Apendicitis crónicas (las páginas colgantes)

TEORÍA DE LA PROSA - IRRESPONSABILIDAD DEL VERSO - IMAGINACIÓN DEL ENSAYO - INCERTIDUMBRE DE LA REFLEXIÓN

De las cartas cerradas y otras incoherencias

Contador
A veces, me pregunto qué luna había el día que llegué hasta tus barcos. Yo, tan de barcos yo, aquí y allá de barcos y de mar consecuente.

¿Qué luna temeraria te raspaba los labios con su filo salino mientras la noche te techaba despacio con las viejas ausencias que todos poseemos en el mudo morral de la nostalgia?

¿Había luna en el mundo de tus lunas o ese día, una penumbra calma te mojaba con nieblas las mejillas porque ¿quién no ha tenido, alguna vez al menos, niebla en las mejillas y una noche de agua en ambos ojos?

Supongo que estoy viejo para aquellos retozos de los años del hambre, que, sí, ya sé, me duraron mucho más que a muchos por esta impredecible vocación de brote que siempre encuentra en la piedra la fisura por la que emerger.


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La isla de mis pájaros



Canyon by Jhon Ioannidis
Tu boca, rosa explícita
que canta en el rincón silente de mi espacio,
me llama a la esperanza
cuando la soledad se me encadena
a los pies sin vestigios de algo mejor que hoy.

Estás ahí, como en un mapa de tesoros múltiples,
de cofres en que nacen alhucemas,
de dulces animales fabulosos con corazones suaves.

Estás ahí con mi misma memoria avariciosa
de tiempos con campanas,
de lunas diluviales sobre vidrios con polvo,
de sombras plegadizas que susurran palabras que hacen bien.

No sé si soy poético
o me saldrán historias que te colmen la risa
con abejas de hechizos migratorios
que no conozcan al horror de pie

pero he remado mucho hasta la playa
y diente a las estrellas me cobijo debajo de tu mundo
y recorro tus caminos con este bamboleo de oso panda bebido
entre caracoles y lagartos azules
que se ríen de mi regreso al niño sin presagios.

Escribo muchas cosas y trazo singladuras
que lleven a la isla de tus pájaros héroes
porque de vez en vez, el norte se evapora de mis ojos.



El poemario completo, aquí 

El ángel migratorio




Durante la noche el viento atropelló las edificaciones como si de una tropa de asalto se tratara. Golpeó voces de polvo sobre las paredes y remeció los vidrios con una asfixiante nublazón fantástica que consiguió colarse por huecos y rendijas para acampar en la respiración.

 El viento raptó cosas que había a la intemperie, que la gente olvidó o no le pareció importante resguardar a cubierto y acabaron mezcladas y superpuestas en los patios de otros. Ahora, las personas se reparten enseres que están rotos y telas desgarradas como retazos de pájaros coloridos y frágiles que murieron en las manos del aire, tratando de volar.

(De: Quemaduras y otros algoritmos - prosas atrapadas - Otros diarios de Aivan Jaid)

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Pan de calma



 La noche tiene un letargo de animal aturdido que intenta amoldarse a la espesura. Agobiado y tenaz, se arrastra apenas como si, agazapado, cazara su propia sombra sobre un largo camino que no ve.

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Viento quieto



Desde el polvo, la vida levantó rápidamente sus harapos, se vistió como pudo y siguió viaje.


Siempre es así. Todo es un continuo que no se paraliza aunque parezca quieto, aunque el tiempo mimetice el estatismo a la repitencia de sucesos símiles. Pero en realidad, son nuevos sucesos que solo repiten un guion parecido, nunca igual.


Después de las catástrofes, aparece sobre las cosas una tranquilidad diáfana. Ocurre en el exterior de las emociones. En el exterior, yace la detención, esa quietud de fotografía de almanaque, la captura extática de un momento en la vida. 


En las emociones, sin embargo, el remolino lentamente se apega a esa tierra impropiamente inmóvil y comienza a participar de la inamovilidad con timidez mecánica. Es cuando, al fin, admitimos que no hay nada qué hacer frente a lo sucedido y que lo sucedido, sucedió.


Nos enjaulamos con desazón en las rutinas, casi sin evocar, sin repensar ese otro momento inquebrantable en que llegó el desastre con sus garras y se llevó de nosotros tres afectos, tres mañanas, tres risas, tres vidas que luchaban por coser los harapos de esa otra vida que nos rodea aún; tres compañeras.


Nuestro presente, ahora, tiene tres magias menos. 


Creo que se está acabando en mí esa capacidad para inventar futuro y proponer quimeras.

Moby, el australiano, me consuela con su duelo parco, también insuperable. 


—El que viene hasta acá, sabe a lo que se expone —dice, reflexionando—. No te culpes más. Todos sabemos lo que puede pasar cuando aceptamos misiones como esta.


El y yo estamos de pie, al borde de las edificaciones, mirando el horizonte de las guerras y sabiendo que la lluvia que esperan las huertas, no llegará tampoco hoy.

(De: Gordiano - Diario del Sahel) 



Relojes detenidos



Tratando de apagar un despertador que nunca alcancé con mi mano, para variar me caí de la cama, porque lo que en realidad estaba sonando, era el teléfono del servicio. 

La paz me aturde, me hace perder esa condición de conejo alerta que siempre está corriendo por su vida y me sume en una estática y culposa alegría. Dentro de ella disfruto de mis hijos pequeños y me regresa el niño que nunca alcancé a ser. Por eso, pierdo o mitigo mis reflejos primarios, mis reflejos convulsos de pronta respuesta. Los apaciguo como a mi fiera que se vuelve dócil y obediente.

Del otro lado de la línea, mi hija mayor. 

He aprendido a conocer su voz, su expresividad, su respiración, su pausa, las entonaciones de sus daddy o lo que es peor, de sus aba, que no es abî (papito mío) sino aba, papá. Shlomjâ, aba… y antes de que la voz de mi hija Ionit termine con el saludo casi protocolar en este amanecer, yo ya sé que ha ocurrido una tragedia y en el hueco donde se supone que aún tengo un corazón, muere otro pájaro.

Apenas digo ken (si) y el batî (hija mía) se me muere entre los labios, porque Ionit no espera mi silencio y se precipita hacia la narración. Trata de ser formal, pero sus genes paternos de escritora la llevan hacia los pormenores con una celeridad de cataclismo.

Yo escucho, todavía en el suelo y contraído, mientras siento el repique de sangre en el cerebro, dentro de los oídos y como se me agujerea con no sé qué taladro la garganta, mientras el pecho se me queda líquido, completamente irrespirable.

Ionit termina su descripción del ataque al puesto humanitario que tenemos enclavado más al sur, con una voz suavemente craquelada, que se quiebra en miles de partecitas, aún así, inseparables. Su voz se vuelve un parabrisas sobre el que acaba de impactar el golpe de una piedra.

Yo estoy aquí, con esta enfermedad que no da tregua y que ni mato ni me mata. Estoy aquí, civilizadamente a salvo mientras dura el tratamiento que me ponga de nuevo operativo para enfrentar el drama del servicio y toda mi gente está allí, al final de esa línea de teléfono que Ionit ha usado para notificarme que se han muerto compañeras con las que hemos viajado al infierno tantas veces, y de las que tantas veces he escuchado la risa de alegría, cuando han conseguido ayudar a dar a luz un niño o salvar de la muerte a otra mujer.

Mi silencio es tan largo y tan humano, que mi hija me pregunta si sigo estando en línea.

Lo único que se me ocurre preguntar es qué estaban haciendo sin custodia. Y Ionit me responde que estaban festejando alguna cosa con un grupo de mujeres de esas que sus familias ya no miran. 

Como no tengo a quien culpar, me culpo yo, que debí estar ahí y no aquí, porque hasta cuando estoy muy enfermo preveo los desastres.

Ionit murmura: No llorés, abî.

Yo solo siento la fiera en mi interior, desplegando sus alas de ángel negro, con suave parsimonia vengadora.

(Gordiano - Diarios del Sahel)


Participan en este sitio sólo escasas mentes amplias

Uno mismo

En tu cuarto hay un pájaro (de Pájaros de Ionit)

Un video de Mirella Santoro

SER ISRAELÍ ES UN ORGULLO, JAMÁS UNA VERGÜENZA

Sencillamente saber lo que se es. Sencillamente saber lo que se hace. A pesar del mundo, saber lo que se es y saber lo que se hace, en el orgullo del silencio.

Valor de la palabra

Hombres dignos se buscan. Por favor, dar un paso adelante.

No a mi costado. En mí.

Poema de Morgana de Palacios - Videomontaje de Isabel Reyes

Historia viva - ¿Tanto van a chillar por un spot publicitario?

Las Malvinas fueron, son y serán argentinas mientras haya un argentino para nombrarlas.
El hundimiento del buque escuela Crucero Ara General Belgrano, fue un crimen de guerra que aún continúa sin condena.

Porque la buena amistad también es amor.

Asombro de lo sombrío

Memoria AMIA

Sólo el amor - Silvio Rodríguez

Aves migrantes

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Feria del Libro de Jerusalem - 2013

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Café literario - Centro de convenciones de Jerusalem

Acto de fe

Necesito perdonar a los que te odiaron y ofendieron a vos. Ya cargo demasiado odio contra los que dijeron que me amaban a mí.

Irse muriendo (lástima que el reportaje sea de Víctor Hugo Morales)

Hubo algo de eso de quedarse petrificado, cuando vi este video. Así, petrificado como en las películas en las que el protagonista se mira al espejo y aparece otro, que también es él o un calco de él o él es ese otro al que mira y lo mira, en un espejo que no tiene vueltas. Y realmente me agarré tal trauma de verme ahí a los dieciseis años, con la cara de otro que repetía lo que yo dije tal y como yo lo dije cuarenta años antes, que me superó el ataque de sollozos de esos que uno no mide. Cómo habrá sido, que mi asistente entró corriendo asustado, preguntándome si estaba teniendo un infarto. A mi edad, haber sido ese pendejo y ser este hombre, es un descubrimiento pavoroso, porque sé, fehacientemente, que morí en alguna parte del trayecto.

Poema 2



"Empapado de abejas
en el viento asediado de vacío
vivo como una rama,
y en medio de enemigos sonrientes
mis manos tejen la leyenda,
crean el mundo espléndido,
esa vela tendida."

Julio Cortázar

Mis viejos libros, cuando usaba otro seudónimo y ganaba concursos.

Mis viejos libros, cuando usaba otro seudónimo y ganaba concursos.
1a. edición - bilingüe