orgullo del silencio.

Valor de la palabra

Hombres dignos de buscan. Por favor, dar un paso adelante.

No a mi costado. En mí.

Poema de Morgana de Palacios - Videomontaje de Isabel Reyes

Historia viva - ¿Tanto van a chillar por un spot publicitario?

Las Malvinas fueron, son y serán argentinas mientras haya un argentino para nombrarlas.
El hundimiento del buque escuela Crucero Ara General Belgrano, fue un crimen de guerra que aún continúa sin condena.

Porque la buena amistad también es amor.

Asombro de lo sombrío

Memoria AMIA

Sólo el amor - Silvio Rodríguez

Aves migrantes

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Feria del Libro de Jerusalem - 2013

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Café literario - Centro de convenciones de Jerusalem

Acto de fe

Necesito perdonar a los que te odiaron y ofendieron a vos. Ya cargo demasiado odio contra los que dijeron que me amaban a mí.

Irse muriendo (lástima que el reportaje sea de Víctor Hugo Morales)

Hubo algo de eso de quedarse petrificado, cuando vi este video. Así, petrificado como en las películas en las que el protagonista se mira al espejo y aparece otro, que también es él o un calco de él o él es ese otro al que mira y lo mira, en un espejo que no tiene vueltas. Y realmente me agarré tal trauma de verme ahí a los dieciseis años, con la cara de otro que repetía lo que yo dije tal y como yo lo dije cuarenta años antes, que me superó el ataque de sollozos de esos que uno no mide. Cómo habrá sido, que mi asistente entró corriendo asustado, preguntándome si estaba teniendo un infarto. A mi edad, haber sido ese pendejo y ser este hombre, es un descubrimiento pavoroso, porque sé, fehacientemente, que morí en alguna parte del trayecto.

Mis viejos libros, cuando usaba otro seudónimo y ganaba concursos.

Mis viejos libros, cuando usaba otro seudónimo y ganaba concursos.
edición bilingüe 1a. edición

and...me

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Porque todos los cuervos alguna vez fuimos solamente pichones y durante cuarenta días volamos debajo del diluvio yendo y viniendo de la tormenta al Arca, los laureles siempre se los llevan las palomas.