Apendicitis crónicas (las páginas colgantes)

TEORÍA DE LA PROSA - IRRESPONSABILIDAD DEL VERSO - IMAGINACIÓN DEL ENSAYO - INCERTIDUMBRE DE LA REFLEXIÓN

Como un río



Hay días en que mis hombres vienen a golpear la puerta de la habitación en que me hospedo. Llegan y golpean diciendo: “Jefe, jefe ¿jefe, está bien?”

Se preocupan frente a mi impuntualidad porque no estoy para encabezar las acciones del día antes que cualquiera de ellos. Cuando están todos y tienen que esperarme, ocurre eso. Una pequeña comisión golpea mi puerta, primero suavecito y cada vez más enérgicamente, preguntando: “Jefe, jefe ¿está ahí? ¿Está bien, jefe?”

Hace un tiempo que sucede seguido. 

Ellos lo atribuyen al desgaste físico que tengo y del que nunca termino de recuperarme. Pero no es lo que ellos creen lo que pasa. Es otra cosa, sobre la que no consigo el control.

Los sueños me atrapan, me envuelven en una telaraña espesísima y llena de imágenes. 
Los sueños me secuestran como si me introdujeran en desesperantes películas de acción horrorosa en las que me fue otorgado el protagónico. Me resulta imposible deshacerme de los sueños, salir de esa vorágine, nadar hacia las costas de la vigilia. 

Los sueños me atrapan como a un pez boquiabierto en un trasmallo y cuanto más lucho por salir, más me hundo en ellos, más me enredo en ellos, más ellos me poseen.

No sé si no era preferible el ancho insomnio a esta fecundidad de pesadillas que se han vuelto mucho más pesadillas que las que siempre tuve. De las otras, si luchaba, emergía. De estas, me es imposible y aunque lo consiga durante un segundo de conciencia, estos sueños tienen manos que me sujetan y me sumergen una y otra vez.

Cuando caigo en estos estados siento que soy una choza deshabitada a través de la que corre un río. El río sólo corre, cruzando el interior desguarnecido de la choza de cañas, pero no se la lleva, no la derrumba, no la arrasa ni en sus momentos de crecida y turbulencia. No la arranca del borde del pantano. Sólo corre. El río sólo corre a través del vacío de la choza. 

El río sólo corre. La choza sigue en pie.

(De: Hijos de tierras áridas)


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Hubo algo de eso de quedarse petrificado, cuando vi este video. Así, petrificado como en las películas en las que el protagonista se mira al espejo y aparece otro, que también es él o un calco de él o él es ese otro al que mira y lo mira, en un espejo que no tiene vueltas. Y realmente me agarré tal trauma de verme ahí a los dieciseis años, con la cara de otro que repetía lo que yo dije tal y como yo lo dije cuarenta años antes, que me superó el ataque de sollozos de esos que uno no mide. Cómo habrá sido, que mi asistente entró corriendo asustado, preguntándome si estaba teniendo un infarto. A mi edad, haber sido ese pendejo y ser este hombre, es un descubrimiento pavoroso, porque sé, fehacientemente, que morí en alguna parte del trayecto.

Poema 2



"Empapado de abejas
en el viento asediado de vacío
vivo como una rama,
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1a. edición - bilingüe