LOS DIARIOS DEL ASCO - NO POEMAS






Turbulencia

Habito en un renglón usurpado
en una provincia al margen de los reyes
y fabricada
con harina y arena
desgranable
condición del edificio efímero
y volátil del labio.
Cuelgan ensalivados piercing de palabras
del ácido ombligo de mi lengua
y sé del huracán del mal aliento
cuando soy panfletario
y elijo para mí la falta de humildad
sine qua non
como la fortaleza o la lepra.

El amor pertenece a los vecinos.

Desde aquí
donde enjuago la piel de mis dragones
soy el indeseable
ese que tuvo andanzas de estiércol
e hizo trizas diez ángeles macilentos y bobos
y que resulta voluptuoso como un cisne modernista
a la avidez uterina de las Parcas.

Sobre mis ojos
se ha cansado de hacer noche el mundo.










Los incomodables

Llegan con sus gestos conciliatorios
igual que veraneantes
y se establecen en el centro
con sus vasitos plásticos, sus Cocacolas vacías
y esas sombrillas parabólicas todo servicio
que igual los cubren de escupitajos
del sol
o de pedradas
y que al ser tan amplias les impiden – prácticamente -
observar el saludo.

Porque
en el fondo
ellos no desean ser recibidos por los aborígenes.

Pero vienen con gestos conciliatorios y pulcras manos diplomadas.
Practican hipotéticas historias de conquista.
Una cohorte detrás los defiende con la lengua y el puño.
Habla de manera importante
sobre trofeos comprados en Venecia a todo por dos pesos
y
de ese hoy por ti mañana por mí con que engañan los recién llegados
esa necesidad de no estar
-solamente – en un papel

secundario




Figuras chinas.

El hartazgo – este hartazgo –
es un potro que vomita la extenuante longitud de sus patas
y padece de cólicos.
Me revuelco en él y como él
sobre la tierra de los yermos grandes
donde muy apretado cabe el mío.
No estoy si no soy el movimiento
del animal histérico que me habita enclaustrado
entre la parrilla costal
y la úlcera que nunca se declara.
Es la ausencia un tenor que entona el réquiem
a un teatro vacío.

Un murciélago escucha.








Longevidad de los gusanos.

En el fondo no es otra cosa que el fracaso
que viene uncido al éxito
de este exitoso animal de la pirueta.
Soy
un
resto
pero nadie lo advierte
y aparece mi estructura como una especie de Circo Romano
donde todos se allegan
a ver como me mato en mis leones.

Una pobre fiera

con esa libertad carnívora de fiera
que destripa
y devora
y luego se echa en una sombra de las de tipo clásico
con su pose de fiera
a digerir los vómitos del alma.
Me urgen de onomatopeyas los eructos
en esos días malos de las víctimas
que usan mi nombre de fiera especialmente hermosa

como el de un buitre amable.




Baño público.

Me emprendo con la boca vacía
de lo que dije durante nunca
y lavo las palabras con Colgate whitening
para ver esta hidrofobia ficticia una vez más.

La padezco con gallardía de héroe.

Salgo
devorador de espumarajos Palmolive
con los dientes a punto para cortar cadáveres.
Que nadie coopere conmigo
ni me busque en la pasta de su soledad de hamaca y parque.

No hay niños en mis ojos.








Los mezcladores

Ellos viajan con un cincel.
Van por ahí como recortadores de piedra
luciendo la memoria en que los días no se habían escrito.
Van y vuelven.
Miran alrededor la paciente lechigada de chacales de lujo
como dulces Mengeles putativos.
Mezclan fieras con vírgenes y salen cosas torpes
sin lengua
con la boca en el medio de la panza
y muchos ojos de mosca en el clítoris.
Roban el cuerpo de la palabra que se quiere más
y lo mezclan con lámparas y corazas
que guardan por todos los rincones
como
trapos viejos
y panes levados.

Todo está roto en esta decisión de engrudo y figuritas.





Galería de arte

Paso de la eternidad.

No soy un inventor de lámparas y bueyes
que precisan esa parte del sol que rompo por costumbre en las fotos.
Me gusta romper fotos
y suprimir una que otra secuencia de películas "en vivo".
Siempre me voy a pie de los teatros
y llevo los restos hasta los museos donde se acercan los coleccionistas
- de holocaustos y esquirlas -
a comer papas chips
y malversar el arte con intelectualidad de pusilánimes.

Yo no lo sé todo. Ellos siempre lo saben todo
porque son intelectuales
como pequeñas joyas de un estilista obsesivo
que talla partituras en las heces.

Yo en cambio soy una mierda feliz.
No tengo nada que ver con la orfebrería.






Recursiva de lo estrecho

Su nombre me resulta en un olvido.
A veces tengo que pensar como se llama
mientras deduzco de qué forma
se las ingenia para acariciar
tanto escroto péndulo
con sus dedos sin uñas y trasegados de cristalitos egoístas.
Hay mucha gente ávida de tacto
perdida en los pasillos como arañas y cuadros de próceres
que quiere ser tocada distinto
porque se parece a demasiada.

Es parte de la infelicidad pararse de perfil a los espejos.





Artes gráficas.

En el fondo tengo alma de violador.
Me llevo mal con cualquier cerrojo
y me malhumoran las mordazas hasta el punto de romperlas a gritos.
Solamente en funciones uso las manos en un rostro de mujer.
Son tan lindos cuando se deforman.
Se vuelven
un cuadro impresionista que no deja de ser un retrato de mujer
ahora golpeada y con mirada de odio húmedo
salinamente rojizo.
Las negociaciones son así.
La guerras también.
Yo también soy así.
La belleza de lo salvaje adopta toda clase de formas

artísticas.







Fases de la tzoológuia

Mis partes grotescas son como los hipopótamos.

Me hacen bostezar las cosas de todos los días
que se repiten todos los días como si no hubiera otras cosas.
Me aburro con facilidad del mismo idioma
con un decrecimiento sombrío
y pedante.
Es parte de esta fecunda lengua
metamórfica
víbora con la cara de Alien
pariéndose por la boca cerrada
a fuerza de muchos dientes rotos
- a fórceps -.
Huelo como gordo animal podrido
pero no huelo a cerdo

creo yo

todavía.




Edipo sin resolución aparente.

Era linda mi madre.

Tenía la cadera de Sofía Loren
y unas tetas para saciar el hambre en que yo
pelotudo de mí
perduraba igual que los terneros sin vaca ama.

Era linda mi madre.

Tenía mi mismo pelo undoso
y unos ojos apocalípticos como las blasfemias
y  los patrísticos.

La debí haber violado cuando estuve con ella.
Lástima que era chico.

Eso
me cagó la vida para siempre.

*









Musichisti

Retroceden como los clavicordios
a un tiempo ajeno a las catedrales encaladas
y suenan a martillo
intentando hacer música en un templo
repleto de turistas medievales.

Son los dueños del mundo de las almas sin mundo.
O del mundo sin alma.

Hay pájaros
pegados sobre sus mejillas de bula apócrifa
que aletean mientras se desgarran berreando en otros pájaros
de papel de calcar.

Los levanto del suelo donde los pisotean
y hago avioncitos
o
bombarderos

sucios.




Empresa gastronómica.


Los hijos de puta somos especialmente adi©tivos.

Tenemos ese perfil de condimento fuerte
que no sabés si te comiste o te come a vos después de ingerido.

Si se te queda debajo de las uñas
el ardor no te deja cocinar

el plato de tus sueños.







Rincones inevitables.

Lo más asqueroso de esta piel
es que es la mía.
Tóxica como un sapo
escurridiza
ágil y correosa en una misma hipótesis
de genética nazi.

El tiempo no perdona esta acidez de vino.

Camaleón de la sangre y lo supuesto
me escurro
lánguidamente ímplícito en la muerte de algunos
y en la ausencia
de aquellos que han cedido a otros infames.

Trayectoria de rata
desaguo mingitorios cohibidos con un trapo rejilla
multiuso
y se quiebran las luces

suavemente

como se quiebra un hueso
una madera
un hombre.

Mi gato
duerme en un montículo
de ropa oliendo a sol recién planchada.

Nadie puede decir de mí
que no soy un ejemplar

muy
limpio. 



Right


Yo escribo porque escribo.

Esa es una premisa de libertad conceptual
y a quién o a qué le escribo
me pertenece entre las pocas cosas que no le pertenecen a otros.
Escribo porque se me cagan las pelotas a desmotivaciones
y eso me motiva.
Hace toda una vida que dejó de arrastrarme un pelo de concha
pero lo disimulo
escribiendo
con la misma mano de estrangular.

Es el problema fundamental de ser

diestro.






Hello Dolly.

- La momia está podrida.
- En vez de seca, que es como debería estar.
- Pero se pudrió.
Voz en off: No era un adivino. Era un exorcista.
- ¿No llegó a largar el demonio?
- Si. Pero estaba podrido.
- ¿Hace mucho olor?
- Un poco. Más que nada el vómito.
- Limpialo.
- Si, lo quemo y listo.

Voz en on: Además de exorcista, inquisidor.
No me digas que eso no es ser un santo.



Compañerismo.

Empieza el día de las perforaciones
y tengo que buscar los ojos que escondí.
Los tiré de repente porque me pesaban.
Me escarbé las cuencas
los arranqué
los arrojé muy lejos como este brazo entrenado a granadas

no sé en dónde cayeron porque no pude ver nada más después de tirarlos

Ahora, ellos y yo no nos relacionamos con la realidad
pero hoy los necesito.
Necesito que regresen los monstruos a mi vida

y me arrastro como un reptil
tanteando el suelo
de una casa

vacía.







Vestuarista

Este es el último talle de mi sombra.
He despreciado a muchos con su mismo desprecio
fingiéndoles
la amorosa mirada que los felinos grandes apoyan en sus presas
como un doble poder en el que regodearme.
Me aburren los conejos
me ponen iracundo las libélulas y su rondar rasposo
alrededor de una bombita incandescente.
Son estúpidas como los bichos de la luz, pero más lindas.
Lindas y estúpidas, igual que los sinónimos y las modelos histéricas
los que hablan de cisnes
los que se repiten en versos llenos de loros
los que no llegan a su propio diagnóstico de impotencia y siguen seduciendo pajaritos
los que son inodoros cuando cagan
insípidos cuando besan
y transparentes a la hora de que sus vísceras ocupen lugar en el espacio

(no digo puros)

Un tipo como yo ya no tiene rencores

porque el bien y el mal nunca se odian 



Arte de seducir.

La explicación es que tengo el "te quiero" paralítico
y no puede subir desde mi corazón hasta mi boca.
Se queda ahí
como un viejo perdido y melancólico
fingiendo también una declaración de Alzheimer en la lengua.
Y se deja morir sin hacer ruido.

Así es como yo (que no soy él) ocupo todos los espacios

y consigo la felicidad. 










Visualizaciones

uno está en su vida

se para - de repente -
y
mira la vidriera en la que se refleja

entonces dice
uh, mirá, me manché con sangre

y sigue caminando

*

Trekking

No debí ponerme botas en esta ciudad
infernal y anárquica
con la indolencia del fuego
en el asfalto devorador e incólume.

Me arden todas las carnes desde dentro hacia fuera
como una gran angina que me atacara el alma
y la volviera asonora
afásica
acéfala (de mí)
y acantonada en un extraño resplandor de circo.

No soy ese con botas y sin alma
que devora los jugos de la mierda
como un perro con pica.

Estoy suplementado a sufrimiento
(un novillo en engorde de matanza)
así que al arcoíris no lo nombro
ni nombro frustración o novia
o digo ay.

Soy un deber que habita
en algún lado que está lejos de mí

y no me doy cuenta.



NO POETA - NO POEMAS
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Chocolate bombón