Apendicitis crónicas (las páginas colgantes)

TEORÍA DE LA PROSA - IRRESPONSABILIDAD DEL VERSO - IMAGINACIÓN DEL ENSAYO - INCERTIDUMBRE DE LA REFLEXIÓN

De las cartas cerradas y otras incoherencias - tomo II




 Regreso a la sirena

A veces, solamente te dejo mis silencios. O en general, te dejo mis silencios, como una vigorosa llama cruda que se consume sin deshabitar la oscuridad.

Hemos abandonado las razones constantes, donde los vientos chocan sobre el último risco y caen al mar. Los vemos despeñarse como pájaros incapaces de domeñar el vuelo de su esencia. Se despeñan y caen, vueltos rocas humildes, grave canto de espuma, aporía de sal. 

Esa mutación se asimila a nuestra propia magia, como en el eco se asimila el grito que retorna en la piedra, una vez y otra vez. 

Algo debió pasarnos algún último día que no supimos traducir al idioma en que sumábamos ideas melancólicas. No entendimos quizás que tanta carta se ajaba en el camino como una discreta flor ausente que termina sin que nadie reclame su frescura. 

Hechos para durar, no sé si lo efímero perteneció a nuestras elecciones o solamente el tiempo hizo su parte. 

El tiempo, siempre hace su parte y desmembra la mejor historia en pequeñas porciones de sollozo.

No sé si sigo igual. También yo muto mi condición de diente y zarpa y envejezco lo mismo que un retrato al que el polvo le quita lentamente su gloria y sus medallas.

Sin embargo, cuando tus ojos cambian de solsticio, los pájaros de piedra se levantan y el mar se vuelve único. 

Sé que, esté donde esté, conservo intacta la capacidad de oír tu canto.

 (De: Quemaduras y otros algoritmos - Otros diarios de Aivan Jaid)

My dad, the strange.




Mi hija mayor escribe en inglés, aunque habla muy bien varios idiomas. Algunos, mejor que yo, como el portugués y ni qué decir del francés. Pero escribe en inglés, su idioma natural, el que escuchó hablar desde siempre. En general, los israelíes hablamos por lo menos tres idiomas como algo que es así. 

Mi papá, el extraño, sería la traducción del título que encabeza las reflexiones en el texto —que no sé si por azar o por conservar la costumbre de mandarnos cartas traspapeladas dentro de cajones compartidos o entre informes y memos de trabajo— encontré en una de las tantas carpetas que traje conmigo.

Ionit habla de mí con una ternura irresponsable. Casi con la misma ternura irresponsable con la que se relaciona con ese que ella cree que soy.

Cuando se lo reprocho, intentando sacarla del error bondadoso en que me sume, suele responder —también en inglés—: Daaadddy… see you, I know: Papito, te veo, yo sé.

Sin duda son sus ojos que padecen de una miopía conmovedora y exultante, los que la llevan a decir cosas maravillosas que no existen, aunque, en su proceso de corazonadas  parezcan verídicas, porque el corazón es un objeto extraño y las personas que lo poseen de verdad, en las que el bien late de verdad en ese núcleo sentimental y cárnico, ven de otra manera todo su alrededor y el amor se manifiesta en la amplitud de su sinceridad.

Mientras avanzo por el texto, leo cosas inverosímiles. Mi hija dice, en uno de los párrafos: …porque nuestro padre es un niño que quisiera reír, pero ser feliz lo avergüenza porque hay demasiados que sufren por aquí y él se reprocha de algún modo no poder hacer más. 

Para mi hija mayor soy una fiera dulce y dolorida (en realidad no dice fiera, dice beast, que no es lo mismo sino algo parecido), que no encuentra reposo porque no se permite el reposo y vive en el alerta permanente de la necesidad que acucia a su manada. Luego describe las necesidades de la tierra estéril, de los niños desamparados y frágiles, de la realidad demoledora de las vidas sin paz, sin alimento, sin agua, sin humanos.

Repite muchas veces “nuestro padre” aunque en realidad dice our daddy. Y repite muchas veces: nuestro padre es un ser extraño, conmovido, un refugiado en el campo de refugiados del silencio que no sabe explicar el amor si no es mediante gestos. A veces, se enoja y es violento como un animal encadenado que ve morir su cría sin poder hacer nada, mas que morir también.

De repente, frente al “por todo esto, hermanita”, me doy cuenta de que estoy siendo infidente y que estoy leyendo una carta que probablemente Ionit envió por mail a Amira, mi segunda hija. Parece que, como yo, también tiene la costumbre de imprimir algunos cuentos.

Amira estuvo largo tiempo sin hablarme, siguiendo el ejemplo de su madre, porque nadie en mi familia quería que yo aceptara la comisión que hoy me ocupa, en esa tierra tan lejos de los hombres y tan abandonada por todos los dioses. Un poco porque mi salud ya no da más (de hecho, estoy escribiendo desde el hospital al que tuve que acudir antes de que el virus pasara a mayores) y otra, porque mi mujer sostiene que ya es hora de tener un poco de paz, quedarme en mi casa con jardín a escribir libros y aceptar dar clínicas de literatura en la universidad mientras criamos (juntos, porque para eso adoptamos tantos niños refugiados, dijo Ruth) a nuestros hijos más pequeños, entre los que está Amira.

Peleamos. Peleamos mal. Quizás por eso, Ionit le habla a Amira sobre la violencia de ese animal rabioso que me habita el tiempo de las lágrimas. Mi animal, en vez de llorar, muerde. Quiere llorar y muerde.

Nuestros hijos nunca, hasta ese día, nos habían visto pelear a Ruth y a mí. De hecho, no peleamos jamás. O sí, alguna vez, allá muy lejos y hace mucho tiempo, ya que siempre conseguimos entendernos a pesar de nuestras diferencias de edad y de carácter.

Pero esta vez peleamos y, aunque no fue nuestra intención, de la pelea se enteró toda la casa.
No termino la carta. La regreso al lugar donde la hallé, entremetida entre informes de trabajo y análisis de situación a revisar. Me siento un intruso entre esas letras. Una cosa que allí, está demás.
Cierro los ojos y pienso en las palabras de Amira, cuando, junto a su madre, fue a recibirme al aeropuerto: I love you, daddy…I love you, so much.

Y en mi respuesta: Me too… so, so much, baby, so much.

Me pregunto si ese extraño, que es el padre de estos hijos, los ama realmente tanto como para dejar su vocación de voluntariado por el prójimo y volver al hogar donde es feliz. 

No me animo a dar esa respuesta.

(Diarios de Aivan Jaid) 




Facebook dice que no debo decir algunas cosas.



Nunca quise tener Facebook. De hecho, lo odio, porque sé para qué sirve.

Un día, descubrí que Facebook, por sí y sin preguntarme, me había creado un perfil "no oficial". 
"Ellos" me habían creado un perfil, sin siquiera comunicármelo o pedir mi autorización.

Mi hija, sin embargo, se cansó de insistir para que usara el perfil porque, según argumentó, las cosas de las que yo hablo y las cosas sobre las que escribo, no pueden quedarse en silencio. 

Su insistencia comenzó cuando yo decidí bajar tanto el perfil de google plus (bastante antes de que google dejara de ser la red social a la que yo pertenecía) como el blog, que estuvo algún tiempo en silencio, como los que me siguen desde hace muchos años, saben bien.

La cosa es que tanto insistió, que en una de nuestras discusiones le dije que se hiciera cargo del maldito perfil apócrifo del Facebook. Y así lo hizo. Se hizo cargo del perfil ese de mierda que yo nunca quise. Comenzó a subir posteos del blog y cosas así, del escritor.

Hace unos días tuvimos una segunda discusión y entonces, no sé, por esas pelotudeces que no lo son pero que traen consecuencias en este mundo infame, agarré las riendas del perfil y creé una página, donde empecé a subir lo que siempre subí en Google Plus: las partes de la vida que nadie ve.

Cosas de UNICEF. Cosas de MSF. Cosas de esos lugares que nadie quiere mirar.

Resultado: Me bloquearon automáticamente la cuenta de Facebook, que crearon ellos mismos para la "very important person" que, según ellos, es este escritor que suscribe -fue lo que argumentaron cuando proteste por haberme creado por las suyas un perfil que yo no autoricé- y que además, es un trabajador humanitario desde que tiene memoria.

Me pregunto qué habré dicho de todo lo que no se puede decir en este mundo, para que siga funcionando tal como funciona.

Retractarme de lo que creo no figura entre mis defectos.



Participan en este sitio sólo escasas mentes amplias

Uno mismo

En tu cuarto hay un pájaro (de Pájaros de Ionit)

Un video de Mirella Santoro

SER ISRAELÍ ES UN ORGULLO, JAMÁS UNA VERGÜENZA

Sencillamente saber lo que se es. Sencillamente saber lo que se hace. A pesar del mundo, saber lo que se es y saber lo que se hace, en el orgullo del silencio.

Valor de la palabra

Hombres dignos se buscan. Por favor, dar un paso adelante.

No a mi costado. En mí.

Poema de Morgana de Palacios - Videomontaje de Isabel Reyes

Historia viva - ¿Tanto van a chillar por un spot publicitario?

Las Malvinas fueron, son y serán argentinas mientras haya un argentino para nombrarlas.
El hundimiento del buque escuela Crucero Ara General Belgrano, fue un crimen de guerra que aún continúa sin condena.

Porque la buena amistad también es amor.

Asombro de lo sombrío

Memoria AMIA

Sólo el amor - Silvio Rodríguez

Aves migrantes

Registrados... y publicados, además.

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Feria del Libro de Jerusalem - 2013

Feria del Libro de Jerusalem - 2013
Café literario - Centro de convenciones de Jerusalem

Acto de fe

Necesito perdonar a los que te odiaron y ofendieron a vos. Ya cargo demasiado odio contra los que dijeron que me amaban a mí.

Irse muriendo (lástima que el reportaje sea de Víctor Hugo Morales)

Hubo algo de eso de quedarse petrificado, cuando vi este video. Así, petrificado como en las películas en las que el protagonista se mira al espejo y aparece otro, que también es él o un calco de él o él es ese otro al que mira y lo mira, en un espejo que no tiene vueltas. Y realmente me agarré tal trauma de verme ahí a los dieciseis años, con la cara de otro que repetía lo que yo dije tal y como yo lo dije cuarenta años antes, que me superó el ataque de sollozos de esos que uno no mide. Cómo habrá sido, que mi asistente entró corriendo asustado, preguntándome si estaba teniendo un infarto. A mi edad, haber sido ese pendejo y ser este hombre, es un descubrimiento pavoroso, porque sé, fehacientemente, que morí en alguna parte del trayecto.

Poema 2



"Empapado de abejas
en el viento asediado de vacío
vivo como una rama,
y en medio de enemigos sonrientes
mis manos tejen la leyenda,
crean el mundo espléndido,
esa vela tendida."

Julio Cortázar

Mis viejos libros, cuando usaba otro seudónimo y ganaba concursos.

Mis viejos libros, cuando usaba otro seudónimo y ganaba concursos.
1a. edición - bilingüe