De las cartas cerradas y otras incoherencias (toma XIX)






De las cartas pasionales que te escribo y no aprendo a mandar


Van a ser las ocho de la mañana. Son las 7:43. El frío te congela hasta las ganas de sentirte bien. Se terminó el café. Tomamos agua caliente con un yuyo del que no me acuerdo el nombre. Dicen que tonifica. Y es verdad. Toda cosa caliente tonifica, así sea agua con gusto a yuyo raro.

Acá de pronto se borra la señal. Se borra. En en el fondo, se borra igual que la muerte borra a los hombres. Un día estás. Después, ya no estás más. Es así de fácil. Tan simple como fácil. Casi como la vida, negra. Se borra la señal. Se borra la vida. Se borra tu señal en la vida. Es maso todo parte de lo mismo.

¿Me querés?
No quiero ser un animal sarnoso y patético que se frota en tus piernas.
¿Cuánto más me vas a querer?¿Cuánto más me vas a querer y vas a dejar de ser feliz por quererme a mí que soy un infeliz de mierda y además, una mierda que encima es infeliz?

No sé por qué protagonizo este romance infame con los kurdos. Estaría tan bien con los kenyatas. Ya tenía mi lugar kenyata. Era el kenyata. Pero vos viste, negra, como es eso. El amor es tan complicado que hasta vos me querés a mí como yo tengo un romance kurdo con los kurdos. No sé qué nos pasa a los hombres. No lo sé. Pero yo sé que siento un amor inefable por las causas, con todo este patriota tan apátrida que he sido siempre y por el resto de mi vida. Alguna reivindicación debe buscar este yo al que le gusta matar despacio. Está bien, no lo digo más. Pero es bueno que lo sepas, nena. No te engañes conmigo. Soy un ser memorioso y cuando se presta, vengativo.
O no. No sé. Capaz que no es venganza, es pura gana de que la cosa cambie y nunca cambia, entonces los tipos como yo, que han dejado atrás al bien y al mal, se ponen así, con justa causa, creo yo, con justa causa, bichos con justa causa y hacen todo eso indecoroso que espanta a la buena gente y nos iguala con los que más odiamos.

Igual te quiero.

No creas que los animales de vértigo no sabemos querer. También queremos. Y queremos mucho, pero por ahí, en el apuro, todo lo demostramos mal. Igual sos una mujer inteligente, así que aunque yo sea un analfabeto del afecto, vas a entender mi forma cuneiforme. Tengo fe en eso, tengo fe en vos y tengo fe en esta fe que te tengo y me tengo, por afuera y por adentro de Dios.

Pienso en tu lucernario cuando acaba la luz en mi ser de no luz.

Aunque estás ocupada con tu vida, pensá un ratito en mí. Soy el perro ese que tenía sarna y aunque estaba asqueroso por donde se lo mire, pretendía también una caricia. 

La vida de mierda se está poniendo lejos. Puta vida.


Y vos siempre me contestás cosas así:




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Chocolate bombón