Apendicitis crónicas (las páginas colgantes)

TEORÍA DE LA PROSA - IRRESPONSABILIDAD DEL VERSO - IMAGINACIÓN DEL ENSAYO - INCERTIDUMBRE DE LA REFLEXIÓN

Gesto de pañuelos





Observo tu lugar con esta migratoria voluntad de molinos y esta amansada ferocidad de bestia uncida, de oso milenario al que ha capturado un circo pobre.


Siempre estás, cuando llego con la zarpa y el canto en mi deriva de hambre, en mi poca alegría que sonríe a veces con tu nombre de panal herido, de laborioso panal herido que enjambra nuevamente su defensa.


Hay días en que me pregunto por tu refugio pálido como si fuera un andén debajo de la lluvia que siempre espera un tren en el que solamente viaje gente buena.


Espero verte entre la multitud de la estación vacía y espero, en realidad, ese gesto constante que de un andén a otro hacen tus ojos de porcelana cálida, cotidiano, sensible, palatable.


Tu gesto.


Una bandera, una señal de humo atada con pañuelos, algo en la lejanía, siempre allí, es eso que me ayuda a descubrir esta ausencia de soledad total aunque haya despedidas en mis puertos y silencio de radio en mis congojas.

De andén a andén, un gesto. Alguien me ve.


(De quemaduras y otros algoritmos -prosas atrapadas-) 


Derivas




Esta tierra es amarga y dividida. Los hombres la han transformado en una tierra ruin y sin embargo, cae ese sol profuso sobre los vidrios, como si la ventana me separara de un animal de polvo que araña mi reflejo con el suyo.

Dos suaves animales que se arañan mirándose de un lado y del otro de la igual realidad. Él en la calle áspera que ni siquiera llega a ser una calle y parece más bien una larga plaza pública a cuyos costados se acomodan tenderetes de barro. Y yo aquí, en esta soledad que yace en mi alrededor inhabitable.

El animal exterior detrás del paño, me amenaza con gestos terrestres, lo mismo que la vida.

Ambos nos preguntamos casi las mismas cosas sobre el otro. Cuál es, frente a la adversidad que nos envuelve, nuestro último nivel de resistencia. Qué influye en ese nosotros metafísico que nos mantiene en pugna con lo irreconciliable que jamás conseguimos liberar.

Cierro los ojos y pienso cuán lejos está el mar y sus romances de un azul hecho para los dioses y los barcos. Allende el mar ¿cuáles son las cosas que me quedan y no traigo conmigo? A veces, no lo sé. Nada me pertenece en realidad porque solamente soy un animal de colmillo que dirige su propia manada migratoria a pastizales cada vez más necios, más desangelados y más ácidos.

Me dan un mapa y voy. La manada me sigue mansamente porque el tiempo para los dientes llega luego, cuando de frente al movimiento comienzan las batallas.

Le pregunto al animal de polvo si no conoce el mar. Él, no sabe siquiera qué es el agua y yo tengo miedo de olvidarlo. Tengo miedo de olvidar el agua y ser definitivamente como él, un remolino anclado en el fondo del viento. 

(De: Quemaduras y otros algoritmos -prosas atrapadas-)


De las cartas cerradas y otras incoherencias (Tomo II)



Segundos afuera

Trato de repensar el profundo momento de tus ojos. Todo un mar angustioso y agitado de tormentas remotas en las que se ahogó mi flujo piroclástico, asesinando peces y medusas.

Trato de repensarlo mientras estoy tendido boca arriba mirando un cielo azul donde se multiplican las bandadas con su ritmo espacioso. Cuando te conocí, había también en tus ojos ese ritmo espacioso, calmo, de multiplicación del aire entre las alas y me gustaba navegar en él con mis volcanes y con mis relámpagos, porque yo soy eso y no otra cosa, todo volcanes y relámpagos y flujos piroclásticos que tus ojos de agua cerval aprendieron a ahogar despacio.

No creas que no sé de tu paciencia de tsunami y de mi vocación de huracán muerto que se encuentran en una playa ignota donde imaginan reproducir apenas una brisa para hinchar las velas de botes pescadores, sin hundir a las tripulaciones una vez que han confiado en nuestra manos.

Sabías que era así. Que yo era así.

Siempre supiste, porque no te engañé jamás ni fingí que era un animal gordito y hogareño que pudieras acariciar y alimentar para verlo contento y entregado. Siempre supiste que eso es imposible porque es imposible domesticar un licaón. Y sin embargo, tus manos y tu fe consiguieron reposo para mis interminables caminatas y sosiego también para mis furias.

Pero yo soy de furia como vos sos de agua. Y tu agua sabe ahogar mi fuego pero mi fuego es un rescoldo interminable que tarde o temprano vuelve a arder y emerge como un nuevo volcán desde lo más profundo de tu lecho marino.

Ya pasó tantas, tantas veces, que tu resignación resulta en una herida que no se cura en mí.
Ahora tenemos hijos, me dijiste, no dejes que te maten tus quimeras. Vuelve a mí. Regresa con nosotros.

Dijiste eso cuando cedió tu rebelión de oleaje que reclamaba: es hora que te quedes, por una vez es hora que te quedes, que reconozcas tu hogar como tu hogar, porque nosotros estamos aquí. Siempre estamos aquí.

La palabra nosotros me hizo daño. Pero no supe o quizás no pude, frenar la llamarada que me impulsa; ese profundo grito piroclástico que lanzan mis volcanes aburridos.

Nunca supe qué hacer con la quietud, aunque te quiera, Ruth. Aunque te quiera.


Participan en este sitio sólo escasas mentes amplias

Uno mismo

En tu cuarto hay un pájaro (de Pájaros de Ionit)

Un video de Mirella Santoro

SER ISRAELÍ ES UN ORGULLO, JAMÁS UNA VERGÜENZA

Sencillamente saber lo que se es. Sencillamente saber lo que se hace. A pesar del mundo, saber lo que se es y saber lo que se hace, en el orgullo del silencio.

Valor de la palabra

Hombres dignos se buscan. Por favor, dar un paso adelante.

No a mi costado. En mí.

Poema de Morgana de Palacios - Videomontaje de Isabel Reyes

Historia viva - ¿Tanto van a chillar por un spot publicitario?

Las Malvinas fueron, son y serán argentinas mientras haya un argentino para nombrarlas.
El hundimiento del buque escuela Crucero Ara General Belgrano, fue un crimen de guerra que aún continúa sin condena.

Porque la buena amistad también es amor.

Asombro de lo sombrío

Memoria AMIA

Sólo el amor - Silvio Rodríguez

Aves migrantes

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Feria del Libro de Jerusalem - 2013

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Café literario - Centro de convenciones de Jerusalem

Acto de fe

Necesito perdonar a los que te odiaron y ofendieron a vos. Ya cargo demasiado odio contra los que dijeron que me amaban a mí.

Irse muriendo (lástima que el reportaje sea de Víctor Hugo Morales)

Hubo algo de eso de quedarse petrificado, cuando vi este video. Así, petrificado como en las películas en las que el protagonista se mira al espejo y aparece otro, que también es él o un calco de él o él es ese otro al que mira y lo mira, en un espejo que no tiene vueltas. Y realmente me agarré tal trauma de verme ahí a los dieciseis años, con la cara de otro que repetía lo que yo dije tal y como yo lo dije cuarenta años antes, que me superó el ataque de sollozos de esos que uno no mide. Cómo habrá sido, que mi asistente entró corriendo asustado, preguntándome si estaba teniendo un infarto. A mi edad, haber sido ese pendejo y ser este hombre, es un descubrimiento pavoroso, porque sé, fehacientemente, que morí en alguna parte del trayecto.

Poema 2



"Empapado de abejas
en el viento asediado de vacío
vivo como una rama,
y en medio de enemigos sonrientes
mis manos tejen la leyenda,
crean el mundo espléndido,
esa vela tendida."

Julio Cortázar

Mis viejos libros, cuando usaba otro seudónimo y ganaba concursos.

Mis viejos libros, cuando usaba otro seudónimo y ganaba concursos.
1a. edición - bilingüe