Apendicitis crónicas (las páginas colgantes)

TEORÍA DE LA PROSA - IRRESPONSABILIDAD DEL VERSO - IMAGINACIÓN DEL ENSAYO - INCERTIDUMBRE DE LA REFLEXIÓN

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Esta especie de invierno en el que se mueve mi animal de trópico, tropieza como un ciervo que huye entre la nieve a través de la vida. Así me siento a veces, en la esquina del tiempo y esperando mientras nieva sobre mis horas, densamente, sin que pueda evitarlo o cambiar de rincón. No protesto por eso. Me dejo nevar. Quizás debo aprender que existen otras temperaturas además de la mía de animal carburífero.


Tropiezo con mi conmigo como el ciervo que escapa y en el tropiezo me detengo a contemplar las llamas con que mi dimensión se pliega en la ceniza. Hay luz ahí. Hay algo incandescente que se duplica y danza, despidiendo centellas que se apagan vibrando.


En los fuegos efímeros hay música de parches y de instrumentos de percutir. Hay madera, pezuñas, semillas, cañas. Y luz, por sobre todo está esa luz explosiva de las naranjas de jugo amargo que cuelgan en los árboles de la avenida donde nieva.


Nadie roba esas naranjas infelices, excepto algunas manos que tienen habilidad para hacer mermeladas y azucarar las cáscaras que primero disecan bajo el sol. 


Quizás espero eso en el rincón desde el que observo con vocación de cáscara o vocación de dátil. Y un sol que cambia la condición amarga de la piel.


Hay manos que poseen el extraño don de dulcificar los imposibles.


(De: Quemaduras y otros algoritmos) 




De quemaduras y otros algoritmos.






Alguna vez viví con extrañeza ese descubrimiento porque la metafísica no es lo mío. Sin embargo, siento esa sensación de lo diferente, de un idioma que habla por partes en otro ser que no soy yo. 

Decimos cosas que identificamos en un plano al que solamente nosotros tenemos permitido el acceso, como a un idioma extinto que es conservado por dos sobrevivientes en un polo y en el otro del mundo.


Abrevo a veces en ese sortilegio, porque llego con sed. Es el código. Lo que reconozco en la voz es el código que cifra mi propio código. Busco los papiros en que está envuelta el alma y los llevo a mis ojos, a mi nariz, a mi boca. Los leo como si recitara un códice litúrgico que solamente yo soy capaz de leer. Los huelo en su expresión de toda antigüedad. Los beso, reverente.


Sucede la rareza. Sucede el ejercicio de la dualidad. Sucede el retorno. 


Nos hemos reconocido en la extranjería de la no memoria porque no hemos permitido que la boca del tiempo hable por el olvido de lo que ha nacido con vocación de inolvidable.


Tu tierra siempre está en la otra orilla del enorme mar. 


Hay una primitiva dulzura en nuestro caos. 






Podría pasarme el silencio entero escribiendo. Quedarme así. Sería bueno porque me trae un sosiego imprudente. El asesino implacable que me habita pierde su condición beligerante y se remansa como un río que lentamente agota su caudal sobre una tierra fértil.

No protagonizo, por tanto, una crecida aluvial, de esas en las que flotan los enseres y los animales de granja.

Podría pasarme todo el silencio por el papel de agua de tus ojos y yo identificaría el aullido de tu mineral más acendrado y del que nace la flor de las tragedias con su perfume a malezal de hierbas para aroma.

Te reconocería entre la multitud de las vicisitudes como esa que trae una selva de menta en el cabello y una siembra de barro bajo el crecimiento de sus uñas.

Conjugo sin vocales las palabras que no aprendo a decir más que en mi propio idioma incomprensible.

Ni yo sé de qué hablo. Solamente sé que necesito decir hasta que se me agoten los desastres y no haya nada más que un estallido de luz en la otra orilla.




Dejar la aurora





…en tu boca hay un lugar remoto al que no accedo y en el que se ocultan las historias que mueren con el tiempo de morir. Renacen tardías, cuando los momentos de alegría han pasado como esas sombras de pájaros antiguos que levitan sobre nuestras cabezas agobiadas, identificados con el viento y la luz, interminables.

Pienso con suavidad de pájaro transparente, en ese sitio donde tu voz ocupa la llama y la distancia. Es el sitio del mundo. No llega apenas el sollozo y el grito parece un acorde menor que ha decidido licuarse sutilmente en una vibración de ala que desaparece en lo descomunal de un estallido.

Quizás, tu voz guarde esos momentos del hogar, cuando los ojos se acurrucan como un resplandor más sobre los leños y hay una nevisca que interrumpe la visión de los árboles del valle. Entonces, con la mirada que ha aprendido los viejos momentos donde los caballos entierran sus patas de trepar y hacen profundos surcos en la nieve, la dificultad regresará a nuestra costumbre armada de aprender a morir en las diversas sepulturas que la tierra nos tiene prometidas.

Pero estás sola en tu lugar de amar. Tu mano es una mano que acaricia la idea de caricia y bajo tu mejilla, la trama del silencio parece florecer como un lirio quieto, una pesada y feroz estrella quieta.

¿Qué aguarda esa mansedumbre de perfumes que ocupan tus cabellos con la esencia de la melancolía?


Echo la carta bajo tu puerta y sigo andando. No sé qué más decir.


Participan en este sitio sólo escasas mentes amplias

Uno mismo

En tu cuarto hay un pájaro (de Pájaros de Ionit)

Un video de Mirella Santoro

SER ISRAELÍ ES UN ORGULLO, JAMÁS UNA VERGÜENZA

Sencillamente saber lo que se es. Sencillamente saber lo que se hace. A pesar del mundo, saber lo que se es y saber lo que se hace, en el orgullo del silencio.

Valor de la palabra

Hombres dignos se buscan. Por favor, dar un paso adelante.

No a mi costado. En mí.

Poema de Morgana de Palacios - Videomontaje de Isabel Reyes

Historia viva - ¿Tanto van a chillar por un spot publicitario?

Las Malvinas fueron, son y serán argentinas mientras haya un argentino para nombrarlas.
El hundimiento del buque escuela Crucero Ara General Belgrano, fue un crimen de guerra que aún continúa sin condena.

Porque la buena amistad también es amor.

Asombro de lo sombrío

Memoria AMIA

Sólo el amor - Silvio Rodríguez

Aves migrantes

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Feria del Libro de Jerusalem - 2013

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Café literario - Centro de convenciones de Jerusalem

Acto de fe

Necesito perdonar a los que te odiaron y ofendieron a vos. Ya cargo demasiado odio contra los que dijeron que me amaban a mí.

Irse muriendo (lástima que el reportaje sea de Víctor Hugo Morales)

Hubo algo de eso de quedarse petrificado, cuando vi este video. Así, petrificado como en las películas en las que el protagonista se mira al espejo y aparece otro, que también es él o un calco de él o él es ese otro al que mira y lo mira, en un espejo que no tiene vueltas. Y realmente me agarré tal trauma de verme ahí a los dieciseis años, con la cara de otro que repetía lo que yo dije tal y como yo lo dije cuarenta años antes, que me superó el ataque de sollozos de esos que uno no mide. Cómo habrá sido, que mi asistente entró corriendo asustado, preguntándome si estaba teniendo un infarto. A mi edad, haber sido ese pendejo y ser este hombre, es un descubrimiento pavoroso, porque sé, fehacientemente, que morí en alguna parte del trayecto.

Poema 2



"Empapado de abejas
en el viento asediado de vacío
vivo como una rama,
y en medio de enemigos sonrientes
mis manos tejen la leyenda,
crean el mundo espléndido,
esa vela tendida."

Julio Cortázar

Mis viejos libros, cuando usaba otro seudónimo y ganaba concursos.

Mis viejos libros, cuando usaba otro seudónimo y ganaba concursos.
1a. edición - bilingüe